Nadie sabe entender a las víctimas

08/03/2022

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En esta carta, parte del especial «Reflexiones adolescentes sobre el feminicidio», Merlyn del Cid lamenta que tantas mujeres sean víctimas de feminicidio o que se suiciden por toda la violencia que han experimentado, y, además, que nadie supiera entenderlas ni acompañarlas en este proceso.

La legislación que busca garantizar una vida libre de violencia para niñas, adolescentes, jóvenes y mujeres en El Salvador es de avanzada. El Salvador es pionero en América Latina en reconocer y condenar el delito de suicidio feminicida por inducción o ayuda. Esto está normado en el artículo 48 de la Ley Especial Integral para una Vida Libre de Violencia para las Mujeres, mejor conocida como LEIV. 

La LEIV fue aprobada el 25 de noviembre de 2010 y entró en vigor el 1 de enero de 2012. En marzo de 2019, la FGR reportó la primera condena por este delito: Heriberto Carlos Hernández Flores, de 35 años, fue condenado a ocho años de cárcel por los delitos de violación y suicidio feminicida por inducción o ayuda. Es decir, por cometer la violación que llevó a la víctima a suicidarse.

En el 2019, de acuerdo con datos de la Fiscalía General de la República, hubo 8 denuncias por suicidio feminicida por inducción o ayuda. Para el 2020, fueron 13. Así, este se convirtió en el quinto delito de violencia contra las mujeres más denunciado.

En esta carta, Merlyn del Cid lamenta que tantas mujeres sean víctimas de feminicidio o que se suiciden por toda la violencia que han experimentado, y, además, que nadie supiera entenderlas ni acompañarlas en este proceso.


Ilustración por Alejandro Sol.

Por Merlyn de Cid, 18 años


Queridas Liliana y Graciela:

No puedo ni imaginar lo que sufrieron, la pena y la amargura que vivieron en lo más profundo de su ser. Los nervios y los miedos que tuvieron demasiadas veces, los dolores que inundaron su mente y su cuerpo. He conocido a demasiadas mujeres maltratadas y que fueron víctimas de feminicidios o se suicidaron por toda la violencia que sufrían. Nadie supo entenderlas por falta de empatía.

Todos los que las conocieron sufrieron por la desgracia que pasó. Ese día fue de los más tristes de su vida, siento una gran pena por su familia y seres queridos.

Una vez más se nos confirma que los humanos no sabemos nada del misterio de la vida, del por qué Dios no evita que personas en plenitud nos dejen en este valle de lágrimas, por qué suceden las injusticias como las de perderlas a ustedes.

Aquí estoy para expresarles el respeto, cariño y agradecimiento por lo que fueron en vida.


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