«Polvo de gallo»: una película para hablar de violaciones en El Salvador sin tapujos

29/03/2022

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Esta nueva producción cinematográfica salvadoreña busca hablar abiertamente de las violaciones sexuales que ocurren día a día en El Salvador. Egly Larreynaga, una de las actrices principales y Julio López, director de Polvo de gallo, hablan en esta entrevista de la llegada a la pantalla grande de una película experimental que nos muestra una dolorosa distopía que, pese a ser ficción, muchas mujeres salvadoreñas podrán reconocer.

Por Natalia Guzmán

Edición: Gabriela Aquino


Escena de la película. Foto cortesía de Teatro del Azoro

Polvo de Gallo es una apuesta que mezcla el teatro y el cine para hablar de un tema que todavía resulta incómodo en El Salvador, pese a ser dolorosamente cotidiano: las violaciones sexuales. Construye un mundo ficticio donde «El Sistema» administra agresiones sexuales para las mujeres como un rito y parte de una labor ciudadana.

La película rompe con lo tradicional de un guión y deja de lado las estructuras rígidas y a detalle, para dejar que el equipo de teatro tome las riendas de la historia. Es una mezcla de épocas, puesta en escena y recursos en su creación.

Esta producción llevó 18 días de rodaje y se realizó con un equipo íntimo de 9 personas. Polvo de Gallo es un trabajo que  ha llegado a Costa Rica Festival Internacional de Cine y a México a través del Festival Internacional de Cine en Monterrey.

Nos sentamos a hablar con su director y una de sus protagonistas, Julio López también director de la Batalla del Volcán, otro trabajo que trae temáticas sociales a la mesa y Egly Larreynaga actriz del Teatro el Azoroque pone en el teatro obras sobre temas como la migración y violencia, para contar los detalles de esta película con la cual buscan no solo dejar un mensaje dentro de las fronteras salvadoreñas, sino que llegue a toda Latinoamérica.


¿Por qué deberíamos ver Polvo de gallo?


Egly Larreynaga: Una de las cosas más importantes de esta película es que pone sobre la mesa el tema del cual trata. Lo que más ha perpetuado el abuso, las violaciones y la agresión sexual ha sido muchas veces ese silencio y que muchas de las personas que lo hemos vivido, en un momento dado, sentíamos hasta vergüenza de poder hablarlo y de poder decirlo. Liberarnos de eso creo que ya es muy importante, y que se ponga con nombre y apellido en una sala de cine de un país como El Salvador me parece también muy importante. Otro añadido es que también ya hemos visto bastantes veces a las mujeres que han sido víctimas de este tipo de abusos. Las hemos escuchado, ya sabemos que se la pasan mal, muchas de las cosas que se viven, pero pocas veces hablamos del victimario, ¿no? Para nosotras también fue muy importante también cuestionar eso: ¿Hasta dónde llega? ¿Qué podemos hacer? Una vez que pasa, hay que pensar si vengarnos o no vengarnos, cómo hacer justicia, cómo sanar eso. La película no pone respuestas, pero sí da varias preguntas y eso me parece muy valioso. 


¿Por qué decidieron trasladar una pieza creada para teatro a una película?  


Julio López: Me acerqué al Teatro del Azoro hace como cinco años. Había visto un modelo de producción, sobre todo en México y algunos ejemplos en Argentina, de equipos que se formaban con gente de cine y gente de teatro, ya sea en películas pequeñas pero basadas en puestas de escenas teatrales filmadas. Sentía que era un modelo de producción que podía ser práctico para El Salvador, donde no tenemos fondos cinematográficos, donde hay muy pocas posibilidades de financiar proyectos de cine de autor. Entonces le propuse al Azoro que hiciéramos ese experimento. Juntamos un grupo de amigos del mundo del cine con las actrices del teatro de la zona y decidimos ejecutarlo.  

Luego también se hizo la obra, que es la misma historia. Cambian algunas cosas de cómo está contada, cambia un poquito la trama en algunos detalles. Sobre todo, cambia el tono, pero básicamente es la misma historia.


¿Cuál fue la parte más emocionante de poder trabajar con este nuevo formato?


Julio: Son dos cosas. La primera es poder trabajar con amigos y amigas en una especie de colaboración artística comunitaria. Esta idea de generar una compañía de teatro audiovisual, de generar una comuna artística que trabajó durante 15 días. Teníamos un formato muy libre: teníamos delineada la trama de la película en general, pero íbamos a las locaciones un poco a improvisar cómo se montan las escenas de teatro donde van los actores y actrices improvisando sobre la idea, y ahí mismo se va trabajando. Era muy emocionante tener esa libertad artística de ir creando en colectivo bajo una improvisación artística, bajo ciertas reglas. Artísticamente fue un lujo porque no teníamos ningún tipo de atadura, hacíamos imágenes documentales, creamos imágenes muy de teatro, muy puro, hacíamos cosas surrealistas, hacíamos cosas muy realistas. Fue un proceso de verdad muy lúdico, muy emocionante, que era lo que buscábamos. Al final no sabíamos qué tipo de película iba a salir de ahí, pero sabíamos que de alguna forma lo más importante era disfrutar una experiencia de proceso creativo comunitario y eso fue lo que pasó. 


Foto cortesía de Teatro del Azoro

¿Para qué públicos han creado esta película? 


Julio: Definitivamente la creamos para el público salvadoreño. Es una película que, aunque es una coproducción con México, es súper salvadoreña: en su tema, su forma, su lenguaje y en sus imágenes. Era exponer el tan escabroso y terrible tema de las agresiones de carácter sexual que ocurren todos los días en El Salvador. Es un tema que también alcanza a toda la sociedad latinoamericana, sin ir tan lejos. Seguramente alcanzará a todo el planeta, pero por lo menos en Latinoamérica es muy parecida la situación. En ese sentido, pensamos que más adelante podrá también mostrarse algún tipo de discusión o algún tipo de reacción. 


En la película presentan una ciudad ficticia que se parece mucho a San Salvador, ¿por qué buscaron usar ese ambiente para crear la película? 


Julio: Queríamos hablar de este tema no con un documental o no con historias verídicas, sino que basado en hechos reales, justamente para que se dijera: «en realidad esto parece ficción, pero es verdad». Por otro lado, había una intención artística de jugar con un montón de elementos en la puesta en escena. La película está inspirada mucho en el nuevo cine mexicano, que fue un movimiento cinematográfico que hubo en casi toda Latinoamérica; uno de los pocos países que no tienen películas del nuevo cine latinoamericano de los sesentas es El Salvador, porque casi no se hacía cine acá. Entonces tiene la estética de los sesentas. Tiene varias capas de juego artístico, y en esas capas de juego artístico se construyó Dangond, se construyó la idea del sistema. Era como un poco para divertirnos, pero mirando de frente al problema y diciéndolo con todas sus palabras en mayúsculas y en negritas. La realidad que está ocurriendo es lo que queremos visibilizar con la pelea y con la obra. 


¿Qué es lo que pretende decir Polvo de gallo? 


Julio: Pretende evidenciar una realidad bajo una especie de distopía, una especie de fábula. En El Salvador, según organismos internacionales, ocurre una violación cada cuatro horas. Son varias violaciones al día y más del 90 % de esas agresiones, de esas violaciones, quedan en la impunidad. El 75 % de esas violaciones ocurren a menores de edad, a niños y adolescentes. Ahí estamos hablando de un sistema que permite, que normaliza y, además, donde hay casi total impunidad. Se persigue y se busca la justicia para las víctimas de esa violencia.

Nosotros hacemos un mundo donde eso ocurre como si estuviera normado por el sistema. Pero no es una distopía, por desgracia es una realidad. Y pensamos que una de las formas artísticas de poder decirlo para que tenga más impacto es que este mundo distópico parezca un lugar horrible, pero por desgracia es, de alguna forma, El Salvador. Queremos evidenciar esta realidad bajo estas técnicas artísticas, con el interés, evidentemente, de visibilizarlo, de darle luz. Ahora bien, ya las costuras de qué hacer al respecto nos toca discutirlas como sociedad y también cada quien desde su lado. No es lo mismo que lo que pueda proponer yo como varón, a lo que puedan proponer mis colegas del Azoro como mujeres. Es una discusión que está por sobre la mesa y a ver que tal nos va.  


¿Fue difícil para ustedes, como actrices, hablar abiertamente de violencia sexual dentro de la película?  


Egly: Hubo una obra de teatro y también la película y, de hecho, cuando Julio vio Polvo de gallo en teatro, allí ya empezábamos. Había tres momentos que eran testimoniales, en donde la acción dramática se paraba y las actrices —yo incluida— contábamos alguna experiencia que habíamos vivido, y luego la historia continuaba. Entonces, a Julio le pareció muy importante esa parte y ya tenía la idea de meter cuestiones más documentales. Cuando eso sucedió, ya había un ejercicio previo de contar esa historia. Lo sentía más fuerte, porque en teatro yo sí veo al público. Era como uno más. Para mí fue la primera vez que lo contaba en escena, nunca había contado. He contado alguna experiencia. De hecho hice una denuncia pública a un director y atendí varias entrevistas y todo. Pero en teatro, en escena, nunca, nunca había contado parte de mi historia. Fue bien diferente. Entonces cuando sucedió la filmación, ya había hecho ese ejercicio de contarlo 


¿Qué ha sido lo más difícil de producir Polvo de gallo? 


Julio: Conseguir el financiamiento, la verdad. Es una película muy pequeña que cuesta una décima parte, una tercera parte de lo que cuesta una película muy barata en algún lugar, o sea, no barata, pero de poco presupuesto comparada a México o Latinoamérica. Y aún así fue difícil. Al no haber fondos cinematográficos en el país y no querer meternos a una dinámica de conseguir fondos a nivel internacional, porque eso lleva muchos años. Además estaban sus intenciones artísticas, porque queríamos trabajar con mucha libertad. Tocamos puertas en organizaciones internacionales y nacionales que trabajan con este tema para ver si querían apoyar. Hubo un proceso de fondeo como de dos años y no es que eso sea difícil, pero es tal vez un poco lo más complicado de poder aguantar que pase el tiempo y que el proyecto se vaya cocinando bien poco a poco. Tal vez eso es lo único complicado. Todo lo demás es puro disfrute y creación artística. 


Foto cortesía de Teatro del Azoro

¿Con qué objetivo crearon está película? 


Julio: Tiene tres objetivos. El primero es a nivel político y es hablar de este tema: hacer un trabajo colaborativo con el Azoro que pusiéramos en la plaza pública, con nuestras propias opiniones. Políticamente tiene un objetivo muy, muy claro, que además creo que es algo que caracteriza mucho el trabajo del Azoro y el trabajo que también se ha hecho en la película.

A nivel artístico, era divertirnos: mezclar géneros, mezclar el lenguaje del cine con teatro, con documental, con el arte contemporáneo. Era mezclar tiempos porque parecen los sesenta pero usan celular; parece de El Salvador, pero parece Ciudad Gótica. Creativamente era como una celebración de las artes y de estar vivos haciendo cine y teatro documental.

Y a nivel de producción, el objetivo era hacer una película que pudiera tener alcance internacional, que pudiera salir del circuito de cine fuera de El Salvador, con los mínimos recursos que es como se hizo la película. En ese sentido creo que podría decir ahora que el objetivo parece ser que se van a cumplir los objetivos, apenas se va a estrenar en El Salvador, que es como el estreno más importante para nosotros los salvadoreños, pero yo creo que prácticamente podemos cumplir efectivamente los tres. 


¿Por qué deberían de ver esta película los salvadoreños?


Egly: La película ha sido como por parte de Julio, muy trabajada, muy cuidada estéticamente hablando. Hay una historia que aunque tiene un mensaje denso, pues hay una historia de ficción, hay distintos momentos en la peli, o sea, por ver cine salvadoreño, que no es fácil tampoco producir en El Salvador, como lo estaba explicando Julio y por también por la temática. Creo que es importante que la tengamos en cuenta y que sepamos que aquí, según los estudios que hay, pues cada cuatro horas hay una violación en El Salvador. Es bastante grave y urgente poner este tema en la luz, porque te marca muchísimas cosas en la vida. Es un lastre muy largo y es importante visibilizarlo. 


¿Por qué es tan importante poner la voz de las mujeres dentro de este tipo de cine? 


Egly: Nuestro cuerpo ha sido como usurpado, ha sido ese objeto de abuso. Es de hablarlo y decirlo. Esa parte de la humanidad [los hombres] es la otra mitad que debe cuestionarse: ¿Qué pasa con eso? ¿Qué pasa con la sexualidad? ¿Qué pasa con nosotras? Es curioso cómo incluso las mujeres que han y hemos sufrido abuso tendemos a veces a estar con una persona abusadora o nos cuestan mucho ciertas cosas. Creo que hay que hablarlo y decirlo y que nosotras empecemos a romper ese silencio. Eso es lo que justamente hay que empezar a decir. ¿Para qué? Más que nada, para que ya deje de suceder.

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