13.08 – Se siente como si el virus estuvo en pausa

Lya Cuéllar | 13/08/2020

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Tener espacios abiertos nos ha ayudado no solo a sobrellevar, sino a combatir el virus. Pasar meses sin ver a tus seres queridxs es duro, y tener parques a la mano es una forma de suplir esa necesidad sin arriesgarse especialmente.

Ilustración por Natalia Franco

Berlín, Alemania

Jueves, 13 de agosto de 2020

Holi, Alharacas:

No escribo desde hace mucho tiempo. Hice una pausa porque se siente como si el virus estuvo en pausa en Alemania. Los números bajaron considerablemente y hubo días en los que, incluso, no se reportó ningún caso en Berlín. 

Ha pasado mucho desde mi última carta. Lo evidente: se levantó la cuarentena en todo el país. Nos empezamos a encontrar con amigxs en los parques. Poco a poco, se abrieron los restaurantes, los bares, los museos, los cines (¡!). Las mascarillas son obligatorias en los comercios y en el transporte público, aunque mucha gente elige no seguir esa norma. Vivimos ya la nueva normalidad. 

Yo fui bastante estricta con las precauciones al inicio, pero también fui “abriéndome” gradualmente a ciertas cosas. Empecé encontrándome con dos amigxs de mi barrio en el parque, guardando distancia. Tras dos meses y por absoluta necesidad, me atreví a usar el transporte público. Luego, fui a un picnic de cumpleaños con más gente. Ahora, hago todo eso con regularidad; ya veo a amigxs más allá de mi cluster; voy a restaurantes y a cafés si tienen terrazas al aire libre. Hasta fui al cine (al aire libre) dos veces.



No tengo ninguna base científica para sostener esto, pero creo que tener espacios abiertos nos ha ayudado no solo a sobrellevar, sino a combatir el virus. Me confunde que, en muchos países latinoamericanos, las municipalidades han optado por cerrar parques y plazas públicas. Pasar meses sin ver a tus seres queridxs (y sin aire fresco) es duro, y tener parques a la mano es una forma de suplir esa necesidad sin arriesgarse especialmente. 

Desde el privilegio en el que vivo, no puedo juzgar a quienes sucumben a la necesidad de cercanía y visitan a sus amigxs o familiares pese al número elevado de contagios. Me refiero, entre otras cosas, al privilegio de sentarme en un gramal sin tener que pagar nada y tener a quien quiero a metro y medio. Acá sí podemos descansar y compartir con quienes queremos sin tener “rancho privado”, como decía por ahí un tuit polémico. 



Mi novio todavía es muy estricto con su distancia social y sale muy, muy poco. Yo soy muy cuidadosa con ciertas cosas, pero tuve que relajarme. No podía seguir tan encerrada sabiendo que, al final del verano, al frío lo acompañará una segunda ola. No se me haría fácil enfrentar un invierno de encierro sin haber hecho lo posible por disfrutar del corto verano (con precauciones). 

Esa segunda ola ya está tocando las puertas. En las últimas dos semanas, los casos se han elevado de manera alarmante. Estamos, probablemente, a unos cuantos días de que se endurezcan de nuevo las reglas en la ciudad. Y yo estoy dispuesta a volver a la cuarentena desde el privilegio de haber pasado feliz unos cuantos días de sol y cariño.

Espero que todas tengan esa oportunidad en algún punto. 

Abrazos a todas, y abrazos especialmente fuertes a las de San Salvador,

Lya

P.D.: Estoy orgullosísima de la nueva nave de mi cluster. Con ella atravesamos Berlín sin toparnos con gente ajena a nuestra “clica”. Mírenla, toda linda:


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