El proceso lo sorprendió. Venía del arte visual, donde el trabajo suele ser solitario. En la música descubrió algo distinto: colaboración, conversaciones creativas, construcción colectiva, eso le gustó. Le gustó tanto que siguió haciéndolo. Poco después empezó a lanzar música.
Antes de llamarse y ser conocido artísticamente como Jandrou, Alejandro ya habitaba ese nombre sin saberlo del todo. Viene de un personaje de anime. En el colegio bilingüe donde estudiaba, pasaba horas dibujando con sus amigas. Entre líneas, colores y cuadernos compartidos, el nombre empezó a circular, pero no completo: le decían Jandro.
Era una versión abreviada, cercana, cotidiana, que durante un tiempo pensó en usarla como nombre artístico. Pero no le bastaba. Había otros que se llamaban igual y, sobre todo, sentía que algo se quedaba fuera. El nombre original —Jandrou— seguía ahí, esperando. Volver a él fue también una forma de afirmarse. De recuperar algo que ya era suyo, pero que todavía no había dicho en voz alta. Así nació Jandrou.
Mudarse a Canadá cambió eso. Allá vio algo que no había visto antes: sociedades donde ser queer no necesariamente significaba vivir en secreto. “Cuando salí del país fue que vi que en otras sociedades sí es normal”. Fue entonces cuando comenzó a aceptarse.
El proceso no fue sencillo. “Salir del clóset”, como él le llama, implicó tensiones, conversaciones difíciles y momentos de incertidumbre con su familia. En un momento, su mamá lo llevó a hablar con un pastor. Era un conflicto entre mundos: religión, identidad, familia, pero también había algo más fuerte: el vínculo entre ellos. Con el tiempo, ese vínculo se transformó.
Jandrou cree que muchas veces el orgullo de los padres aparece de maneras silenciosas. No siempre se expresa con palabras, a veces se nota en los gestos, en el apoyo cotidiano, en la presencia. Quizá por eso la escena que ocurrió en Living tiene tanto peso: su mamá estaba ahí, bailando.
Para Jandrou, su música también tiene una dimensión política. No en el sentido partidario, sino en algo más íntimo: la representación. Cuando duda sobre su carrera artística, piensa en algo muy específico: “En el niño salvadoreño que vio mi post y dijo ‘hay alguien como yo”. Alguien que también es gay, que también es queer. Alguien que también viene de El Salvador. Alguien que está tratando de existir en un mundo que a veces le dice que no debería hacerlo. Ese niño imaginario es parte de su motivación.