05.08 – Me han caído bien las no-vacaciones

Patricia Trigueros | 05/08/2020

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Me siento bien, aunque me sienta mal. ¿Tiene sentido? Con esta misma dualidad se anunció esta semana de vacaciones agostinas: son un fantasma.

Ilustración por Natalia Franco

San Salvador, El Salvador

Miércoles, 5 de agosto de 2020

Queridas hermanas:

Me siento bien, aunque me sienta mal. ¿Tiene sentido? Con esta misma dualidad se anunció esta semana de vacaciones agostinas: son un fantasma. Como un poltergeist: en una casa embrujada, las cosas se mueven solas y tus dinámicas cambian al cohabitar con algo que no ves.

Lo digo porque yo no me fui a temporar a ningún lado, y me quedé en casa, sin vacaciones; aunque yo sé que otros se muevan y se tomen vacaciones. Pero como yo trabajo [virtualmente] con gente, y la gente se tomó vacaciones, entonces me dije “Esta semana estará más al suave.”

Y me han caído bien las no-vacaciones.



La semana pasada, a mi hora de almuerzo, me senté en mi mat de yoga a tener una llamada telefónica. Me asigné una pausa para almorzar con un amigo, me pedí Wendy’s, nos pusimos al día… Era tanto el dolor de vientre y el cansancio, que tuve que acostarme boca abajo y ver polvo acumulado debajo del sofá, mientras le relataba mis últimas peripecias. Llevaba una semana desde que me quemé con agua hirviendo, haciendo pasta y multitasking; otro día ocupado, en otra semana ocupada. Lloré, grité… y no me preocupaba si me iban a salir ampollas: me preocupada que tenía que cancelar las reuniones de esa tarde. Se me atrasó un poco el trabajo, y mis proyectos, debido a las quemaduras y, bueno, en fin, me ardía aún pero ya estaba saliendo.

Mi amigo me dijo que admiraba mi energía y que quisiera poder hacer tantas cosas como yo. Yo le respondí: “[…] aunque eso signifiqué tener que tocar fondo y acostarte en el piso a  contemplar lo sucio que está tu estudio, porque tenés que recargarte.” Una escena muy triste, la verdad. Un poco melodramático. Se colaron otras quejas.



Pero, en fin, desde estos días con antebrazo que está botando piel y mientras otros se desconectan, yo no he dejado de trabajar pero sí he tratado de estar más tranquila. Tengo, de alguna manera, todas las ganas del mundo de sentirme mejor pero el universo confabula y me dice “Tomá esta dosis de insomnio.” Duermo pésimo, y me pican mis quemaduras. Es una lección que no he querido aprender: si me rasco, me siento bien, ¿pero a qué precio? Regresa esta idea de que todo lo rico hace mal; al igual que el exceso de trabajo. 

Mi hermana me contó que mi sobrina le habló de su tía Paty. Aparentemente le gusta mi estilo colorido, pero cree que trabajo mucho. Mi sobrina de 8 años me mandó a decir que hay que disfrutar de la vida también, y no solo del trabajo. Quizás me tomaré vacaciones de agosto en otro momento del año.

Les mando un abrazo agostino,

xo

PT


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