Cuatro historias de paternidades activas en un país de ausencias

Vilma Laínez | 14/06/2024

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Abuelos, hermanos mayores, tíos y mujeres ejercen como figuras paternas en El Salvador, donde el rol de los padres es cuestionado por sus ausencias. En 2022, la Encuesta de Hogares y Propósitos Múltiples reveló que 8 de cada 10 niñes fueron abandonades por su progenitor y que las mujeres dedican 20 horas o más cada semana al cuidado del hogar que sus pares hombres. En el día del padre, destacamos las historias de cuatro hombres que, a diferencia de lo que ilustra la data, asumen una paternidad activa y comprometida. Como feministas, tenemos claridad que esta figura debe entenderse más allá de la heteronorma binaria.

Ilustración por Alejandro Sol

Adelio García tenía seis años cuando su padre murió a causa de un accidente. Fue Josefa, su mamá, quien lo cuido y le garantizó alimentación, educación, salud y vivienda. Le enseñó a ser disciplinado, responsable y lo educó.

Adelio es el tercero de siete hijos e hijas. Recuerda que al llegar a la adolescencia decidió trabajar junto a su madre en labores agrícolas para colaborar en proveer y garantizar la alimentación de sus cinco hermanas y su hermano menor.  «Ellos fueron como mis hijos, los hermanos más pequeños. A mí me gustaba que respetaran a mi mami. Yo la respetaba y quería que ellos también la respetaran. Yo lo hacía por apoyo a ella». 


Foto cortesía de la familia García

Para su hermana Lucía, Adelio fue una figura paternal durante su niñez ya que, al igual que él, ella tampoco creció con su papá como el resto de sus hermanos. «Él asumió la responsabilidad de un padre. Quedó un niño cuando su padre murió: ¡Imagínese, mi madre viuda con cuatro niños y luego nacimos nosotros, los tres menores!», cuenta Lucía. «Desde que tengo recuerdos, él siempre fue el apoyo de mi madre, su mano derecha, quien la ayudaba a tomar decisiones». Esta experiencia marcaría su forma de ejercer su parternidad más adelante. 

En un estudio sobre paternidades activas, realizado por la Iniciativa Spotlight y el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) y publicado en 2021, se explica que en las últimas décadas ha habido un aumento en las familias homoparentales, en el ejercicio de paternidades desde la diversidad sexual (padres homosexuales, bisexuales o trans), y en las paternidades adoptivas. 

Para Larry Madrigal, coordinador adjunto regional del Centro Bartolomé de las Casas, los hermanos mayores son una figura parental para sus hermanos menores en la ausencia de los padres. Lo mismo ocurre con los abuelos, tíos e incluso vecinos, quienes, debido a diversas circunstancias, asumen la responsabilidad de cuidar, educar y proteger a niñas y niños abandonados. Esto lo han observado en los diferentes talleres sobre paternidades responsables y masculinidades que brindan como centro. 

«Muchos [participantes] dicen: ‘Ahora que entiendo qué es paternidad responsable en términos de cuidados, me doy cuenta, de que mi hermano mayor fue mi papa’. Algunos también dicen: ‘Reconozco que mi papá fue mi mamá’, y lo reivindican».

Dicen que su mamá asumió el papel de proveedor y disciplinador, enfrentando el mundo para asegurar el bienestar del hogar. «El denominador común en estos reconocimientos es la persona que estuvo presente y se hizo cargo». 

Larry considera que es necesario comenzar a hablar en este país sobre las paternidades responsables en plural, ya que este rol lo asumen personas no reconocidas socialmente, como abuelos, padres trans, entre otros referentes. «Plantear las paternidades en plural, ya es un avance, porque permite romper con la idea de que existe una única manera de ser padre».  

Lucy dice que su hermano Adelio siempre estuvo presente en su vida y en la vida de sus hermanas y hermano. «De alguna forma, le tocó asumir una responsabilidad, que no era suya. Él era el encargado de proveer, de cuidarnos, de asegurarse de que estuviéramos bien y de que no nos faltara lo más básico, lo que se supone que un padre debe hacer». 

Adelio tiene 53 años y es padre de tres hijos: el mayor suma 32 años, el segundo 30 y el menor 10. A este último lo cuida en casa por las mañanas, mientras su compañera de vida trabaja como profesora en el Complejo Educativo 10 octubre del Cantón Santa Marta, en Cabañas. En casa, pausa las tareas agrícolas para cocinarle a su hijo Erick y ayudarlo con sus tareas escolares. En su tiempo libre, ayuda a sus hermanas a reparar los techos de sus casas, los baños, cortar el jardín, pintar y hacer mejoras en sus hogares. Adelio cree que estar presente en la vida de quienes lo necesiten, apoyar y educar sin violencia, es esencial en la vida de una persona. «De esa forma se puede ir cambiando algo de la sociedad», dice.

De acuerdo con el documento Paternidad activa: la participación de los hombres en la crianza y los cuidados, de la Iniciativa Spotlight y el UNFPA, 2021, existen cuatro tipos de paternidades las cuales dependen de factores como la configuración familiar, el tipo de trabajo, la edad y la voluntad de estar presente. 

Los cuatro tipos de paternidades a los que se refieren Spotlight y el UNFPA son: 

  • Corresponsables: los padres involucrados plenamente en la crianza y el hogar. 
  • Participativas: su participación en el hogar es esporádica. 
  • Tradicionales: proveedores económicos, involucrados fuera del horario laboral. 
  • Hegemónicas: solo proveen, dedican poco tiempo al cuidado. 

Partiendo de estas definiciones, Adelio ejerce una paternidad corresponsable. Su compañera de vida, Isabel Alvarenga, y sus hijos Nelson, de 30 años, y Erick, de 10, lo reconocen así. Nelson, por ejemplo, asegura que su papá siempre ha estado presente en las decisiones fundamentales de su vida, como acompañarlo a la universidad, cocinarle y enseñarle los valores del respeto. «Siempre que he necesitado, ha estado presente», afirma. «Cuando era adolescente, veía su autoridad y me negaba todo, pero al madurar, me di cuenta de que realmente me estaba protegiendo de cosas negativas». 

Patricia Iraheta, feminista y educadora de Equipo Maíz, considera que un padre corresponsable no es solo aquel que provee y garantiza la manutención de sus hijas e hijos, sino también aquel que asume prácticas de cuidados. En su opinión, esta actitud es más bien la excepción que la regla: «Culturalmente, la paternidad irresponsable está legitimada y naturalizada aquí. Un hombre puede no estar presente en el hogar, ni proveer para sus hijos, para su familia, e incluso así ser reconocido y respetado como padre». 

Según Patricia, el tema de las paternidades responsables ha sido una demanda histórica de las mujeres organizadas desde el feminismo, dado que la irresponsabilidad paterna constituye uno de los problemas que las mujeres deben enfrentar. 

En El Salvador, según la Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples (EHPM) de 2022, la proporción de niñes abandonades por sus progenitores ha aumentado de 7 a 8 de cada 10. En 2020, la misma encuesta reportaba que 7 de cada 10 niñes fueron abandonades por sus progenitores. Este incremento de un punto porcentual en tan solo dos años refleja una preocupante tendencia hacia un mayor abandono parental en el país. 

La misma encuesta de 2022 revela que las mujeres dedican 20 horas o más cada semana al cuidado del hogar no remunerado que sus pares hombres. 


Chilano, el padre que rompió el molde 


Maximiliano Antonio Pérez, conocido como Chilano en su comunidad del cantón Cuevitas en Santa Ana, tiene 57 años y es padre de ocho hijos e hijas. Él reconoce al esposo de su abuela como la figura paterna que moldeó su identidad y le enseñó a trabajar la tierra. Nunca conoció a su propio padre, ya que su madre se separó de él debido a los maltratos físicos y emocionales. Ella huyó mientras estaba embarazada de Maximiliano. «Él no era nada mío, pero me enseñó a trabajar. Cuando murió, yo tenía 16 años. Él me decía: «La herencia que te voy a dejar es que aprendas a trabajar». Él fue un padre para mí y así lo reconozco. Me enseñó a trabajar en la tierra y cuando voy a su tumba digo: voy a visitar la tumba de mi papá”. 



Chilano atribuye su decisión de ser un padre diferente a la ausencia de su propio padre y a los abusos que recibió de su madre. Para él, ser un padre responsable y amoroso significa sacrificarse por sus hijos. «Con mi esposa, nos desvelábamos cuidando a los hijos», cuenta. «Cuando ella (Mirna) me dice que tiene una salida, le respondo: ‘Andate,  aquí cuido la casa, muelo [maíz] para mis hijos’. Ya estoy viejo, pero al haber una oportunidad, todavía echo tortillas para comer». En su cantón, Maximiliano se dedica a la agricultura y la pesca, participa en espacios de prevención de la violencia y apoya a su esposa en las actividades de protección del lago de Güija. Nely Rivera, presidenta de la Junta Directiva de la Asociación de Mujeres Ambientalistas de El Salvador (AMAES), destaca que Chilano es uno de los pocos hombres del campo que respeta el espacio y trabajo de su esposa y de sus hijos. «Es un padre muy responsable, a nivel de pareja lo es con Mirna, él asume tareas del cuidado también».

El UNFPA señala en el Cuaderno sobre Población 5, Dime quién eres y te diré cuánto de toca cuidar, El Salvador, 2024 que en el área urbana las mujeres dedican 247.03 horas por cada 100 horas que los hombres invierten en cuidados y tareas del hogar. En la zona rural, esta cifra aumenta significativamente a 308.84 horas por cada 100 horas de los hombres, es decir, tres veces más de su tiempo. 

De ahí que hablar de la corresponsabilidad masculina en los hogares no sea común, dado que las mujeres asumen la mayoría. Larry Madrigal del Centro Bartolomé de las Casas, sostiene que incluso las acciones pequeñas de los padres deben trascender del ámbito privado al público y político, especialmente, en sociedades como la salvadoreña, donde los roles asignados a las mujeres difieren de los de los hombres, quienes han sido principalmente educados para proveer económicamente en el hogar.     

De acuerdo con Barker, 2003; Allen y Daly, 2007, citados en el informe de Paternidad activa del UNFPA, la participación corresponsable y dedicada del padre en las tareas de cuidado y crianza no solo alivia la carga de las mujeres, sino que también reduce el estrés materno, mejora su bienestar y la calidad de sus interacciones. Además, aumenta las posibilidades de empoderamiento femenino y de participación en el trabajo remunerado.

«Es importante recordar que por más chiquita que sea una acción de cambio, hay que politizarla en el mejor sentido, es decir, no hacerla a escondidas. En esta sociedad, lo que es normal para una mujer puede representar un gran desafío para un hombre. Por ejemplo, echar tortillas es una tarea cotidiana para muchas mujeres, pero para un hombre que ha sido educado para pensar que esa labor es vergonzosa o «no es de hombres», asumir ese pequeño gesto puede ser tremendamente fuerte», destaca Madrigal.


Jorge, el padre buscador 


Foto tomada por Vilma Laínez

Jorge García, de 67 años, no tiene problema en admitir que cuando sus hijas e hijos eran unos bebés, él se encargaba de echar tortillas, lavar la ropa de toda la familia, es decir también la de su esposa y trabajaba en la milpa para cosechar maíz y frijoles, garantizando así la alimentación en su hogar. Vive en Cojutepeque, en el departamento de Cuscatlán. “Cuando uno se mete a ser padre hay que cumplir con lo que los hijos necesitan, como la alimentación, cuidar de ellos en las enfermedades, en el vestuario, en el estudio. Es un compromiso ser padre”.   

Asumir ese compromiso no ha sido tarea fácil, dice Jorge, especialmente cuando se crece solo, sin ningún referente familiar que lo guíe. Cuenta que de bebé fue abandonado por su padre y su madre. De hecho, nunca conoció a su padre, solo supo que era dueño de una finca de café en el volcán de San Salvador y que nunca quiso reconocerlo como hijo. Creció en condición de pobreza con sus abuelos maternos hasta los nueve años, cuando ambos murieron. Luego se fue a vivir con el dueño de una empresa de juegos mecánicos  hasta que cumplió los 15 años. “Cuando me fui de mi casa, me fui sin ropa. Él me compró ropa, zapatos, me cuidó, me dio trabajo, me dio para los tres tiempos de comida”. Para Jorge, de alguna manera, su jefe, como él le llama, se convirtió en lo más cercano que se le puede llamar papá a un hombre. 

Su hijo mayor, Nelson, lo considera un buen padre y admira su resiliencia para encarar la vida, aunque no haya contado con redes en la propia familia. “Ante cualquier dificultad, siempre sabe salir adelante”.  

Junto a su esposa Antonia, Jorge busca a su hijo William, desaparecido desde septiembre de 2018. En junio de 2021, Jorge se volvió viral en redes sociales y medios de comunicación al plantarse frente al fiscal General de la República, Rodolfo Delgado, para exigirle que se investigue el caso de William. 

Aunque las autoridades no le han dado respuesta, su búsqueda no se detiene. Jorge, al igual que otros padres y madres, forma parte del Bloque de Búsqueda de Familiares de Personas Desaparecidas. «Voy a seguir buscando a mi hijo, hasta encontrarlo». 

Desde que se lanzó el Bloque de Familiares de Personas Desaparecidas en febrero de 2022, el grupo ha documentado 46 casos de personas desaparecidas al 8 de mayo de 2024. Estas familias llevan años buscando a sus seres queridos, destacándose especialmente las madres en la búsqueda de sus hijas e hijos. 


Los tipos de paternidades predominantes en El Salvador 


Roberto, nombre ficticio por razones de seguridad, trabaja como educador en una institución estatal y afirma que cada año atiende a alrededor de 500 padres demandados por violencia intrafamiliar, abandono o incumplimiento en el pago de las cuotas alimenticias. En su unidad, estos hombres reciben atención en manejo de emociones, control de agresividad, identificación de roles, paternidades responsables, derechos humanos y prevención de violencia.  

De acuerdo con su experiencia, muchos de estos hombres provienen de hogares disfuncionales donde han vivido violencia intrafamiliar, abandono, alcoholismo y otras dificultades. Observa que estos patrones de comportamiento se replican en sus relaciones con sus parejas e hijos, perpetuando así ciclos de violencia.  

«En ocasiones, dentro del contexto de violencia en la paternidad, se observa que algunos buscan replicar cómo fueron criados», explica Roberto. «Por ejemplo, si crecieron sin la presencia de una figura paterna y su madre asumió roles tradicionalmente paternos como regañarlos o ser estrictos, eso puede influir profundamente en ellos. Cuentan que los cachimbeaban, los regañaban y si lloraban era peor. Su historia de vida deja una marca significativa». 

Según Roberto, también influyen los roles de género establecidos por la sociedad, donde se espera que el hombre sea el proveedor económico principal en la familia. «Creo que esto es un reflejo de eso. Nos preparan para ser productivos, generar dinero, para considerarnos exitosos. ¿Pero qué pasa con mi vida, mi espacio, mi felicidad y mis aspiraciones?», reflexiona. 

Como educador, Roberto ha observado que muchos padres consideran que mostrar afecto hacia sus hijos e hijas es una debilidad. «A los hombres nos han robado el derecho a la ternura, a simplemente sentir cariño por mi hijo, por mi hija, por un amigo; y si lo expresamos, se nos vulnera, pero a la larga, ese es el reto». 

De acuerdo con el documento de paternidades activas, «es creciente la evidencia que muestra que la participación del padre tiene un impacto positivo en el desarrollo y bienestar de sus hijas/os, incluso si no reside en el mismo hogar». Una paternidad corresponsable es importante para avanzar en la igualdad de género y mejorar el bienestar de la madre. Además, la paternidad activa es importante porque incrementa la satisfacción de los hombres con sus vidas y los motiva a cuidar mejor su salud, resume. 

Jorge reconoce que la ausencia de su papá y su mamá impactó en su vida, ya que muchas veces se sintió solo y desprotegido. «A la edad que tengo, nunca conocí a mi papá, nunca conocí la familia de él, nada. Eso duele, porque cuando uno se cría sin padre es tremendo, porque cuando a uno le pasa algo, no tiene con quién quejarse ni desahogar sus problemas». 

A pesar de esa ausencia, ha intentado ser un padre diferente. Jorge se esfuerza por estar presente en la vida de sus hijos e hijas, compartiendo roles de cuidado y tareas del hogar con su esposa. Su hijo Nelson lo reconoce: «Él significa todo un ejemplo. Lo único es que nos daba miedo que viniera bolo. Ha sido un buen padre, rayando la excelencia, porque había veces que venía bolo y nos traía juguetes, churros. Siempre vio por nuestra salud, alimentación y vestuario».

Erich Fromm, psicoanalista, psicólogo social y filósofo humanista de origen judío alemán, destaca que la figura del padre en la vida de sus hijos sirve como modelo de comportamiento y valores. Según Fromm, su ausencia puede ocasionar problemas relacionados con la identidad y el sentido de protección. Sin embargo, en El Salvador como en todo el mundo, existen familias diversas. Por ejemplo, en familias de dos mujeres, ambas pueden ejercer ambos roles, y lo mismo ocurre en parejas de hombres o en paternidades trans. 


Cuidar en la casa, el hospital y la cárcel 


Alfredo Mejía, de 70 años, es otro ejemplo de paternidad corresponsable. Su esposa trabaja y él participa activamente en las tareas del hogar y de cuidados. Además, debe combinar su trabajo del hogar y de cuidados con visitas al hospital y a la cárcel. Cuida a una hija con una enfermedad crónica y, en abril de 2022, La menor de sus hijas fue arbitrariamente capturada bajo el régimen de excepción y sigue detenida. «Me ha tocado ser la figura visible de mi hogar ante los medios. Para empezar, no soy un empleado. La única que tiene un empleo es mi esposa. En un hogar, si la esposa trabaja, el esposo tiene que hacer los oficios de la casa». 



Asegura que, mientras él sale a denunciar las injusticias relacionadas con la detención de su hija, su esposa trabaja para garantizarle el paquete mensual que le llevan a la cárcel donde está detenida. 

El llamado «paquete», que incluye productos alimenticios e higiénicos básicos, puede costar entre $30 y $200, según las necesidades de cada persona privada de libertad. Muchas familias salvadoreñas no pueden permitirse este gasto, lo que deja a muchas reclusas sin este apoyo esencial para su supervivencia. 

En el marco del régimen de excepción, aprobado desde el 27 de marzo de 2022, más de 80 mil personas han sido privadas de libertad y más de 301 han muerto en custodia estatal. Un reciente informe del Observatorio Universitario de Derechos Humanos de la Universidad Centroamericana (UCA) registra 27 tipos de impactos psicológicos en familiares de personas detenidas por el régimen de excepción. 

El Cuaderno sobre Población 5 del UNFPA también expone, con datos de la EHPM de 2022, que los hombres que realizan trabajos del hogar dedican un porcentaje mayor de tiempo en cuatro áreas específicas: reparación de activos del hogar, transporte de recursos naturales para el consumo del hogar, cuidado de animales, y planificación de las finanzas del hogar y pago de cuentas. En cambio, las mujeres dedican un mayor porcentaje de su tiempo al cuidado de personas y a la realización de los quehaceres del hogar. 

Alfredo, en cambio, tiene que asumir la mayoría de los cuidados porque su esposa tiene un trabajo remunerado. Padre de cinco hijos, tres de su primer matrimonio y dos con su actual esposa, Alfredo equilibra sus responsabilidades cuidando a su familia y trabajando como fotógrafo en fiestas, infantiles, de cumpleaños, bodas y otros eventos en Sonsonate, para proveer en su hogar. Para él, ser un padre responsable significa cuidar a sus hijos en todas las etapas de su vida y asegurarse de con quién se relacionan. «Es parte de la responsabilidad de proveer, convivir con los hijos. Qué le digo, salir un fin de semana, decirles: ‘Vamos a caminar, vamos a un parque’. Darles un consejo, tanto a los hijos como a las hijas, comprarles ropa, estar pendiente de su salud».  

Además, Alfredo es uno de los pocos papás que participa activamente en marchas y conferencias de prensa para exigir la libertad de su hija. La mayoría de las personas que participan en estas actividades de protesta y visibilización  de los casos de sus hijas e hijos detenidos arbitrariamente son mujeres. Actualmente, es uno de los voceros del Movimiento de Víctimas del Régimen (Movir). «Me he dedicado al 100 % al movimiento, a luchar no solo por mi hija. A luchar por la inocencia de los detenidos arbitrariamente». 


Sin motivos para celebrar el Día del Padre 


El 17 de junio se celebra el Día del Padre, con asueto nacional remunerado desde 2012. Esta fecha es una oportunidad para reflexionar sobre el rol de los padres en la crianza y su impacto en la vida de madres e hijes. Aunque organismos como la Asamblea Legislativa y el comercio le dan gran relevancia a esta fecha, como se explicó antes, la EHPM de 2022 reveló que 8 de cada 10 niñes fueron abandonades por su progenitor.  

La UCA publicó en 2013 que la ausencia paterna está vinculada a la irresponsabilidad masculina en procrear y asumir sus responsabilidades. Este hallazgo se hizo más evidente un año después de que la Asamblea Legislativa decretara el asueto nacional por el Día del Padre, mientras que el Día de la Madre seguía siendo asueto solo para empleados públicos. No fue hasta el 14 de abril de 2016 que la Asamblea Legislativa declaró el 10 de mayo como Día de la Madre con asueto remunerado tanto para el sector público como privado. La decisión se basó, de acuerdo con el considerando IV, en reconocer «que las madres son uno de los ejes fundamentales de la vida familiar, siendo guía para sus hijos durante sus primeros pasos, así como el apoyo necesario durante todo su crecimiento, representando uno de los cimientos más importantes para el desenvolvimiento de su personalidad». 

Para Alfredo y Jorge, el Día del Padre no es motivo de celebración mientras sus hijos estén presos o desaparecidos. 

Alfredo expresa que desde 2022 no celebra esta fecha, ya que fue el año que capturaron a su hija bajo el régimen de excepción. «Se oye bonito que te digan ‘Feliz día del padre’, pero desde 2022, no tengo nada que celebrar por mi hija que está detenida. Si me dijeran, ‘venite te vamos a hacer un almuerzo’, con gusto fuera, pero no por una celebración».

En cambio, Jorge García, el padre de Cojutepeque, señala que, en toda su vida, esta fecha no ha tenido significado. En un país donde la ausencia paterna es común, él también fue abandonado y nunca tuvo un modelo paterno. «Por eso para mí, cuando oigo esa música de Mi querido viejo, a mí me duele el corazón porque en realidad no conocí a mi padre. El día que yo me muera me voy a ir con ese sentimiento, que nunca conocí a mi papá”. 

Larry Madrigal destaca la importancia de desafiar los roles tradicionales asignados a hombres y mujeres, poniendo el tema de los cuidados y del hogar en el centro del debate. Propone la celebración de un «día de los cuidados» donde las familias, en su diversidad, asuman la responsabilidad colectiva de cuidar, no solo a nivel personal sino también socialmente. 

Según Larry, los hombres suelen aprovechar el asueto del Día del Padre para descansar, vacacionar o salir con amigos, en lugar de asumir responsabilidades en las tareas del hogar y los cuidados. 

La fecha que Larry propone ya existe. Desde 2023, cada 29 de octubre se conmemora el Día Internacional de los Cuidados y el Apoyo, establecido por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) con el fin de destacar la carga desproporcionada que recae sobre las mujeres y las personas LGBTI+, obstaculizando su pleno acceso a los derechos. 

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