09.08 – Resulta que las “vístimas” son ellos, los extóxicos

Metzi Rosales Martel | 09/08/2020

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Varias amigas y conocidas me han escrito para contarme que se sienten identificadas con la carta anterior. Y que se han reído mucho al leerla. Algunos ex también me escribieron. No para felicitarme, jajajajaja.

Ilustración por Natalia Franco

San Salvador, El Salvador

Domingo, 9 de agosto de 2020

Pst, pst. No pensé que tantas hermanas eran recicladoras de extóxicos como yo… pero quizá hasta sea normal. Se nos ha enseñado que el amor “todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”. Todo lo soporta, todo lo soporta. Pues no, mis cielas, el amor no tiene que ser sufrido y tampoco es perfecto. Nunca, nunca será perfecto, pero eso no significa que debemos aguantar malos tratos. Y mucho menos guardar silencio. Contar nuestras historias, en el formato que nos parezca, nos libera y puede ayudar a otras mujeres.

Una vez, una exsuegra a quien quiero muchísimo, y mi mamá, en conversaciones distintas, me dijeron que las mujeres de mi generación no eran como las de ellas. A nuestras antecesoras se les enseñó a que si el onvre era infiel y las maltrataba tenían que seguir allí porque el matrimonio es “hasta que la muerte les separe”. Y callar. Los trapos sucios se lavan en casa. Y si se divorciaban, dios y la sociedad no lo quieran, ellas no podían rehacer su vida. Estaba, o está, mal visto que una mujer ejerza sus derechos sexuales y reproductivos. Ni se diga que haya tenido más de un hombre en su hoja de vida: era o es fácil o puta.

Pues bien, realmente no sé a qué época pertenezco. Pero siempre tuve claro que puedo ejercer mis libertades sexuales como cualquier otra persona, llámese hombre. Eso no me resta “decencia”. Y tampoco me ha importado lo que otras personas piensen al respecto. Mi valía siempre ha estado en mi cerebro. Lo que sí he aprendido en este proceso de deconstrucción es precisamente a respetarme y a dejar de buscar el amor en otras personas. Mario, te fallé, siempre me dijiste que me admirabas porque no me cansaba de buscar el amor. O quizá no te fallé porque lo encontré en mí misma. Por lo menos, a mí, he dejado de fallarme. Es por ello que hoy me hace tanto sentido esta frase de la mamá de una amiga: “Ya basta de conocer palomas”, jajajaja. Conste, a mí nunca me la dijo, jajajaja.

Y como siempre he vivido contracorriente de las normas dictadas por el patriarcado, he puesto punto final al darme cuenta de una infidelidad. A veces pienso si realmente tenemos capacidad de practicar la monogamia… No lo sé y no tengo respuestas. Eso es material para otra carta. Al final, creo que cada pareja establece las reglas de la relación que quiere tener. Pero eso debe ser en condiciones de igualdad y equidad. Nunca en detrimento o menoscabo de la otra persona. Y no, no creo en el poliamor.

Pues bien, volviendo a nuestras antecesoras, las admiro y respeto porque las relaciones de pareja fáciles no son. No soy quien para juzgarlas y entiendo que al final somos la suma de lo que nos enseñaron, aprendimos y se nos exige como mujeres. Los cuentos de hadas y novelas son ficción. Esa idea romántica de que al final te quedás con ese onvre después de que te violenta, te es infiel, habla mal de vos, después de ser casi archienemigos, es falsa. Tan falsa como la otra de que te enamoras del violador, luego de que él se arrepiente, te pide perdón y te corteja. Misoginia pura. Quien te ama no te va a tratar mal. No te va a tratar mal. Y vos no vas a maltratarle también. Cuando estamos en esas relaciones, son t-ó-x-i-c-a-s. Lo malo es que la falta de una Educación Integral de la Sexualidad nos ha permeado tanto que cuesta –no es imposible- tener relaciones sanas, saludables, de pareja.

La convivencia con otras personas implica sendos esfuerzos de respeto y tolerancia. Eso lo sabemos bien.

Varias amigas y conocidas me han escrito para contarme que se sienten identificadas con la carta anterior. Y que se han reído mucho al leerla. Algunos ex también me escribieron. No para felicitarme, jajajajaja. Dos están ofendidos. Sííííí, ofendidísimos. Uno me escribió: “¿campeón mitómano?” Hasta me mandó una captura de las definiciones del término, mansplaining… La conversación finalizó así:

– Entonces tu sugerencia era escribir “¿el más mentiroso de todos?”

– ¡Jamás osaría a sugerir una corrección en uno de tus escritos!

El último ex me reclamó por usarlo de “esta forma”. Reconoció sus inmadureces, pero me reclama por “contar sus cosas” y el uso que les he dado… “También recuerdo muchas cosas negativas tuyas y no las compartí. A pesar de eso espero encuentres paz”. Pues sí, la paz ya la encontré. No tengo resentimientos, lo he perdonado por decir que estoy loca (típico), por haberme basureado y por haber compartido capturas de nuestras conversaciones con personas conocidas y desconocidas. También por todas las mentiras que dijo sobre mí, con nombre y apellido.

Ojo, en lo único que tiene razón es que tengo muuuuuuuchas cosas negativas, como todas las personas. Soy humana, por lo tanto la imperfección es parte de mi humanidad. Y victimaria también he sido, por eso me gusta mucho esta frase de Yaser Arafat: “Vengo con el fusil del combatiente de la libertad en una mano y la rama de olivo en la otra. No dejen que la rama de olivo caiga de mi mano”. Está en mi naturaleza ser paciente, pero esta capacidad es finita. Y no me jacto de la violencia que en algún momento he ejercido. Jamás lo haría.

De todo esto, me llama la atención la capacidad de algunos onvres de pasar de victimarios a “vístimas”. Cuando ellos nos llaman locas, putas, nos denigran y basurean, esperan que bajemos siempre la cabeza. Ah, y que otras personas reproduzcan esa información para desprestigiarnos más. Pero si contamos nuestra versión de la historia, ¿eso también nos hace malas? ¿Locas? ¿Resentidas? ¿Desleales? Al final, siempre resultamos las villanas de la novela/película/caricatura/historia. Ojo, eso también es machismo. Reproducción pura de roles, estereotipos y arquetipos. Y son expresiones de violencia contra la mujer, de acuerdo con la LEIV.

Por otro lado, los hombres tampoco se escapan del reciclaje de extóxicos. Unos amigos me comentaron que también estuvieron atrapados en esos círculos viciosos de violencia de pareja: con otros hombres. El común denominador de nuevo es la violencia que ejercen hombres a mujeres y hombres a hombres. Uno dice que pensó igual que yo: agradeció no haber quedado atrapado en la pandemia con un extóxico.

Mi sobrino también me contó que ha estado en relaciones de reciclaje con exnovias tóxicas. Concluimos que puede ser mal de familia, jajajaja. Es increíble cómo estos ejercicios de redacción nos acercan a conversaciones y reflexiones que deberían ser cotidianas porque nos ayudan al desahogo, a sanar, a darnos cuenta que no somos las únicas personas que pasan por esto y a no exigirnos más de lo que podemos.

También tengo claro que muchas personas no entienden ni van a entender jamás el propósito de estas cartas. Como lo escribí en mi anterior carta: el feminismo, aunque parezca lo contrario, no es para todas las personas. Para algunas mentes es difícil entender que la vida es algo más que las construcciones sociales establecidas por el patriarcado y que guardar silencio solo sirve para perpetuar la violencia. No, calladitas no somos más bonitas.

Estar en paz es un proceso lento. Sanar nos puede llevar toda la vida. Y una terapia que me ayuda a mí es escribir: el ejercicio de contar mis vivencias es maravilloso. Cuando quiera que un onvre o una mujer edite mis memorias, yo se los pediré, jajaja. A las únicas que les tomo dictados son mis empleadoras. Y, si necesito consejos, mantengo la buena costumbre de pedírselos a personas con inteligencia emocional, cercanas, amigüis, alentadas y en procesos de deconstrucción.

P.D.: Muppet, siempre, siempre agradeceré haber sido parte de tu familia, tu amistad y apoyo por tanto tiempo. Y tu madurez e inteligencia emocional para algunos temas. Ya sabés, todo lo demás es confeti.

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