Transicionar y resistir: hombres trans centroamericanos organizados ante la pandemia

17/11/2020

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Por Georgina González | ¿A qué se han enfrentado los hombres trans de Centroamérica durante la pandemia por la Covid-19? ¿Cómo han hecho ante la situación? Estas preguntas detonaron una serie de conversaciones que son el hilo conductor de esta historia en las que ellos dan cuenta de las dificultades pero, sobre todo, de aquello que han podido organizar para resistir.

Historia publicada originalmente en la plataforma de periodismo Kaja Negra y compartida con medios aliados.


Texto: Georgina González

Arte: Thomas Cervantes



«Si eres un hombre trans o transmasculino y has visto tus ingresos afectados por el covid-19 no dudes en escribirnos», decía una imagen que encontré navegando en Facebook, es parte de una campaña de apoyo que hizo una organización de hombres trans de Costa Rica. Me sorprendió. No es común ver a hombres trans organizándose para apoyarse mutuamente, pensé.

A partir de ese momento quise conocer cómo los hombres trans de Centroamérica se organizan y cómo se han visto afectados durante la pandemia.

Para tener respuestas conversé por videollamada con Alex de Guatemala, Bryam de El Salvador, O’brayan de Honduras, Jean de Costa Rica, Pau de Panamá, y con Ángel de Nicaragua, dadas las circunstancias de conexión, intercambié mensajes.

Quizá al escuchar la palabra trans sea común pensar en mujeres trans y difícilmente tengamos la imagen de un hombre trans en nuestra mente. Por esa razón me parece importante aclarar que los hombres trans o personas transmasculinas son aquellas que al nacer fueron asignadas al género femenino y se identifican dentro del espectro de la masculinidad, sin importar el momento que estén viviendo de su transición. Es decir, si están o no en tratamiento de reemplazo hormonal o si su género autopercibido está o no reconocido en sus documentos de identidad.



El desconocimiento sobre los hombres trans no sólo se sitúa a nivel social. Hay una tendencia a no incluirlos en los documentos regionales de análisis sobre personas LGBTI+. Por ello, no hay informes que concentren, de manera específica, información sobre esta población en Centroamérica.

Tan es así que en el informe Violencia contra personas LGBTI en América de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos [CIDH], uno de los pocos en los que se les incluye, solo se hace mención de ellos en ocho ocasiones. También, en los programas enfocados a generar conocimiento y fortalecer la respuesta al VIH difícilmente son tomados en cuenta.

Esta fue una de las primeras cosas que descubrí y es que según explica la CIDH en su informe de 2015: «los hombres trans tienden a estar más invisibilizados dentro de la comunidad LGBT en general y, contrariamente a lo que ocurre con las mujeres trans, esta invisibilidad parecería protegerlos del tipo de violencia social que por lo general afecta a otras personas que desafían las normas de género».

Ante este panorama y en el contexto propio de una región con niveles altos de violencia; migración y desplazamiento forzado; impunidad; crisis alimentaria y el creciente poder de líderes evangélicos y grupos antiderechos en la toma de decisiones, los hombres trans de Centroamérica se abren camino.


No se puede luchar con el estómago vacío


Alex Castillo suele recorrer en coche, del centro al extrarradio, la ciudad de Guatemala. Lleva víveres a los barrios para apoyar a hombres trans que se quedaron sin empleo por la pandemia y que tienen que alimentar a sus familias. Uno de ellos es Cristian, quien vive en Chinautla y busca las formas de sobrevivir cargando bolsas a cambio de unas monedas en el mercado para poder dar de comer a su bebé de año y medio.

Alex es contador, esposo, padre y abuelo. Saber las condiciones en las que se encuentran otros hombres trans de su país le preocupa pero también lo hacen activar lo que tiene a su alcance para apoyarles desde Trans-Formación, el primer colectivo de hombres trans de Centroamérica fundado por él hace siete años.

«Ayer me enteré de que un compañero que se metía a los barrios marginales fue asesinado en Colombia [Mateo López Mejía]. Y es que nosotros nos arriesgamos a eso y no es porque me sienta superhéroe, es porque de verdad siento una gran responsabilidad que por mi población nadie hace nada. Mis compañeros se están muriendo de hambre, los están sacando de sus casas, los están lastimando y todo mundo lo ve con indiferencia. Es una realidad muy fuerte la que estamos viviendo», me cuenta Alex en nuestra videollamada y observo que seca algunas lágrimas de su mejilla.

A más de mil kilómetros de Guatemala, el sentimiento de preocupación también invade a Jean Matarrita, maestro de primaria y cofundador de Siwo Alar, una organización de hombres trans de Costa Rica que lanzó el 4 de agosto su cuarta campaña de bolsas solidarias.

«Me siento conmovido. No todos podemos gozar del privilegio de tener trabajo, de seguir recibiendo un sueldo. Pero sabíamos que podía haber compañeros que necesitan la ayuda, ya sea por el desempleo o porque no todos hacen teletrabajo porque tienen trabajos informales ¿verdad?», dice Jean al inicio de nuestra conversación virtual.



El desempleo ha aumentado la fragilidad económica que tienen los hombres trans para poder acceder a alimentos, a la vivienda  y en tiempos de crisis no sólo están buscando las formas de sobrevivir, también de brindar bienestar a personas menores y adultas que tienen a su cuidado. Estas preocupaciones fueron recurrentes durante cada una de las conversaciones que tuve con los activistas.

Y es que sobre el tema del empleo, la educación juega un papel importante. De a cuerdo al informe de 2015 de la CIDH, los espacios educativos son uno de los lugares en donde más discriminación y violencia experimentan los hombres trans en América. La transfobia que pueden llegar a ejercer sobre ellos en las escuelas puede tener como consecuencia la deserción escolar y por tanto, disminuir su acceso al empleo.


Transicionar sin seguimiento médico y con estrés


En la ciudad de Guatemala existe una clínica que atiende a hombres trans y personas transmasculinas, es la única en su tipo en América Latina. Ahí se han facilitado jornadas de ultrasonidos, se acompañan procesos de transición y se generan espacios comunitarios para el acceso a la información sobre salud sexual y reproductiva de hombres trans.

Esto porque «para el sistema de salud somos un chiste. Precisamente por eso creamos en 2014 la Clínica Integral para Hombres Trans. Nos dimos cuenta que la mayoría de nuestra población no asistía a los centros de salud por miedo a ser violentados», asevera Alex Castillo desde Guatemala.

La existencia de la clínica para hombres trans es un oasis en una región donde los servicios médicos y la salud integral para personas trans no está garantizada.

Normalmente la clínica funciona en un espacio prestado pero por la emergencia sanitaria se vieron obligados a cerrar. Desde entonces la médica de la clínica, Yusimil Carrazana, da asistencia médica vía telefónica a los hombres trans que buscan atención.

A diferencia de los hombres trans y personas transmasculinas de la ciudad de Guatemala que pueden acceder a la Clínica Integral, en Honduras los hombres trans buscan otras formas de recibir atención médica.

O’brayan Robinson es un artista plástico de origen garífuna. Al iniciar nuestra conversación me cuenta que está a ocho horas en bus de Tegucigalpa, la capital hondureña. Desde que empezó la pandemia no ha podido trasladarse para dar continuidad a las revisiones médicas de su tratamiento hormonal, el cual empezó, dice, de manera «empírica».

«No puedo movilizarme por el tema de la identidad. El que me vayan a pedir mi identificación me pone en alto riesgo en todos los sentidos. Eso me ha limitado económicamente y también no he podido tener un chequeo con el médico que me apoya. Y porque también es eso, no todos tenemos el acceso dependiendo la zona donde vivimos; si vivís en la capital quizás tengas mayor acceso a algunas cosas, pero estando más lejos no tenés cómo, ni con quién o no sabes a dónde ir, o sea, nada. Viajar a la capital, poder tratarte, el transporte, dónde vas a quedarte, todo eso es un proceso super dificil, ¿me entendés?. Si necesitamos acudir por el tema de ginecología es bien difícil acceder a uno que respete nuestra identidad y esté capacitado. Nos tenemos que exponer porque si lo necesitamos, ni modo, tenemos que acudir y es horrible porque vas a pasar incomodidades por el mismo personal de salud que no saben y te van a llamar por el nombre que sale en tu identificación».

Así narra O’brayan las limitaciones geográficas de acceso a la salud y la falta de personal médico especializado y sensibilizado en las necesidades particulares que pueden tener las personas transmasculinas.

Es común que los espacios de salud estén segregados por sexo. Pero, ¿qué pasaría al ingresar a un hospital con una identificación que no refleja ni tu nombre elegido ni tu identidad autopercibida?

Los seis hombres trans con quienes conversé describen esta situación como una de las que más les genera estrés, angustia y ansiedad.



A la larga, que los Estados no reconozcan la identidad de género de las personas trans puede hacer que el personal médico o administrativo de un hospital omita referirse a ellas por su nombre y su género autopercibido. Esto provoca que eviten, a toda costa, la atención médica, lo que en consecuencia puede afectar su salud y su vida al no recibir atención preventiva o intervenciones de manera oportuna.

Hablar de la salud de los hombres trans no tiene que ver única y exclusivamente con su transición [el proceso individual que las personas trans tienen para adecuar la forma en cómo desean ser vistas y tratadas de acuerdo a su identidad de género]. Sino con cualquier tema que involucre buscar su bienestar físico y mental: atender una fractura, realizar análisis clínicos, buscar contención emocional, etcétera.

No obstante solo cuatro países de Centroamérica cuentan con algún documento que hable de las buenas prácticas al momento de brindar atención médica a las personas trans. Así pues, pese a la existencia de estas normativas, los seis activistas no creen que los centros de salud sean espacios seguros para ellos.



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Durante este recorrido de escucha con los activistas, el tema del acceso a un tratamiento hormonal tomó caminos divergentes. Desde el confinamiento para algunos es vital, para otros tener para comer es más importante.

Blas Radi y Camilo Losada Castilla explican en su artículo Transmasculinidades y Covid-19 en América Latina y el Caribe publicado en mayo, que no solo la cobertura médica [de servicios y tratamientos] se ha limitado y la discriminación recrudecido en los últimos meses para las personas transmasculinas de la región, también se han interrumpido tratamientos hormonales. ¿Qué implica suspender el tratamiento de reemplazo hormonal? ¿Cómo garantizarlo cuando no hay médicos especialistas que acompañen sus procesos? Para resolver estas dudas consulté a Gwen Bello, médica cirujana, terapeuta de reemplazo hormonal y activista con enfoque en infancias y salud de las personas trans en México.

Antes de responderme, Gwen advierte: «el proceso hormonal no justifica tu proceso de transición. Todas las transiciones son válidas».

Y continúa: «Los hombres trans tienen una gran ventaja. Los cambios masculinizantes secundarios que provoca la testosterona en su gran mayoría son permanentes. Sin embargo, interrumpir el tratamiento por un periodo largo puede hacer que los ciclos menstruales regresen y eso, para algunos chicos trans genera un estrago a nivel psicológico muy grande. Dejar las hormonas por una situación económica o por la situación que estamos atravesando para muchos significa una situación grave emocionalmente porque las hormonas les ayuda a evitar caer en estos procesos de ansiedad, pero a la larga ese estrés puede cobrar afectaciones corpóreas como colitis, gastritis».

Teniendo en cuenta que las personas trans no tienen garantía de acceder a una cobertura de salud integral y especializada, ¿de qué forma crees que el cuerpo médico puede asegurar un acompañamiento sensible?, pregunto a Gwen. Ella responde:

«Dando información libre de prejuicios sobre las personas trans al las y los médicos y recibir capacitaciones relacionada con las necesidades específicas de las poblaciones trans. El camino es largo pero confío en que las nuevas generaciones tengan mayor apertura para aprender. Y eso solo se va a lograr con ayuda de los gobiernos y las instituciones de educación».

En contraste, dada la ausencia de sistemas de salud integral que garanticen el acceso a hormonas a las poblaciones trans, muchos hombres trans y personas transmasculinas buscan la forma de auto administrarse testosterona. Sobre la autohormonación, Gwen Bello explica:

«Un proceso hormonal que no esté bajo supervisión de un endocrinólogo puede llevarnos a problemas de trombos [coágulo de sangre que se forma en el interior de un vaso sanguíneo]; problemas gástricos; afecciones menstruales aberrantes; desajustes hormonales. Los riesgos son muy altos porque desconoces cómo funciona tu cuerpo y la dosis que requiere. No puedes repetir la dosis de tu amigo porque cada cuerpo funciona distinto. Para no correr riesgo lo ideal siempre va ser acudir a un médico y si no hay posibilidades de acceder a un médico especializado y sensible lo mejor es suspender las hormonas que te administras, lo digo como médica pero como persona trans entiendo que no es una decisión fácil de tomar».

De acuerdo a la CIDH, en ese mismo informe de 2015, los centros de salud son otro lugar donde los hombres trans son discriminados y violentados, así mismo, los entornos familiares. Sin embargo, el documento no especifica las formas de violencia que pueden recibir en los espacios privados como el hogar. Bryam Rodríguez de El Salvador, me cuenta su experiencia sin detalles.

Bryam es subdirector de HT El Salvador, el segundo colectivo de hombres trans en Centroamérica. Antes de iniciar nuestra conversación por videollamada, me advierte: «sin cámara por la conexión». Mi pantalla se hizo negra y pude prestar atención a otros detalles: la voz de Bryam me transmitió calma. Me toca escuchar:

«Yo tuve que dejar mi casa a los nueve años por la violencia. Me trataban de ella [pronombre femenino] y bueno, también viví otras cosas. Pasé situación de calle y muchas otras violencias las pasé sin una red de apoyo. La discriminación desde niño duele, es bien feo sentirse solo», me cuenta con su voz entera.

El seno familiar no siempre es un lugar seguro para todos. Ahí, los hombres trans como Bryam, que también fueron niños y adolescentes pueden ser víctimas de agresiones físicas, psicológicas y sexuales por motivo de su identidad de género.

«Las famosas violaciones correctivas pueden aumentar en esta crisis. Aumentan, pero sin denuncia. No se denuncia por miedo. Es una crisis que tenemos muy fuerte y eso indigna, desgasta y duele porque te toca enterarte de cosas que al final solo te queda como información porque no puedes hacer absolutamente nada legalmente», así alerta Alex Castillo lo que representa un tipo de violencia sexual que tiene como esencia «castigar» a aquellas personas que desafían las normativas del género.

De acuerdo al estudio exploratorio de 2018 realizado por el colectivo Trans-Formación de Guatemala, el 62% sufrió discriminación y violencia en su entorno familiar. Además, el 28% ha sido violentado sexualmente en entornos privados y el 10% no está seguro.

Angel Guido, mejor conocido como Angelito e integrante de la primera organización de Hombres Trans de Nicaragua me comenta por chat de Whatsapp que, hasta finales de julio de este 2020, tienen registro de tres actos de violencia contra hombres trans en su país durante la emergencia sanitaria. «1 negación a la salud, 1 violencia callejera, 1 de violación y embarazo no deseado», responde. No dice más.

En 2013, Rafael Mazin, entonces asesor principal en temas de salud y VIH de la Organización Mundial de la Salud, dijo, «la homofobia y la transfobia son problemas de salud pública que se tienen que enfrentar». Sin embargo, en América Latina no hay políticas públicas que tengan un enfoque para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las personas LGBTI+, tampoco estadísticas oficiales que permitan visibilizar este problema.

En consecuencia a la falta de estadísticas oficiales, son las organizaciones civiles las que generan informes sobre crímenes de odio contra personas LGBTI+, sin embargo, cuentan con pocos datos sobre asesinatos contra hombres trans. Apenas el informe Sin Violencia LGBTI [2014-2018], realizado por diez organizaciones de América Latina da cuenta de que en Honduras un hombre trans fue asesinado en 2016 y siete en Colombia ese mismo año.

El 9 de enero de 2020 fue asesinado en la ciudad de Guatemala, Hanss Acevedo, él era activista e integrante del colectivo Trans-Formación.

«Desde el momento que lo asesinaron, desde que se abordó la noticia y de cómo le dio seguimiento el MP [Ministerio Público] ha sido tratado con su nombre no elegido. Su asesinato no se ha investigado como un crímen de odio. Mi mejor amigo no ha recibido justicia», me cuenta por videollamada Alex Castillo.

La ausencia del reconocimiento de la identidad de género de las personas trans en Centroamérica y la omisión de los Estados para afrontar la crisis de crímenes de odio contra la población LGBTI+ en esta región, obstaculiza e impide su acceso a la justicia.



Salir en cuarentena y poder ser violentado


La situaciones de violencia extrema o de agresiones en espacios públicos contra hombres trans son difíciles de registrar. Pero esta pandemia develó una forma en la que la medida de restricción de movilidad por género, al menos en Colombia y Panamá, provocó que personas trans fueran discriminadas y violentadas.

Pau González ha escuchado el miedo en las voces de las personas trans que hacen sonar su celular. Una voz a su teléfono dice «qué hago, [inaudible] salió de acuerdo a su cédula y se la llevan presa». Pau también tiene miedo, lo siente desde el primero de abril de este 2020. Ese día entró en vigor la restricción obligatoria que limitaba la salida de las personas dependiendo su sexo asignado al nacer.

De esa fecha al 17 de julio la organización Hombres Trans Panamá y la Asociación Panameña de Personas Trans contabilizaron 28 casos de discriminación donde no se respetó la identidad de género y la movilidad de las personas trans, del total 10 fueron contra hombres trans. La Policía Nacional ha sido la perpetuadora de estas violencias en más de la mitad del total de casos.

Un testimonio de un hombre trans plasmado en el documento de sistematización de denuncias, dice: «Me veo como un hombre cualquiera, aunque mi cédula dice que soy una mujer. Quería evitar problemas, así que salí el día de las mujeres. La policía me detuvo en la puerta del súper. Les expliqué que mi cédula dice sexo M, pero me impidieron entrar porque iba a ‘alterar a las mujeres que estaban en la fila’. No pude hacer la compra que tenía que hacer».

La salida diferenciada por género dejó de aplicarse en Perú y Colombia. En Panamá, las personas trans vivieron durante 6 meses y medio con una medida que les obligó a elegir entre recibir una multa, ser violentadas o hasta ir a la cárcel cada vez que necesitaban salir de casa. La medida fue retirada el 14 de septiembre de 2020.

Durante la aplicación de la medida de restricción de movilidad por género, el Ministerio de Seguridad Pública emitió solo dos comunicados pero en ninguno mencionó cómo garantizar que a las personas trans y con expresión de género no normativa no se les discriminara.

Pese al miedo y las llamadas al celular que no dejaron de sonar, Pau intenta parar, darse un tiempo para él. Durante estos meses su vida estuvo entre su activismo y conservar su trabajo en bienes raíces.


Desafiar al destino


Para aliviar las vulneraciones económicas, alimentarias y emocionales que trajo la pandemia los hombres trans de Centroamérica comenzaron a organizarse a nivel local pero también como región con ayuda de la Red de Colectivos Americanos de Hombres Trans y personas disidentes del género femenino asignado al nacer [REDCAHT+], de la cual Alex Castillo es coordinador.

Poco a poco las organizaciones de hombres trans de Guatemala, El Salvador, Costa Rica y Panamá comenzaron a activarse. Realizaron colectas para proveer bolsas con alimentos, kits de higiene y en algunos casos, cheques económicos para aquellos que se veían en peligro de quedar en la calle por falta de pago de rentas.

Mientras, en Honduras y Nicaragua, la situación socio-política e incluso la necesidad de pasar inadvertidos por seguridad, hace que, pese a que existen los colectivos Hombres Trans Honduras y Hombres Trans de Nicaragua, sus opciones para organizarse son limitadas. Sin embargo hacen esfuerzos por seguir conectados pese a que vivan cuarentenas más solitarias. 

Frente a todo eso, algo que me interesaba conocer es ¿Cómo se organizan?,  ¿Qué acciones han llevado a cabo para apoyarse?, ¿Cómo se acompañan?


Alex en Guatemala



«Empezamos a dar apoyo a finales de marzo a diez hombres trans. De abril a julio apoyamos a 20 hombres trans cada mes. A 15 se les da una despensa y a 5 se les da apoyo en efectivo para pagar donde viven para que no sean expulsados. Además, hemos apoyado a algunas mujeres trans mayores. La gente no tiene cómo movilizarse entonces yo voy en mi coche a entregar los apoyos. Después de julio no sé que voy a hacer porque es cuando termina el apoyo del fondo internacional que recibe Trans-Formación. Yo vivo de un trabajo, soy un asalariado y a partir de agosto no sé cómo seguir apoyando. Esa es la realidad que me está tocando vivir como líder en Guatemala frente a un colectivo que nadie quiere y pocos apoyan».


Bryam en El Salvador



«Hemos hecho campañas virtuales en redes sociales para informar de nuestros derechos y de la situación de emergencia, tanto para nosotros como para los cuerpos uniformados de seguridad y personal de salud. Desde que comenzó la pandemia comenzamos a gestionar con entidades nacionales gubernamentales y organizaciones internacionales la forma de alcanzar apoyos a algunos compañeros y también incluimos a mujeres lesbianas y bisexuales. Con la Secretaría de Inclusión Social logramos apoyar a 25 personas para que recibieran el bono de 300 dólares [una medida adoptada por el gobierno que buscó mermar los impactos económicos por la pandemia] y también se intentó gestionar la canasta solidaria que brindaban las alcaldías pero identificamos que en cada sector los líderes comunitarios discriminaban a las personas LGBT, en el caso de hombres trans, 4 fueron discriminados, incluyéndome. Y con apoyos internacionales se ha logrado apoyar a 50 personas directamente e indirectamente a sus familias, sus parejas y sus hijos que también se vuelven nuestros hijos. Hemos tenido mucho más trabajo pero ha valido la pena».


O’brayan en Honduras



«Fíjate que ha sido un proceso bien difícil. Desde hace ya un año que intentamos colectivizarnos pero ha sido super difícil. Hemos logrado contactarnos 15, 16 compas trans, pero vivimos a distancias de 3 hasta 8 horas. Lo que hemos tratado de hacer es usar Zoom con los que tiene el acceso porque no todos tienen acceso a internet, hemos tratado de dedicar tiempo para platicar, de ver cómo estamos, de hablar de algún tema. Nos hemos comunicado con el personal de la REDCAHT+ donde hemos conversados de diferentes temas e intentamos aprovechar ese momento para informarnos. Sin embargo, todos hemos tenido que resolver nuestras necesidades individuales, nos ha tocado así y aunque queramos buscar las formas colectivas se nos es muy difícil. Cada quien ha tratado de sobrevivir pero también hay desánimos y esta carga que tenemos nos quita toda estas ganas de poder hacer algo. Y vamos comenzando. Somos pocos los que damos la cara para representar a les compas porque hay quien definitivamente no puede por las reacciones de sus familias. Pero aquí estamos, intentando».


Ángel en Nicaragua



«Debido a la crisis sociopolítica del país y la pandemia las acciones son mínimas y se han visto orientadas a un acompañamiento social y no político. Hasta el momento como Movimiento de Hombres Trans no hemos tenido acceso a financiamiento para brindar apoyo a nuestra comunidad».


Jean en Costa Rica



«Las mujeres trans comenzaron a organizarse antes que nosotros y comenzamos a hablar en el grupo de coger esa buena práctica. Pusimos un anuncio en el grupo y para sorpresa nos escribieron solo 15. Y pensamos: deben ser más; pero acá los chicos trans son muy poco visibles, pero por dicha hicimos esa primera campaña y recibimos apoyo de muchas personas conocidas. Volvimos a abrir una segunda campaña y nos apoyó la comunidad de Escazú donde se beneficiaron 13 y recientemente lanzamos la tercera campaña. Las bolsas constan de un diario básico (canasta básica) y un kit de higiene. Los chicos han ido variando y también hemos apoyado a tres chicas trans. Por momentos me siento feliz en medio de todo esto que es triste, de ver que el trabajo está funcionando y puedo dar algo de mí desinteresadamente. Me siento motivado».


Pau en Panamá



«Desde el 1 de abril nos pusimos en contacto con los grupos de chicas trans y les dijimos: miren,  vamos a tener que ponernos las pilas. Hicimos dos formularios, uno para visibilizar los casos de discriminación y documentarlos y otro para una red de solidaridad trans para alzar fondos y poder hacerles llegar comida. Hemos logrado alcanzar a 140 personas en 6 provincias del país. Esto ha sido bastante trabajo pero un trabajo bastante gratificante porque sentimos que en medio de lo negativo siempre puede haber cosas positivas. Un grupo de psicólogos y psicólogas se apuntaron y abrimos un grupo de acompañamiento, no solo para Panamá sino para Latinoamérica y el Caribe. Y en realidad con todo los retos que hay, para nosotros es bastante».


La insistencia de seguir luchando


El panorama en Centroamérica para los hombres trans y personas transmasculinas no se percibe tan esperanzador a nivel legislativo y social. Su derecho a la identidad no está garantizado, el acceso a la salud integral no existe y en los entornos escolares y familiares siguen ejerciendo violencias y discriminación contra ellos.

Frente a eso, Alex, Bryam, O’brayan, Ángel, Jean y Pau siguen organizando sus resistencias y con sus formas de liderar, de acompañarse y de existir defienden no solo sus derechos, también la alegría para aligerar los caminos. Al final, parte de su apuesta es transformar su realidad y la de sus compañeros.

Alex: «Ha sido complejo coordinar cosas en medio de una pandemia. Estar en sintonía con nueve países y cada quien haciendo cosas tan distintas. Yo tocando de puerta en puerta a ver quién me puede dar un bote de leche; así como tenemos al compañero en Uruguay con la Olla Popular Trans que da de comer a 150 personas diariamente; o donde tengo a un Pau en Panamá que está trabajando su incidencia increíblemente con tal de que levanten la restricción de género, eso y más se vuelve una locura pero dentro de todo seguimos intentando y seguimos activando en tiempos de crisis».

Bryam: «Sí miro esperanza. Y bueno, la intención no era que pasaramos esto pero algo bueno tiene que salir de todo. Una de las cosas es que acá compañeros se están interesando mucho más en organizarse y eso me gusta porque las personas LGBT hemos normalizado la violencia. Empoderarse es una de las recompensas que se ha dado en este momento para los compañeros y eso es bueno porque en algún momento vamos ser muchos con tal que se cumplan nuestros derechos. Yo por ejemplo no podría haberlo hecho sin el apoyo de Villy Rivera».

O’brayan: «Creo más que nada es importante recalcar que no hay niveles de quién sufre más, quién sufre menos. Nuestras violencias son súper distintas a las de una mujer trans, pero vivimos violencias. No creamos que los que vivimos una masculinidad hegemónica no nos pasa nada. Porque aún así aunque no salgamos hay compas que están viviendo violencia intrafamiliar. Las violencias que vivimos no son menos y nos afecta desde hace mucho tiempo no solo ahora».

Ángel: «Sí, veremos hombres trans forzados a dejar su identidad para conseguir un trabajo y evitar la discriminación. La población de hombres trans en Nicaragua hemos sido totalmente aislados, incluso por otros colectivos de mujeres trans, esto ha debilitado el movimiento transmasculino y el mayor riesgo es la desarticulación del único movimiento trans masculino en Nicaragua».

Jean: «Sí, que nos ha unido, que los que escriben pidiendo ayuda también me escriben diciendo que quieren ser parte de Siwo Alar, a partir de algo que fue doloroso porque no ha de ser sencillo pedir ayuda y han empezado a llegar más personas al grupo. También hemos estado en contacto con los otros dos grupos de hombres trans de Costa Rica y parece ligero pero es la primera vez que tenemos un chat de Whatsapp sin agarrarnos del pelo».

Pau: «No podemos perder las esperanzas. Muchas veces en diferentes situaciones podemos sentir desesperanza, pero yo soy de las personas que creen que las cosas pueden cambiar y que cada uno de nosotros podemos ser una pieza para lograr ese cambio. Cada acción es importante para lograrlo. No debemos esperar a que nos pase algo para entonces tomar conciencia de otra persona. Y no hay que olvidar que hubo países que lucharon para que se reconozcan sus derechos.Nos tenemos que enfocar en el camino y seguir hacia adelante».

Y en esta crisis, los hombres trans de Centroamérica transforman su presente y futuro. Insisten, crean las formas para sostenerse, alimentarse, organizarse, trabajar, resistir y acompañarse.



Georgina González Álvarez: Ciudad de México, 1991. Reporterx independiente. Me enfoco en derechos humanos y personas LGBT+. Me importan las narrativas de resistencia y esperanza con perspectiva de géneros. Soy una persona trans* no binaria, colecciono fanzines cuir y a veces hago videos cortos que subo a @salirsedelsurco

Thomas Cervantes. Ciudad de México, 1994. Artista plástico y performer. A través de mi trabajo exploro los devenires del cuerpo y su construcción política-social. Siento gran interés por las especies [plantas y animales] que modifican su sexualidad para reproducirse, adaptarse al ambiente o para sobrevivir. Me gustan las figuras geométricas y me considero una persona trans*. Pueden ver mi trabajo en @transpolares

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