“Somos una ciudad excluyente con casi 1 millón de personas en asentamientos precarios”

Graciela Barrera | 21/11/2020

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Sandra Gutiérrez, arquitecta y urbanista especialista en espacios públicos, analiza cómo El Salvador debe pensar la vulnerabilidad territorial y la crisis climática. Aunque más del 85 % del país sufre de algún tipo de riesgo, dice, podemos hacerles frente si hay diálogo y una apuesta por el medio ambiente desde el Estado y la ciudadanía. Si no cambiamos nuestra cultura frente a la vulnerabilidad, afirma, tragedias como la de Nejapa seguirán ocurriendo.

Sandra Gutiérrez es arquitecta, investigadora y docente de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA). Además, es especialista en temas sobre diseño de ciudades sostenibles y espacios públicos. Tiene una maestría en Diseño Urbano, con especialidad en Espacios públicos, por la Universidad Tecnológica de Delft, en Holanda. Ha sido becaria Fulbright-Humphrey, desempeñándose como Research Fellow en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y la Universidad de Harvard, en Estados Unidos. En esta entrevista, habla sobre la planificación del territorio y las dimensiones más importantes a tomar en cuenta desde el Estado y la ciudadanía para el resguardo de la vida humana frente a la amenaza de territorios frágiles. 

La noche del 29 de octubre, un deslave se vino sobre el caserío Los Conacastes y las comunidades Los Angelitos I y II, ubicadas en el municipio de Nejapa.Las fuertes lluvias en la zona provocaron un deslave que bajó desde las faldas del volcán de San Salvador y puso en peligro a más de 100 familias. En esta tragedia, 9 personas perdieron la vida y alrededor de 50 viviendas quedaron soterradas. En El Salvador este no es un escenario nuevo.

Entre el 31 de mayo y el 6 de junio las tormentas tropicales Amanda y Cristóbal causaron lluvias, vientos fuertes y muchos daños por inundaciones. Según el informe elaborado por la Oficina de la Coordinadora Residente y la Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), 29,968 familias  fueron afectadas y 30 personas fallecieron como consecuencia de las tormentas. Ambos acontecimientos ocurrieron sólo meses antes del desastre en Nejapa.

Esta tampoco será la última vez que una tragedia así ocurra. Según el Plan Invernal 2020, presentado en mayo de este año por la Dirección General de Protección Civil, Prevención y Mitigación de Desastres afirma que 1,056,910 personas viven en condición de riesgos por deslizamientos; 920,819 en riesgo por inundaciones; y 3,110 viven en riesgo de ambas.

Es decir que, en El Salvador alrededor de 3 de cada 10 personas viven en zonas de riesgo de deslizamiento, inundaciones o ambas. El tema de la planificación territorial y los riesgos se vuelve un diálogo importante para el resguardo de la vida de la población salvadoreña. Sandra Gutiérrez, especialista en espacios públicos, conversó con Alharaca acerca de las dimensiones que hay que tomar en cuenta frente a daños causados por los desastres naturales: asumir los riesgos como un aspecto cultural, las responsabilidades que tiene el Estado, el papel de los Sistemas de Alerta Temprana y la participación activa de las y los ciudadanos. 

Graciela Barrera: Sandra, ¿por qué debemos pensar en la planificación del territorio con la vulnerabilidad y riesgos de nuestros territorios? 

Sandra Gutiérrez: Este es un tema que me parece que habrá que abordar desde diferentes perspectivas. El istmo centroamericano es un territorio súper frágil, muy propenso a tener influencias fuertes por su condición justamente de istmo. Influencias tanto del nivel del Océano Atlántico como del Océano Pacífico. Es un territorio volcánico, que, según geólogos, son tierras todavía muy jóvenes y  que sufren también las condicionantes de las placas, particularmente la placa de Cocos y la placa del Caribe que producen los terremotos o los sismos que sentimos.

Sabemos que más del 85 % del territorio de El Salvador sufre de algún tipo de riesgo y de vulnerabilidad. Debería de existir una planificación a partir de esas vulnerabilidades. Eso culturalmente no lo tenemos. Estamos acostumbrados a que nos pasen cosas todos los años. Cada año hay una lluvia, a veces más fuerte, a veces menos fuerte, que produce un deslizamiento o una inundación. Siempre tenemos algún tipo de evento y nos ponemos angustiados. Nos solidarizamos, pero media vez sale el sol, se nos olvida otra vez. Esa es la cultura que hemos ido creando, la de inmediatez y un poco pasiva.  

En ese sentido, yo creo que el análisis territorial debe ser desde el punto de vista geológico, hidrológico, hidrogeológico y climático. ¿Qué significa eso? No debería de ser un diálogo solamente de científicos o de profesionales. Debe ser un diálogo colectivo.  A mí me gustaría que tengamos un diálogo socio cultural más amplio, en el que se asuma la fragilidad del territorio como parte de los estilos de vida. Y eso significa que a partir de eso también planificás y a partir de eso edificás la discusión.  No es si aquí se puede construir o no se puede construir, es que en casi ningún lugar se podría construir en el fondo.  

El segundo elemento es más técnico. Habrá que hacer unas aproximaciones más técnicas, pero siempre en diálogo abierto con la población. Un técnico puede entender muy bien los aspectos teóricos y prácticos, pero jamás va a entender el territorio como las personas que viven ahí y que saben en qué momento algo empieza a dar alertas. La planificación no tiene sentido sin que se asuma también desde la ciudadanía porque se queda en una discusión teórica.  

El tercer brazo de este tema es el jurídico. Tú puedes tener los planes más bellos de desarrollo territorial, de ordenamiento territorial, pero si no tenemos las regulaciones adecuadas para ver cómo se van aplicando y se van implementando, no funcionan. La ciudadanía puede tener mucho qué decir, pero siempre con el apoyo de la normativa. Hay otra gran discusión que no estamos teniendo con suficiente fuerza, especialmente en momentos en los que vemos que pareciera más bien que las reglas están hechas para que no se sigan y eso es preocupante. Hay diferentes formas de verlo, hay diálogos que yo creo que deberíamos de empezar a asumir con más formalidad.

¿Cuáles fueron los desaciertos en el abordaje de la emergencia en Nejapa?

A mí me parece que un problema serio que hemos tenido es el desmantelamiento de todos los Sistemas de Alerta Temprana, lo que tenemos no es suficiente. Es una lástima porque ya se había avanzado en ese sentido. Teníamos sistemas de alerta temprana con personas que viven en los sitios, una red de apoyo local a los sistemas de alerta que se han ido desmantelando. Y entonces, claro, si no tenés esa visión desde el sitio, las respuestas siempre van a llegar tarde.  


Siempre aparece como este tema de que no se debieron de dar permisos aquí. ¿Por qué se construyeron estas casas? ¿Por qué se construye? No creo que haya que decir “aquí ya no se debe de construir” porque casi sería imposible. El país es un país pequeño, altamente poblado, con necesidades y presiones, no solamente desde la construcción formal, sino que también desde la informalidad. Las viviendas que sufrieron en este caso han sido sobre todo viviendas informales. Las personas necesitan lugares donde vivir y la informalidad busca aquellos espacios que se dejan invadir o que  son, como decimos, un poco las sobras. 


“No creo que la discusión deba de ser si construimos aquí o no, es cómo construimos, cómo nos adaptamos a riesgos asociados a diferentes sitios y eso sí se puede hacer”.

Sandra Gutiérrez, arquitecta y urbanista especialista en espacios públicos.

Desde las prácticas profesionales tenemos que ir, poco a poco, haciendo esos planteamientos y dándole voz a un diálogo entre el espacio construido y el espacio natural propositivo, entendiendo el riesgo como una forma de habitar nuestro territorio.

¿Qué aspectos son los que intervienen en desastres como el de Nejapa?

Sabemos que se ha urbanizado la parte intermedia del volcán. ¿Qué causa eso? Causa que, si hay menos área permeable, menos cobertura boscosa, habrá más escorrentía y cuando hay una lluvia medianamente fuerte, esa escorrentía superficial va a hacer que el agua busque por donde irse.

Por otro lado, hay algunas infraestructuras que se han hecho en ese nuevo tramo de la carretera a Quezaltepeque que se calcularon para unos episodios de lluvia, que no son los que tenemos ahora. El cambio climático nos está trayendo lluvias más intensas y concentradas, y eso hace que los cálculos para, por ejemplo, diámetros de desagüe de carreteras estén empezando a colapsar. Hay que hacer una investigación técnica para que esas infraestructuras que ya tenemos construidas se actualicen con respecto a las nuevas variables climáticas y los nuevos patrones de lluvia que estamos viendo.

¿Qué acciones sobre prevención y mitigación deben tomarse para garantizar que las personas no pierdan la vida? 

Habrá que ver si los nuevos permisos que se están dando en esa zona incluyen ya este concepto de riesgo. Es un territorio que se va a seguir inundando y hay que ver cómo trabajar asentamientos informales, relocalizándolos a áreas menos propensas a riesgo, con viviendas adecuadas y no precarias. Necesitamos tener una ley de vivienda seria, que trabaje el tema de la vivienda. 

No estoy hablando solamente de personas en situaciones precarias, debemos de diversificar el mercado de vivienda. Eso es lo que podría decir con respecto a este episodio. Van a seguir sucediendo, vamos a seguir lamentándonos, no aquí necesariamente, pero sí en otros lugares y cada vez van a ser más frecuentes.

¿Quién tiene mayor responsabilidad sobre el resguardo en la vida de las personas? 

El Estado. Son los que tienen los medios, son los que pueden movilizar recursos, los que tienen el alcance. Debe de asumirse responsabilidad desde todas las instancias de gobierno, no solamente del Estado central sino también los gobiernos locales. Pero no va a funcionar mientras los objetivos sean diferentes y mientras no se está articulando adecuadamente con un ciudadano real y activo, no como un consumidor de diálogos políticos.  

¿Y cuál es el panorama que usted observa? Específicamente sobre un video que se hizo muy viral en redes sociales mientras el alcalde estaba haciéndole una pregunta a Mario Durán, que es el ministro de Gobernación, y al hacerle esta pregunta en lugar de contestar vino el director de la PNC y enfrentó al alcalde. Esto sin duda también es como un mensaje. O al menos así es como yo lo veo del cierre al diálogo que hay entre el gobierno central y el gobierno local ¿Usted qué valoración le da a esto?   

Yo trato de verlo objetivamente y allí hay un tema mediático, que se aprovecha. Se trata de manipular de alguna forma. Pero creo que no deberíamos concentrarnos en eso. Deberíamos concentrarnos en que nos hace falta mucho trabajo para poder tener diálogos. El diálogo no es fácil. Estamos muy acostumbrados a pelear y no a hablar. Aquí la gente siempre responde gritando más o peleando. Es muy fácil que en cualquier circunstancia te graben y te encuentren alterado, porque esa es la cultura que hemos creado. Por otro lado, estamos acostumbrados a una mentalidad muy colonial y muy jerárquica. Si yo tengo cierto tipo de poder, entonces me rodeo de una corte y soy inalcanzable. Eso deberíamos irlo quitando. Me parece que más que señalar puntualmente ese tema, hay que asumirlo como algo que reproducimos como sociedad en diferentes ámbitos. Yo creería que lo que deberíamos de pensar es a partir de este episodio que se dio es: “¿cuáles son aquellos elementos de esto que estoy observando, que yo mismo reproduzco y que quiero que cambie? ¿Cómo hacemos para que cambie?” Porque lo que necesitamos no es repetir ese video 100 mil veces y quejarnos. Lo que necesitamos es de verdad dialogar y de verdad asumir. A mí me gustaría ver este lamentable episodio como un episodio para reflexionar como sociedad. 

¿Cuál es la responsabilidad desde la ciudadanía frente a estos diálogos?

Normalmente, como ciudadanos le damos esta articulación a nuestros gobernantes. Vas a una elección y confías en tus gobernantes para que sean ellos los que coordinen el diálogo. Pero cada vez las democracias se han ido desarticulando. En muchos sentidos, la confianza de los diálogos hacia esas entidades gubernamentales está muy desgastada y la sociedad civil empieza a organizarse cada vez más para asumir ellos los diálogos. Cuando hablamos de ciudadanía es un ente muy amorfo. Los ciudadanos no estamos organizados. No hay una entidad ciudadana general, no existe. Eso es una utopía ¿Qué debemos hacer nosotros?  Confiar en ir construyendo cada vez una democracia más sólida. ¿Y cómo se logra eso? Con ciudadanos informados, se logra con ciudadanos activos. 

Creo que podríamos comenzar con un nivel intermedio y reforzar los gobiernos locales, reforzar los diálogos en el municipio donde vivís, el conocimiento local con un buen apoyo técnico y una participación más proactiva de los ciudadanos.

¿Qué aspectos se deben tener en cuenta para que una planificación urbana sea sostenible?

Planificar un territorio no es solamente entender cómo está conformado y sus dimensiones naturales. La ciudad es este territorio que hemos construido los seres humanos y donde asumimos que reproducimos nuestra vida. Pero las ciudades no podrían vivir ni sobrevivir, si no existiera el territorio rural. Por ejemplo, ¿de dónde viene el agua que consumimos en el Área Metropolitana de San Salvador? ¿De dónde vienen los alimentos que consumimos aquí y muchos de los servicios que tenemos donde se produce la energía? 

Hay una planificación que asume esa dimensión física de la edificabilidad de la ciudad, carreteras o infraestructuras que necesitamos para transformar los recursos en objetos valiosos para reproducir la vida. Hay otras dimensiones que son intangibles. La cultura, por ejemplo, cómo nosotros vamos transformando nuestra forma de habitar este territorio, asumiendo el riesgo como parte de nuestra cotidianidad. La dimensión económica afecta desde la macroeconomía hasta la microeconomía. Eso afecta la planificación de un territorio, la normativa. Toda la parte jurídica, Pero no solamente la ley bonita escrita, sino que la ley aplicada. La ley con seguimiento, la ley asumida por el ciudadano.  

La planificación territorial debe asumir estas interrelaciones, yo las llamaría, extraterritoriales. Si Honduras o Guatemala deciden desviar el cauce original del río Lempa, nos quedamos sin río porque nace de una vertiente de Guatemala y otras en Honduras. O, por ejemplo, el corredor biológico mesoamericano nace en el sur de México y termina hasta el istmo de Panamá. Esa dimensión tenemos que verla más allá de nuestras fronteras, esas líneas imaginarias que le hemos puesto a los mapas. Así es que es una combinación de diferentes factores, algunos de ellos tangibles, otros intangibles y otros de diálogos supranacionales que se necesitan realizar.  

“Somos 2 millones de habitantes en el Área Metropolitana de San Salvador, casi un millón de esas personas viven en asentamientos precarios, en mesones, en situación de riesgo. Eso significa que somos una ciudad excluyente”.

Sandra Gutiérrez, arquitecta y urbanista especialista en espacios públicos.

Ya se ha incorporado una normativa específica para corredores biológicos urbanos y espero que los gobiernos locales del área metropolitana trabajen conjuntamente en un verdadero plan de recuperación de ríos en entornos urbanos. Ese plan ya está anidado en el Ministerio de Medio Ambiente. La UCA lo trabajó, lo hemos estado proponiendo en diferentes ámbitos, pero es necesario que lo asuma el Consejo de Alcaldes para recuperar los ríos de la ciudad, limpiarlos, tener parques a orillas de los ríos, tener espacios para que los peatones puedan caminar, que podamos unir diferentes zonas de la ciudad a través de espacio verdes, que creemos verdaderos espacios que funcionen como corredores biológicos para mantener la biodiversidad en los contextos urbanos. Todo eso está en embrión. Ahí está anidado en estas oficinas. Algunas cosas avanzan, otras están todavía esperando su turno. 

La ciudad no se construye de un día para otro. La ciudad es un proceso de negociación constante y se construye con el tiempo. Somos 2 millones de habitantes en el Área Metropolitana de San Salvador, casi un millón de esas personas viven en asentamientos precarios, en mesones, en situación de riesgo. Eso significa que somos una ciudad excluyente. ¿Y cómo hacemos para incluir a toda esta población en la ciudad? Ese debería de ser otro gran diálogo que tengamos porque todos tienen absoluto derecho a la ciudad. 

¿Qué es lo que se necesita para que una ciudad sea inclusiva?

Vivienda digna

Me imagino una ciudad donde todas las personas tengan vivienda digna, así sea una casa pequeñita. Una vivienda que asuma el riesgo del territorio donde vivimos constructivamente. Si se va a construir en una ladera, que esté bien cimentada y pueda resistir, por lo menos dejar que en un evento de riesgo puedas salir de tu vivienda y te salves. Todo eso se puede hacer técnicamente. Pero debemos empezar a asumirlo también culturalmente. 

Espacio público

Me parece importante que tengamos espacios públicos adecuados. El espacio público estructura la ciudad, pero al no asumirlo como parte del espacio colectivo que todos debemos de cuidar y proteger, lo dejamos que se desgaste, que esté en muy mal estado y hagamos mal uso de él. 

Que las mujeres se sientan seguras

Deberíamos de tener fuertes inversiones en el espacio público. Grandes y pequeños parques. Aceras lindas, bien iluminadas, espacios donde las mujeres nos sintamos seguras caminando, donde no seamos agredidas en la calle. No nos gusta que nos estén diciendo todas esas cosas que nos dicen cuando vamos caminando. No nos gusta, nos sentimos intimidadas, nos sentimos ofendidas. Queremos espacios donde las mamás puedan salir tranquilas con sus niños a disfrutar.

Espacios pensados para adultos mayores

Los adultos mayores en nuestra ciudad viven encerrados, enjaulados en las casas. ¿Por qué no pueden salir a caminar a un parque? ¿Por qué no pueden salir a una tienda a comprar algo? Porque la acera tiene hoyos, está mal hecha. Los carros no les dejan ni siquiera que se crucen en la calle.

Una ciudad que proteja el medio ambiente

Deberíamos de poder asumir que se nos ha encomendado cuidar esa biodiversidad, no aplastarla, no botar todos los árboles a lo loco, sino que una ciudad que asuma esa naturaleza tropical, que la proteja, la cuide y sepa convivir adecuadamente con ella.

Con respecto al cambio climático. Si bien también es responsabilidad de los ciudadanos aportar, pero también el Ministerio de Medio Ambiente y el Estado tienen responsabilidad. ¿Cuáles son los esfuerzos que está haciendo el Estado frente al cambio climático?

No le están dando la fortaleza que necesita. Para empezar, si al Ministerio de Medio Ambiente le reducís el presupuesto —que es lo que ha pasado— lo empezás a dejar sin herramientas adecuadas. Ahí hay una decisión con la que no estoy de acuerdo. En lugar de aumentar los presupuestos a defensa, se debería de aumentar el presupuesto al medio ambiente.  


 “Si al Ministerio de Medio Ambiente le reducís el presupuesto —que es lo que ha pasado— lo dejás sin herramientas adecuadas. En lugar de aumentar los presupuestos a defensa, se debería de aumentar el presupuesto al Ministerio de Medio Ambiente”.

Sandra Gutiérrez, arquitecta y urbanista especialista en espacios públicos.

Es importante que asumamos la firma de acuerdos internacionales importantes que notan marcos regulatorios para poder, por ejemplo, acceder a recursos que se necesitan. Ahora perdimos la oportunidad de firmar el Acuerdo de Escazú sobre diferentes temas que son importantes para el tema medioambiental.No lo firmamos. Entonces esas decisiones no deberíamos de asumirlas. 

El acuerdo de Escazú es un tratado de derechos humanos y ambientales que establece el acceso a la información pública relacionada a aspectos ambientales. Además, con su ratificación  se impulsaba la protección a los y las defensoras ambientales del país, la participación ciudadana en la toma de decisiones y un marco normativo frente a hechos e iniciativas que puedan significar un daño para el medio ambiente. 

El medio ambiente también es un tema de seguridad. Cuando se están afectando grandes áreas de un territorio, por ejemplo, con los efectos del cambio climático, pensar en los migrantes climáticos —que ya estamos empezando a ver—, todo el tema migratorio, las agencias de cooperación lo asumen desde una visión de seguridad.   No es relegando el tema medioambiental a un segundo plano que vamos a salir adelante. Es asumiendolo como parte fundamental de lo que debemos hacer.  

¿Cuál es la relación directa entre lo económico y lo medioambiental?   

Hay diferentes relaciones. Primero, es la desde la macroeconomía. Es importante el tema de movilidad y comunicación.  Hagamos una carretera, ¿cómo se va a diseñar? ¿Es una carretera que va a tener rutas ciclísticas? ¿Va a conectar? ¿Va a tener la posibilidad de ser un gran conector biológico entre diferentes zonas? 

Esas carreteras deben asumir la dimensión medioambiental de los territorios que conectan y afectan.  Ahí tenés una decisión macroeconómica. ¿Y la economía familiar? Si yo, por ejemplo, inyecto buenos fondos para mejorar los asentamientos precarios en el Área Metropolitana de San Salvador. Estos se van a volver ya no barrios que nos dan miedo, sino que barrios donde yo llego, voy a tomarme un cafecito. Ahí está la señora a la que le compro las tortillas. 

La ciudad no debe de ser una ciudad separada. Hay que quitar un poco esa visión de que si somos arquitectos, ingenieros y urbanistas estás en contra del medioambiente. Para nada. Yo sí creo que desde la profesión —que por muchos años se ha visto depredadora del medio ambiente— se pueden asumir posiciones más integradas, así que las visiones tienen que cambiar en muchos sentidos.  

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