Mientras no estabas

Lauri García Dueñas | 10/01/2023

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La escritora y periodista Lauri García Dueñas se dirige al padre de sus hijos. En este texto, le hace un recuento de todo lo que él se ha perdido al dejar el cuidado de sus hijos sobre la autora. Por un lado, los padres ausentes no asumen el trabajo constante y pesado de la crianza, pero también se pierden de la infancia de los seres que trajeron al mundo.



Mientras no estabas, encontré un lugar dónde vivir. 

Amueblé el lugar vacío con muebles que me donaron. 

Inscribí a los niños en una escuela pública y otra privada para poder cubrir el horario de 8 a.m. a 5 p.m. 

Creé rutinas y traté de seguirlas para sobrevivir y poder trabajar. 

Acepté que seguiré siendo trabajadora independiente para poder llevar y recoger a los niños y coordinar el trabajo del hogar que requieren. 

Y poder pagar el 80% de los gastos. 

A pesar de mis cuidados, algunas veces, ellos enfermaron y tú no estuviste para recoger el vómito, limpiar el piso de heces, poner trapos mojados, comprar medicina, dárselas. 

Mientras no estabas, compré y cambié muchos pañales, nunca le tuve miedo al popó, tenía más miedo de vivir contigo, todo el tiempo degradándome, criticándome, humillándome. 

Pero el huir de ti nos trajo muchas consecuencias. 

Nuestro hijo mayor a veces pregunta por tu persona, cada vez menos. Pero sé que guarda para sí una tristeza muy de él. 

No los has visitado en más de dos años y, cuando te hablan una vez a la semana, te ves muy sonriente y descansado en tu hamaca. 

Siempre me he preguntado cómo hacen los padres ausentes para dormir tranquilos. 

Todavía no lo sé. 

Mientras no estabas, tuve que recordar la fecha de todas las vacunas, ir a juntas de padres aunque estas interfieran con mis horarios laborales, comprar todas las cosas de la casa y todo el material didáctico. 

Hacer listas en mi cabeza, conseguir los elementos de esas listas y los regalos para las piñatas. 

«¿Ya estás de vacaciones?», le preguntas al mayor, «¿qué haces en vacaciones?», insistes, como si mandaras dinero para la recreación de tus hijos. 

No, lo que les mandas es la cuota de la leche del menor, no mucho más. 

Mientras no estabas, pagué un año de terapia para A. La necesitaba y tú sabes el porqué. 

Mientras no estabas, enfermé, me cansé, vi cómo mi cuerpo se fue hinchando y cómo cada vez me cuesta más agacharme y, hasta las tres veces que tuve COVID, cuidé a los dos niños. Sudando de fiebre, cuidé, cuidé. 

A veces, te he envididado porque tienes tiempo libre para salir de noche, estudiar algo que te interese, tienes un trabajo con prestaciones. Paseas en el auto nuevo que te regalaron.

Pero otras veces no te envidio. 

No estuviste cuando el menor aprendió a caminar. No sientes sus patitas de noche o sus abrazos. No amaneces entrelazado. 

No estuviste en primera fila cuando el mayor bailó una canción de Chayanne en el parque o se graduó de parvularia. 

Tampoco ves sus caras antes de dormir, ni oyes el cascabeleo de sus risas, ni te cuentan qué hicieron en la escuela. 

Sí, tal vez yo no tengo tiempo libre, mi salud física y mental tambalean, pero me considero una persona responsable. Los hijos son para siempre. 

Al final de mi vida, sabré que no me perdí la infancia de mis hijos. 

Espero que un día los visites, te libraste de muchas cosas, pero también te perdiste de las mejores. 

No te odio. A veces, te compadezco. Yo no podría vivir sin ellos. 


  • Según El País, sólo un 7% de los padres comparten equitativamente la crianza de los hijos.
  • Según ONU Mujeres, las mujeres realizan tres veces más de trabajos del hogar que los hombres.

Etiquetas:paternidades

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