La masturbación femenina todavía es un tabú

Violeta Belhouchat | 07/12/2020

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La mujeres nos masturbamos. Nos permite descubrir nuestros mecanismos propios de excitación y goce. Sin embargo, todavía no se habla: es un tabú en sociedades como la nuestra, pero también en lugares que pensamos más «abiertos», como Francia. Esto lleva a que perduren mitos, como que las mujeres en pareja no se masturban, y perpetúan. En su columna de este mes, la sexóloga feminista Violeta Belhouchat aborda ese tabú y corrige desinformación sobre la masturbación femenina.


En el 2020, este tema no se habla. Al menos no en cualquier parte: no se habla en la mesa, ni en familia, ni en la escuela, ni en los buses… Tampoco en cualquier momento: ni en una cena de Navidad, ni en un curso de yoga, ni en una comida entre colegas… Ni en un matrimonio.

En el único lugar en el que he oído hablar de masturbación femenina* a menudo es en mi consulta como sexóloga. Por esto, voy a escribir aquí lo que he debido explicar muchas veces: masturbarse, es decir, darse placer erógeno a sí misma es normal. No es peligroso ni física ni psicológicamente en ningún momento del ciclo: ni en la menstruación, ni en la ovulación. Tampoco en ningún momento de la vida: no hay riesgo en la infancia, adolescencia, juventud, adultez, embarazo, posparto, lactancia, menopausia o tercera edad.



La expresión «impublicable» de la sexualidad


La historia del libro de Julia Pietri ilustra la masturbación femenina como tabú. Corría 2017 en Francia: Natalie Portman aparece en toalla de baño para la publicidad del perfume Miss Dior. Todo parece normal: el cuerpo de una mujer es hipersexualizado. Las fotografías de cuerpos de mujeres medio desnudas son el pan de cada día en revistas, diarios, películas, series, calles, internet y en las redes. 

En ese mismo año, el presidente de la República Francesa hizo un bello discurso. Sostuvo que “la igualdad entre hombres y mujeres” es la gran causa de su Gobierno. Mientras él hablaba, Julia Pietri recogía testimonios de mujeres a través de su cuenta Instagram @gangduclito. Investigaba para comprender el orgasm gap (el porcentaje desigual de mujeres y hombres que llega al orgasmo durante un coito heterosexual) y para rectificar la gran ignorancia en torno al órgano eréctil femenino, el clítoris. 

Para el 2019, había organizado 6000 testimonios en gráficos y análisis de encuestas y acompañados de una línea del tiempo con la historia del estudio del clítoris. Las preguntas con opciones de sus encuestas son muy interesantes. Por ejemplo: ¿Qué utiliza usted para masturbarse? ¿A qué edad descubrió la masturbación? ¿Con qué frecuencia se masturba? ¿Cuánto tiempo después del parto pasó antes de que volviera a masturbarse? 

Incluso sin leer las respuestas, sus preguntas ya nos permiten reconocer mejor esta parte invisible e inaudible de la sexualidad femenina. De cada página del libro de Julia Pietri trasluce un trabajo serio enriquecido por ilustraciones poéticas y anatómicas. Su título es “La pequeña guía de la masturbación femenina”.

Y hasta allí llegó la posibilidad de construir igualdad. Esas dos palabras, “masturbación femenina”, fueron inaceptables para el mundo de la edición del país que se autodenomina “de los derechos humanos”. Julia Pietri tuvo que optar por una recaudación de fondos y una autoedición y publicación

El mismo año en Francia, Marabout, una gran casa de edición francesa, publicó un libro con imágenes sexuales explícitas Jouissance Club. Una de las ilustradoras del libro de Julia Pietri es la misma autora de Jouissance Club, Jüne PLĀ. Contiene ocho imágenes sencillas que muestran métodos comunes de masturbación femenina: usar la ducha sobre el glande del clítoris, el movimiento redondo de los dedos en torno a la parte externa del clítoris, o el ascendente y descendente sobre los labios mayores. En efecto, la situación que marca la diferencia entre un libro publicable y otro “imposible de publicar” no es la inclusión de imágenes explícitas. El problema es indicar esas dos palabras en el título: “masturbación femenina”.


¿De dónde viene el tabú de la masturbación femenina?


En la cultura patriarcal, niñas, jovencitas y mujeres no han sido consideradas como sujetos de derecho sino como cuerpos-objetos de valor para una familia, un clan, un hombre. Por eso, han sido y son vendidas, secuestradas y esclavizadas para el servicio doméstico o sexual. 

«En la historia de la moralidad patriarcal, se ha valorado la ausencia de actividad sexual femenina autónoma. Y dentro del matrimonio heterosexual —aunque se trate de un matrimonio forzado de una menor con un adulto— solo su función reproductiva es valorada. La clitoridectomía realizada por médicos y la mutilación sexual femenina sigue vigente. Las técnicas para “planchar pechos” con piedras calientes y golpes de palos sigue vigente. Históricamente, la sexualidad femenina ha sido concebida como un servicio a terceros: para un hombre, una organización o el Estado.

Para las mujeres, apropiarse de sus cuerpos y, por ende, de sus derechos sexuales y reproductivos —tener o no relaciones sexuales o descendencia, gozar libremente de su libido, acceder al placer sexual, no ser explotada a través del sexo—, es uno de los territorios más belicosos en la historia feminista por la lucha de la igualdad de derechos humanos y cívicos.


¿Para qué sirve la masturbación femenina?


La auto estimulación de las partes erógenas del cuerpo —que son más que solo vulva, glande del clítoris, vagina, senos— permite impregnar la propia memoria corporal de sensaciones placenteras. Juega un rol en la maduración sexual. Permite a cada quien descubrir sus propios mecanismos de excitación sexual, orgasmo y goce global: corporal, emocional y psicológico. También tiene un rol en la autonomía erótica y en la perennidad funcional de la capacidad excitatoria de la región genital.


¿Qué mitos existen en torno a la masturbación femenina?


1. Las niñas, jovencitas, mujeres y ancianas no se masturban. Falso.

2. Las mujeres que viven en pareja (de géneros distintos, del mismo género u otras constelaciones) no se masturban porque se satisfacen completa y exclusivamente a través de actos sexuales en pareja. Falso. De hecho, como apunta Maïa Mazaurette en su libro La revanche du clitoris, se masturban más a menudo porque experimentan un cuerpo más erotizado.

3. Todas las mujeres adultas aprendieron fácilmente a darse placer sexual a sí mismas y lo hacen sintiéndose bien. Falso. Una mayoría de mujeres no sabe que el órgano encargado de la excitación sexual es el clítoris. No saben que tiene erecciones y que su estimulación (interna o externa) es necesaria para llegar al orgasmo. Además, muchas niñas, jovencitas y mujeres se sienten culpables después de masturbarse, nunca lo han hablado con nadie y nunca lo hacen delante de sus parejas. 

4. La masturbación femenina no puede ser parte de un acto sexual en pareja. Falso. Es un acto erótico como cualquier otro. Pero fue denigrado, entre otros, por Sigmund Freud, quien describió la estimulación clitoridiana como una fase inmadura de la sexualidad femenina.

Todavía en el 2020 el cuerpo feminizado carga con el peso histórico del “deber reproductivo”, con el mito de la virginidad, con la carga mental y emocional del bienestar y placer sexual de un hombre, y con un enorme vacío que no es ni su vagina ni su útero sino su derecho a gozar de la vida, de su cuerpo y de su libertad. 



*En esta columna se habla de «masturbación femenina» para referirse a la masturbación de mujeres cis, es decir, personas que se identifican como mujeres y tienen clítoris.

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