Haciendo Calle: una iniciativa anti-pandémica de y para personas trabajadoras sexuales en CDMX

GLAMSex | 05/01/2021

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Por Claudia Torres de GLAMSex*. La crisis desatada por el coronavirus y las medidas de los gobiernos ante ella exacerbaron los problemas estructurales frente a los que las personas trabajadoras ya eran vulnerables. Pese a los intentos de apoyo desde el gobierno local en Ciudad de México, esta población se vio en una situación sumamente precaria durante las cuarentenas. Sin embargo, encontraron maneras creativas de negociar estos impactos.


*Esta es la primera de las columnas regulares del Grupo Latinoamericano de Análisis/Acción sobre los Mercados Sexuales (GLAMSex).



A todas las personas, la pandemia nos tomó por sorpresa. No imaginábamos las implicaciones que podría tener una crisis epidemiológica ni estábamos preparadas para responder de manera efectiva.  

El 2 de abril de 2020, frente a la rápida propagación del coronavirus en la Ciudad de México, el gobierno capitalino dio instrucción de cerrar los “establecimientos de actividades no esenciales” en los que podría haber concentración de gente. Esta lista incluía gimnasios, bares, salones de baile, casas de masaje y, entre otros negocios, hoteles.  

La medida, por supuesto, estaba pensada por y para el ciudadano promedio: esa persona que trabaja en una oficina y, de ahí, pasa un par de horas en el transporte público antes de llegar a su domicilio particular. El problema es que una buena parte de la población no vive bajo esos términos. Por ejemplo, las personas trabajadoras sexuales, muchas de las cuales trabajan para poder comer el día a día y pagar su estancia en un hotel por una noche, poder dormir y despertar a la mañana siguiente para repetir el proceso. Por ello, para esta población, el cierre de actividades económicas —entre las cuales estuvo el cierre de hoteles— y el confinamiento significó quedarse desempleada y convertirse en población de calle de un día para otro.  

El cierre de hoteles no fue una obra de mala voluntad por parte del gobierno local. Incluso, unos días más tarde, la Secretaria de Bienestar y Desarrollo Social de la Ciudad de México implementó un programa de apoyo emergente a trabajadoras sexuales, con el cual repartió 3,001 tarjetas con mil pesos mexicanos ($50.36 dólares) cada una a algunas personas trabajadoras sexuales de la Ciudad de México. A los mil pesos iniciales, se sumaron otros mil que fueron depositados a quienes pudieron recoger sus tarjetas en la primera entrega. Sin embargo, no solo varias trabajadoras no pudieron recibir su tarjeta debido a problemas logísticos y geográficos (muchas migraron a sus lugares de origen antes de la entrega), sino que dos mil pesos/ ($100.72 dólares) no serían suficientes para mantener a las personas beneficiarias y a sus familias durante todo el tiempo que duraría la pandemia. La clientela fue escaseando conforme avanzaba la cuarentena. También fueron escaseando los escasos ahorros que tenían algunas personas trabajadoras sexuales.  

Las estrategias de supervivencia entre las personas trabajadoras sexuales fueron variadas: solicitar otro tipo de trabajo, pedir prestado, utilizar los apoyos de las organizaciones, mudarse con familiares o amigos, etc. Entre esas estrategias, destaca la campaña Haciendo Calle, a través de la cual se entregaron despensas, ropa e insumos de salud a personas trabajadoras sexuales, especialmente a las de la tercera edad. Otras iniciativas de esta campaña fueron bazares de ropa a precio de remate, conciertos, talleres que muestran la diferencia entre trabajo sexual y trata de personas.  

Esta iniciativa nació de la Alianza Mexicana de Trabajadoras Sexuales, grupo de mujeres cisgénero que ejercen el trabajo sexual en línea, y el Centro de Apoyo a las Identidades Trans, que trabaja con mujeres trans precarizadas, incluyendo trabajadoras sexuales. El Condomóvil, un carro repartidor que se encarga de distribuir condones e insumos de protección a la población en general, también contribuyó a la causa.  

Como en otros países, la crisis que desató el coronavirus exacerbó los problemas estructurales frente a los que las personas trabajadoras sexuales ya eran particularmente vulnerables, por ejemplo: la precariedad del sistema de salud, la desigualdad socioeconómica, el estigma y la incertidumbre legal. Pero a pesar de todo, en la Ciudad de México,  encontraron maneras creativas de negociar el impacto no sólo de la pandemia, sino de la respuesta del gobierno frente a ella.  

Las personas que ejercen el trabajo sexual aún necesitan apoyo. Para apoyarlas, sigue a los grupos organizados en redes y mantente al tanto de su agenda en apoyo a las  personas trabajadoras sexuales. Tu colaboración zorrora es muy importante.  



AMETS 

FB: @AlianzaMexicanadeTrabajadorasSex 

CAIT 

Twitter: @CentroTrans 

FB: @CentroApoyoIdentidadesTrans 




Claudia Torres es abogada mexicana y en los últimos meses ha acompañado a trabajadoras sexuales en Ciudad de México como parte de su trabajo para tesis doctoral. Está haciendo su doctorado en Derecho en la Universidad de Harvard.  

Claudia es parte del Grupo Latinoamericano de Análisis/Acción sobre los Mercados Sexuales (GLAMSex), integrado por investigadoras latinoamericanas interesadas en el análisis crítico de los mercados sexuales en contextos locales de Latinoamérica desde el campo de las ciencias sociales y humanidades.

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