Reconocer, remunerar y redistribuir el trabajo de cuidados

Lauri García Dueñas | 07/12/2021

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Criar es un trabajo duro, especialmente para las madres solteras que no cuentan con el respaldo que merecen en nuestras sociedades. Por eso, tener tiempo y espacio para sí es esencial. Durante la pandemia, las dinámicas cambiaron y el trabajo de cuidados incrementó. En su columna de cierre de año, Lauri García Dueñas nos recuerda la importancia de repensar radicalmente cómo se reconoce, valora, recompensa y distribuye el trabajo de cuidados.


Hoy fue el primer día desde el 20 de marzo de 2020 que mis dos hijos fueron juntos a la escuela y yo pude trabajar y hacer mandados sola. La mayoría del día me mantuve encerrada escuchando el silencio. No abrí las ventanas ni prendí nada. Mis neuronas todavía no lo pueden creer.

El 30 de noviembre, también celebré un año de haber salido de la casa de mi exmarido, quien me abusó verbal, sicológica y económicamente por casi seis años. También me dobló el dedo anular de la mano derecha y no me quedé a comprobar si cumpliría su amenaza de que yo moriría en su casa y jamás saldría de ahí. Supe que estaba embarazada de mi segundo hijo el 18 de noviembre de 2019 y, desde entonces, se sucedieron los dos años más difíciles de mi vida. Gestar es en sí un trabajo, mientras moría de ganas de tomar siestas para que las células nuevas se reprodujeran plácidamente en mi cuerpo, atendía casi ininterrumpidamente a mi hijo de entonces tres años. Encerrados, ansiosos.

Fueron meses duros, marcados por la incertidumbre, el miedo y el dolor de la pandemia, pero también de una relación que me hacía mucho daño y pudo terminar con mi vida. Mi caso se reprodujo por millones en el mundo. Muchas quedamos atrapadas en la casa de un abusador.

En estos meses, les he contado un poco cómo me he batido contra la precariedad económica, mis días de 80 % cuidados de mis hijos y 20 % de tiempo accidentado para el trabajo remunerado. Hoy, me siento un globo desinflado. Veo cómo el suelo de la casa debería ser barrido o trapeado y cómo podría lavar algunas cosas o revisar la refrigeradora para desechar lo que no sirve. Pero he hecho muy poco. Estoy exhausta física y mentalmente. Tampoco pude trabajar frenéticamente en la computadora como tenía planeado. Fui a pagar recibos y estuve un tiempo echada sobre mi espalda en la cama durante la tarde, sin ser aplastada por ningún mamífero pequeño y sin escuchar gritos en mi oído.

He querido llorar pero aún no lo he hecho. Estoy de luto por mí y por mis colegas, por las mujeres que hemos criado sin parar durante los dos años más dolorosos de la historia reciente de la humanidad. Unas en peores condiciones que otras. Muchas sin trabajo fijo y toreando la precariedad. Mañana volveré a mis actividades laborales, porque ahora tengo dos cuotas de la guardería privada que pagar, pero en este momento estoy disfrutando la delicia intransferible de apretar las teclas de mi ser escritora. Creo que las madres también somos mujeres y tenemos deseos y sueños más allá de nuestras funciones como cuidadoras.

Si algo tengo que pedirles a todas, todos y todes los que me leyeron en esta columna durante 2021 es que pensemos radicalmente. Los trabajos de cuidados deben reconocerse públicamente, son los que permiten que todo el resto del tinglado económico se sostenga, no debe ser invisible, ofensivo ni peyorativo dedicarse a cuidar, si han cuidado, saben que es el trabajo más difícil y cansado que existe; además, aquellas o aquellos miembros de las familias que cesen sus trabajos remunerados por criar deberían ser remuneradas y tres, si todos los miembros de la familia realizaran el trabajo del hogar y de cuidados, este no recaería en una mujer esclavizada y anulada como sujeta.

También pido lo siguiente en voz alta: por favor, debe haber un cese de la violencia en contra del cuerpo y la mente de las mujeres que crían. Embarazarse, parir y criar te pone en una posición vulnerable que muchas veces te hace presa fácil de abusadores y misóginos. Es el deber del Estado, los gobiernos, la sociedad y la familia garantizar la protección para todas aquellas mujeres que estamos pariendo o criando.

No soy ingenua, pero tengo esperanza en la sociedad civil. Espero que el 2022 sea un año más justo para todas aquellas que sostenemos la vida entre cuatro paredes, a veces las y los niños lloran, criarlos y acompañarlos a convertirse en seres humanos plenos es tarea de toda la sociedad, no sólo de las madres estresadas y angustiadas. Feliz 2022 para todas mis colegas mamíferas. Aquí nos leeremos pronto en la trinchera del activismo por maternidades y no maternidades libres y dignas. Gracias a quienes cuidan a las que cuidan. Mi corazón es su casa.

Etiquetas:Maternidad

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