04.06 – Vivo entre dos planetas completamente diferentes

Jimena Aguilar | 04/06/2020

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Al día siguiente, cuando me desperté y estaba por arreglarme para ir al trabajo, caí en cuenta de que no podía ir. Si esa prueba resultaba positiva, yo podría ser el inicio de una cadena de contagio en la universidad.

Ilustración por Natalia Franco

Colonia, Alemania

Jueves, 1 de junio de 2020

Hola,

Gabi, gracias por tu carta. Que duro debe ser estar en El Salvador en estos momentos. Te mando mucha fuerza.

Yo siento, como lo hablábamos con Lya, que estoy viviendo entre dos planetas completamente diferentes. Paso de vivir en digital lo que pasa en El Salvador —con llamadas a mi familia, leyendo tuits de Bukele, noticias de la pandemia en El Salvador y, ahora, viendo los vídeos de las lluvias y los destrozos que han causado— a vivir en este país donde la vida ya empieza a tomar forma. Aquí en Alemania, ya se está reabriendo la vida, creando esta nueva normalidad, aunque manteniendo la distancia entre personas, mascarillas para entrar a lugares, y otras restricciones. Pero, en realidad, todo funciona ya de una forma extraña y normalizada.

La peor etapa fue entre marzo y abril, ahora ya los índices de contagio son bajos y ya abren restaurantes, bares y en los espacios públicos hay muchas personas tomando sol. Ya llegó el verano y los parques se llenan de gente cada vez que hay sol.

El parque, en general, ha sido mi lugar de escape y relajación en esta pandemia.

Hace tres semanas me vi por primera vez con un grupo de amigxs que no había visto desde el inicio de la pandemia. El fin de semana pasado B y yo comimos en el restaurante que nos gusta cerca del río. Claro, ordenando desde la ventana, con mascarilla, y comiendo en la terraza, pero ya fuimos a un restaurante.

Al mismo tiempo tuve una experiencia que detalla lo frágil que la nueva normalidad es: dos domingos atrás nos vimos con un amigo. Después de ese encuentro, nos avisó que alguien con quien había estado en contacto unos días antes de vernos tenía síntomas respiratorios y que estaba esperando los resultados de la prueba de COVID-19. En el momento que me dijo, me reí. Todavía no sé por qué. Pero al día siguiente, cuando me desperté y estaba por arreglarme para ir al trabajo, caí en cuenta de que no podía ir. Si esa prueba resultaba positiva, yo podría ser el inicio de una cadena de contagio en la universidad. No podía arriesgar eso, así que avisé que esa semana trabajaría en casa hasta saber los resultados de la prueba de esta persona. Al final, salió negativa y regresé a la rutina de trabajar dos días de la semana en la oficina.

Esta es solo una evidencia que el evitar contagios ahora es una responsabilidad individual, de grupos, de organizaciones privadas, empresas y gobiernos de diferentes formas y a diferentes niveles.

Por un lado, en mi uni estamos abriendo poco a poco las puertas a trabajadores y estudiantes; limitando el número de personas que pueden estar en una habitación; ejerciendo protocolos de higiene; aireando espacios cada cierto tiempo.

Pero, por otro, como individuos tenemos que tener conciencia de con quiénes tenemos contacto, para informarnos los unxs a los otrxs de posibles contagios. En cierta forma, es la misma dinámica que hay que seguir cuando hay un contagio de una Infección de Transmisión Sexual. No es por nada que Dan Savage compara este tiempo (hasta cierto punto) con la epidemia de VIH en los 80s y 90s.

Un abrazo a todas,

J

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