Derechos de las mujeres

Orquídeas Barrilete: mujeres que tejen tradición en Sumpango

Orquídeas Barrilete es un grupo de mujeres que rompe el machismo y mantiene viva la tradición de los Barriletes Gigantes de Sumpango, Guatemala.

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Fotografías: Cristian Gutiérrez, Agencia Ocote y Valeria Ávila, Contracorriente.

La tradición ancestral de los Barriletes Gigantes de Sumpango, en Sacatepéquez, Guatemala, que se celebra cada 1 de noviembre, ha encontrado en Orquídeas Barrilete una voz de resistencia y empoderamiento femenino. Este grupo, fundado por Sara Xicón hace más de 25 años, es pionero en un arte históricamente dominado por hombres. 

Sara, quien participa en esta tradición desde hace más de 30 años, recuerda que la idea de crear un grupo integrado únicamente por mujeres surgió junto a su hermano y su hermana, con un objetivo claro: que “las mujeres trasciendan, que las mujeres participen”. En ese entonces, la participación femenina se limitaba casi exclusivamente a tareas de apoyo, como preparar refrigerios o el desayuno. Hoy, Orquídeas Barrilete está conformado por alrededor de 20 integrantes —entre niñas, jóvenes y mujeres adultas— y funciona también como una escuela donde se enseña el arte de cortar y pegar papel.

Sara es una mujer indígena maya kaqchikel de 50 años. Para fundar Orquídeas Barrilete tuvo que enfrentar un entorno marcado por el machismo en Sumpango, donde históricamente las mujeres eran relegadas al ámbito del hogar y de los cuidados. Relata que, en sus inicios, el grupo recibió muchas “pedradas”: críticas y señalamientos que las acusaban de querer competir con los hombres. Sin embargo, Sara se mantuvo firme. Su propósito nunca fue competir, sino involucrarse y abrir camino. Para ella, era fundamental dejar un legado y demostrar que, al quitarse el peso del machismo, las mujeres pueden reclamar su lugar: “Yo puedo, yo quiero, pues tengo que poder”.

El impacto de Orquídeas Barrilete ha sido significativo. A partir de su experiencia, hoy existen al menos cuatro o cinco grupos conformados exclusivamente por mujeres que participan en la elaboración de barriletes gigantes.

El proceso de creación de cada barrilete es largo y meticuloso. Inicia entre abril y junio, con reuniones virtuales o presenciales en las que el equipo realiza una lluvia de ideas para definir el tema del año, generalmente vinculado a la cultura, las tradiciones y los pueblos indígenas y nacionales. Actualmente, los grupos incorporan herramientas digitales para diseñar las piezas, que luego se imprimen, se amplían y se trasladan al papel bond, donde se traza el diseño final sobre papel china. Sara explica que el trabajo es profundamente personal: cada integrante plasma en el papel —como si se tratara de un bordado o un tejido— su estado emocional, ya sea de alegría o tristeza.

Mantener viva la tradición implica sacrificios que van más allá de lo artístico. Muchas de las integrantes estudian o trabajan, y aun así dedican fines de semana completos a la elaboración de los barriletes, sacrificando tiempo de descanso y sueño. El grupo no exige cuotas económicas; lo único indispensable es la voluntad y la pasión. En los primeros años, Sara y sus hermanos cubrían todos los gastos: cañas, papel, lazo y otros materiales. Con el tiempo, el grupo ha logrado sostenerse gracias a pequeños apoyos de organizaciones, aportes de personas particulares y un premio municipal de 200 quetzales otorgado el día de la actividad. Estos recursos se administran cuidadosamente a través de una caja chica.

La elevación de los barriletes el 1 de noviembre tiene un profundo significado ancestral. Sara cuenta que sus abuelos les explicaban que el choque del papel y el sonido del zumbador colocado en el barrilete servían para ahuyentar a los malos espíritus que emergían del inframundo y perturbaban tanto a las ánimas buenas como a los vivos. Por esta razón, la tradición está estrechamente ligada al Día de Todos los Santos. Aunque antiguamente la actividad se realizaba en el cementerio, hoy se lleva a cabo en un campo abierto, debido a la magnitud del evento y para evitar daños a las tumbas, transformándose con el tiempo en un festival cultural y artístico.

Días antes del lanzamiento oficial, Orquídeas Barrilete realiza una prueba de vuelo con todas las integrantes. El objetivo es prepararlas para enfrentar cualquier eventualidad en caso de que Sara no esté presente: cambios climáticos, dificultades técnicas, incorporación de nuevas integrantes o incluso accidentes. En estas jornadas, su hija mayor asume el liderazgo cuando es necesario, motivando al grupo y estableciendo reglas para el cuidado del equipo y de las personas visitantes.

La prueba de vuelo consiste en armar el barrilete desde cero en el campo: llevar los materiales, ensamblar la estructura y, finalmente, elevarla al cielo, tirando del lazo y corriendo contra el viento.

El día del lanzamiento, la preparación es completamente femenina. “Lo hacemos nosotras: lo armamos, lo arreglamos, cargamos las cañas, el bambú y todo lo necesario”, afirma Sara. Recuerda un año en el que, por problemas personales, no pudo subir al campo el 1 de noviembre. Antes de ausentarse, les dijo a sus compañeras: “Ahora es cuando. Ahora tienen que hacerlo, porque yo no voy a estar con ustedes”. Ellas lograron elevar el barrilete por sí solas. Para Sara, ese momento confirmó su convicción más profunda: “Las mujeres podemos. Tenemos que tener coraje para hacer las cosas”.

El impacto que Orquídeas Barrilete busca dejar va más allá de un trofeo o una fotografía. Su propósito es plasmar mensajes en los barriletes y proyectarlos a nivel nacional e internacional. El tema trabajado ese año fue un homenaje a Quetzaltenango, destacando su indumentaria tradicional, su emblemático kiosco y la marimba, junto a referencias a canciones icónicas como Luna de Xelajú. El mensaje final para quienes visitan la exposición es que no se queden solo con el “qué hermoso”, sino que se acerquen a las artistas y comprendan que cada barrilete no es una pintura, sino el resultado de miles de pequeños trozos de papel que contienen historia, memoria y la esencia cultural de Guatemala.

Este producto es resultado de la segunda edición de La Mediatón, el laboratorio de innovación periodística de Alharaca.

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