Soluciones comunitarias

El dinero sin nombre: cómo las cripto se usan en Nicaragua para evadir la represión financiera  

¿Qué se hace cuando el Estado instrumentaliza el sistema financiero como mecanismo de persecución política? Algunos encontraron la respuesta en el mundo de las criptomonedas. Después de perderlo todo por decisión del régimen nicaragüense, Berta Valle decidió convertirse en “educadora de bitcoin” para ayudar a activistas, defensores de derechos humanos y periodistas a evadir la represión financiera.

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El día que la activista nicaragüense Berta Valle quiso usar su tarjeta de débito y se la rechazaron, entendió realmente lo que significaba haber perdido acceso a su vida financiera. Corría el año 2018 cuando, en cuestión de segundos, ella y su esposo se quedaron sin los ahorros de toda una vida, su pensión de retiro, sus cuentas bancarias y las de su organización. Todo congelado por el régimen de Daniel Ortega.

Berta Valle se fue de Nicaragua ese mismo año. Su vida corría peligro mientras Ortega siguiera en el poder. Su esposo, Félix Maradiaga, un reconocido opositor, ya había sufrido más de un intento de asesinato.

El 2018 fue un año particular para Nicaragua. Todo empezó con un decreto presidencial que aumentaba las contribuciones de trabajadores y empleadores a la seguridad social, al tiempo que reducía el monto de las pensiones de las y los jubilados. Miles tomaron las calles de Managua y otras ciudades. No había liderazgos claros: eran sobre todo estudiantes universitarios y personas mayores.

La respuesta estatal escaló rápidamente. Las fuerzas de seguridad reemplazaron las balas de goma por munición letal. Entre abril y julio, la Policía Nacional y grupos parapoliciales partidarios del régimen se llevaron la vida de más de 300 personas y dejaron alrededor de 2.000 heridos. Organizaciones de derechos humanos como Amnistía Internacional y Human Rights Watch denunciaron torturas, ejecuciones extrajudiciales e intentos de obstaculizar la justicia.

Daniel Ortega y Rosario Murillo siguen en el poder. Las cosas no han cambiado demasiado.

Berta recuerda aquellas protestas como “las marchas más masivas, cívicas y pacíficas” del país. Su esposo se convirtió en una de las figuras visibles del movimiento y llevó denuncias a foros internacionales, incluida la ONU.

Ella también tenía exposición pública: presentadora de televisión, gerente general del popular Canal  14. Esa visibilidad, en un régimen autoritario, no vendría sin consecuencias.

“Nos señalaron. Éramos fáciles de identificar. Entonces vino la persecución contra nuestra familia”, dice en diálogo con Alharaca.

Un juez de Managua emitió una orden de captura contra Félix Maradiaga. Lo acusaron de “crimen organizado” y “financiamiento del terrorismo local”. Berta explica que ese tipo de acusaciones habilitan al Estado a congelar cuentas. “A nosotros nos confiscaron todo”.

Para entonces, ella ya estaba en el exilio en Estados Unidos junto a su hija y su suegra. No fue un caso aislado. Más de 800 mil personas han abandonado Nicaragua desde 2018, lo que representa cerca del 11,6% de la población.

La de Berta fue una de las tantas familias nicaragüenses que quedaron divididas. Y allí no terminaría su calvario. En 2021, Félix se postuló como precandidato presidencial. El régimen respondió arrestándolo junto a otros opositores. Durante 611 días Félix se despertó en una celda de la cárcel de El Chipote en Managua. En febrero de 2023 fue deportado a Estados Unidos junto a más de 200 presos políticos, donde hoy vive en libertad.

Enviar dinero a casa

Mientras su esposo estaba detenido, Berta impulsó una campaña internacional para exigir la liberación de los presos políticos. En ese proceso llegó al Oslo Freedom Forum, en Noruega, organizado por The Human Rights Foundation (HRF).

De entre las sesiones del programa, una llamó particularmente su atención. Berta ya había escuchado hablar de bitcoin, la criptomoneda, pero nunca la había vinculado con el activismo. Esa charla lo cambiaría todo para ella.

“¡Esto es lo que nosotros necesitamos!”, pensó.

Ella, que había experimentado en carne propia la vigilancia estatal, imaginó de repente un nuevo futuro para quienes buscan sobrevivir en su Nicaragua natal.

“Entendí que bitcoin era dinero que las dictaduras no podían tocar. Cuando tenés tu llave privada, controlás tu dinero. Después de que te quitan todo, la autocustodia se vuelve fundamental”.

Pero, ¿por qué podría bitcoin ser relevante en contextos autoritarios? Bitcoin es una criptomoneda, es decir, una forma de dinero digital que permite enviar y recibir pagos directamente entre personas, sin intermediarios ni depender de una autoridad como un gobierno o un banco central. Funciona a través de una red descentralizada de computadoras que registran y verifican todas las transacciones en un sistema público llamado blockchain. 

En Nicaragua, hasta las remesas – que representan cerca de un tercio de la economía – son monitoreadas. Si una operación resulta sospechosa, explica Berta, el régimen puede rastrear al destinatario, iniciar una investigación e incluso enviar agentes hasta su casa. Todo esto puede eventualmente llevar también a la confiscación de bienes. “El sistema bancario es utilizado como arma para la vigilancia y la represión”, dice.

Es en ese contexto que aparece la idea de utilizar la criptomoneda como un camino alternativo, lejos de las narrativas dominantes que la presentan como un activo especulativo o la vinculan con economías ilícitas.

“Yo no lo veo como un medio de inversión – explica Berta – sino como una herramienta para enviar ayuda humanitaria en segundos a personas que la necesitan”. Es ahí donde aparece la diferencia entre activistas y un bitcoiner regular: “nuestro ecosistema es distinto, por el enfoque, por el uso que le damos, por la forma como miramos”, explica Berta.

Una persona fuera de Nicaragua puede enviar bitcoin directamente a la billetera digital de alguien dentro del país. Ese envío llega en cuestión de segundos al teléfono. Una vez recibido, se puede utilizar directamente para comprar bienes o pagar servicios – tanto en línea como en comercios físicos que lo acepten- o convertir esos fondos a la divisa nacional.

En Centroamérica, diferentes apps funcionan casi como una casa de cambio y permiten recibir bitcoin y convertirlo en moneda local o dólares y luego retirarlo en efectivo en agencias afiliadas o depositarlo en una cuenta bancaria propia. De esta forma, en los registros sólo aparece un depósito realizado por el mismo titular de la cuenta y no la identidad de quien envió el dinero originalmente.

Existen también otras plataformas que varían según el lugar en el que uno se encuentre cuando, como en Nicaragua, no es fácil tener acceso a comercios o cajeros que operen con bitcoin. “Dependiendo del control financiero y la represión de cada país, uno va desarrollando los medios para utilizar bitcoin. Hay que ser creativo”, asegura Berta.

Estas herramientas se han convertido en un puente entre el mundo cripto y el sistema financiero tradicional.

Explica Berta que en el caso de quienes reciben remesas, esto permite evitar tener que presentar documentos de identidad o pasar por instituciones que podrían bloquear o supervisar la transacción, como sí sucede con una remesa tradicional. La clave está en el margen de discrecionalidad que ofrecen estas tecnologías descentralizadas.

Pero hay que decir que esa misma discrecionalidad que permite sortear controles en contextos autoritarios también reduce los mecanismos de protección y abre la puerta a posibles abusos. Berta no lo niega. Reconoce que existen riesgos y que “los malos también pueden usarlo”. Sin embargo, plantea que el problema no es la regulación en sí, sino quién la ejerce. “Nosotros creemos en la rendición de cuentas”, explica, pero advierte que en países como Nicaragua el sistema financiero ha sido utilizado para criminalizar a disidentes y justificar el control sobre sus recursos.

En ese escenario, el objetivo, plantea, no es evitar toda forma de control, sino encontrar mecanismos para sobrevivir frente a un sistema que puede volverse en su contra.

Educación financiera, la educación que falta

Lo que empezó como una idea es un proyecto en marcha. Berta Valle hoy se define como “educadora de bitcoin”. Desde hace más de dos años da talleres para activistas, periodistas, defensores de derechos humanos y ex presos políticos a nivel global.

Trabaja con redes vinculadas a derechos humanos, colabora con la Human Rights Foundation donde se conecta con activistas y personas del ecosistema tecnológico. Educa, entre otros, a miembros del World Liberty Congress, que se presenta, en palabras de Berta como una “red de activistas pro democracia” de más de sesenta países del mundo, como un ecosistema puesto al servicio de “llevar tecnologías de la libertad a disidentes”.

Si bien existe una percepción generalizada de que se trata de un tema demasiado complejo, parte de su tarea consiste, precisamente, en demostrar que no lo es. Los talleres de Berta están pensados para llevarse lo justo y necesario.

En la primera sesión introduce los conceptos básicos: qué es bitcoin, cómo funciona una criptomoneda descentralizada y qué implica eso para la autonomía financiera. La segunda se vuelve práctica: descargar una billetera digital, realizar envíos, comprender las diferencias entre distintos tipos de transacciones y aprender a resguardar las claves que dan acceso a los fondos.

Los grupos son reducidos, unas quince personas. “Al inicio yo tenía la visión de capacitar a cien, doscientas personas”, recuerda, “pero después me di cuenta de que esto es algo más personal y profundo”. De hecho, los cursos no son abiertos al público: las invitaciones circulan dentro de redes de activistas y organizaciones que trabajan en contextos represivos.

Kathy Juárez es una de las nicaragüenses que se acercó a bitcoin gracias a Berta. Como periodista, ya había tenido que salir de Nicaragua en el 2018 luego de las protestas que convulsionaron al país. Pero volvió casi un año después. Cuando en el 2021 el régimen de Ortega comenzó a encarcelar a líderes políticos y activistas de distintos sectores, Kathy y su esposo Elmer Rivas que en ese momento era el productor del medio Confidencial, no tuvieron más remedio que exiliarse definitivamente. 

“No queríamos ser nosotros una cifra más, sino asumir un rol de narradores de lo que estaba pasando porque muy poca gente ya estaba haciendo periodismo”.

Kathy tenía un colega cuyo sigilo bancario fue revelado, lo que permitió a las autoridades descubrir que recibía pagos desde el exterior; poco después comenzaron las amenazas y terminó dejando el país. Por eso cuando Kathy escuchó sobre bitcoin, le pareció una buena idea tomar el curso para “seguir apoyando a un gremio que todavía estaba en terreno”.

Recuerda muy bien la primera vez que lo usó. Decidió hacer la prueba con algo simple: enviar una recarga telefónica a su familia. Hizo lo mismo con un grupo de personas en Cuba que necesitaban conectividad para participar en una capacitación. “Me pareció fantástico”, dice. Podía enviar dinero o servicios de manera rápida y sin revelar su identidad.

Una forma de ayuda humanitaria

El trabajo no termina en la capacitación. El desafío es el uso.

Si bien existe un mapa colaborativo en línea que muestra los lugares donde se puede pagar con bitcoin en cualquier parte del mundo – el “BTC Map”-, Kathy aclara que en Nicaragua no hay muchas opciones donde lo reciban.

Cuando no se puede comprar directamente con bitcoin, la solución inmediata es utilizar billeteras digitales que, entre otras funciones, permiten convertir esos fondos a moneda local.

Hoy Kathy vive su exilio en España. Usa bitcoin como un medio de ahorro (ya no confía en los bancos) y envía dinero a Nicaragua a través de diferentes apps. Dice que, en comparación con una remesa tradicional, hacerlo de esta manera es “muchísimo más fácil” y las comisiones son considerablemente menores en relación a una transferencia bancaria internacional.

“Yo veo a las billeteras bitcoin como una solución en este tipo de contextos adversos, donde nadie debería usurpar tus movimientos bancarios, algo tan básico como la privacidad misma”, concluye.

Uno de los usos más extendidos en Nicaragua aparece en algo tan cotidiano como las recargas telefónicas. Comprar saldo requiere presentar la cédula de identidad, lo que permite al Estado acceder a información sobre líneas, consumos y comunicaciones.

“Sabemos que es un medio de vigilancia”, dice Berta.

Las recargas pagadas con bitcoin permiten evitar ese circuito. El saldo llega directamente al teléfono, sin dejar el mismo rastro. Esto no es menor para periodistas y activistas que necesitan conectividad.

Para Berta, esto es una forma de “ayuda humanitaria”, el tipo de asistencia urgente que logra sortear los bloqueos del sistema financiero tradicional gracias a bitcoin. No siempre se trata de grandes montos ni de estructuras formales, sino de resolver necesidades inmediatas: alimento, conectividad, una renta.

Berta recuerda el caso de algunos presos políticos que, luego de ser liberados, fueron forzados al exilio. Sin documentos, ni acceso a bancos o recursos, necesitaban ayuda urgente y las transferencias convencionales no eran una opción. “Lo único que teníamos era bitcoin”, relata. Algunos usaron esos fondos que les llegaron a través de billeteras digitales para comprar tarjetas de supermercado en Bitrefill, una plataforma de comercio electrónico de criptomonedas.

Ese día, bitcoin se transformó en un plato de comida.

Pero más allá del uso puntual que Berta Valle y otros activistas pretenden darle a las cripto en contextos represivos, el caso de El Salvador muestra otra cara del uso de bitcoin en la región. En 2021, el país se convirtió en el primero del mundo en adoptarlo como moneda de curso legal, en una apuesta impulsada por el gobierno de Nayib Bukele. Sin embargo, la medida fue ampliamente cuestionada: organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional advirtieron sobre riesgos para la estabilidad financiera. La crítica más fuerte estuvo relacionada con el hecho del uso discrecional y poco transparente que pretendía hacer el Gobierno con esta criptomoneda. Estudios posteriores mostraron que su uso cotidiano entre la población fue limitado y no logró una adopción masiva. También se registraron graves denuncias de suplantación de identidad tras el lanzamiento de la billetera estatal Chivo Wallet.

A nivel macroeconómico, la volatilidad del activo impactó en las finanzas públicas, reduciendo el valor de las reservas estatales en bitcoin y generando tensiones en los mercados de deuda, en un contexto de negociaciones complicadas con el FMI. Con el tiempo, el propio gobierno reconoció que no se cumplieron las expectativas iniciales, y en 2025 se reformó la ley para eliminar su obligatoriedad.

En otros contextos se les critica a las cripto haberse convertido en una herramienta que alienta la corrupción de grupos ilegales y el lavado de dinero.

Frente a ese escenario, Berta plantea una diferencia clave sobre el sentido de estas herramientas: “Nosotros no promovemos bitcoin con un interés económico o comercial sino como una forma de luchar contra la represión financiera”. Si existiera otra alternativa que cumpliera esa función, dice, sería esa la que utilizarían.

Límites y riesgos

Está claro que el uso de bitcoin no está exento de riesgos. Lo dicen los especialistas: los criptoactivos siguen siendo un mercado con escasa regulación y alto nivel de riesgo. Diversos organismos financieros advierten que no son una opción adecuada para todos los perfiles y que es posible perder todo el dinero invertido.

Humberto Besso-Oberto Huerta, consultor tecnológico, explica que, al no estar respaldado por un banco central, la responsabilidad recae en el usuario. Como consecuencia, advierte que perder el acceso (por ejemplo, al extraviar la frase semilla o las claves) equivale a perder los fondos. A esto se suman los riesgos más comunes del entorno digital como el phishing -un tipo de fraude digital en el que alguien se hace pasar por una entidad confiable para obtener información sensible- la ingeniería social o el uso de plataformas poco seguras.

Berta lo ve en sus talleres. “Me ha pasado con gente que de repente me llama y me dice ´mire, ¿no se acuerda usted cuál era la contraseña?´”. Por eso Berta insiste: “si perdés tus llaves, perdés tu bitcoin”.

El especialista Besso-Oberto Huerta recomienda volver a lo tradicional: escribirlas en papel, tenerlas en dos o tres lugares donde hay alguna certeza de que no van a ser robadas o se van a extraviar. Esto, aclara, es mucho mejor que subirla a Google Drive o hacer una captura de pantalla, que es algo que se puede hackear.

Otra posibilidad es la de dividir la frase semilla encriptada hacia dos o tres personas que la pueden almacenar sin verla. “Entonces, si tú la pierdes, lo único que necesitas es pedirles a esas personas que te envíen ese pedazo de cadena criptográfica, y cuando juntas las tres puedes acceder. Es una maravilla”, explica.

En la experiencia de Berta, los errores no suelen estar en la tecnología en sí, sino en el uso: no seguir las instrucciones, no resguardar adecuadamente las claves o subestimar la importancia de la seguridad digital. Por eso, además de enseñar a usar billeteras, incorpora nociones básicas de “higiene digital”: cómo proteger dispositivos, dónde guardar respaldos y qué precauciones tomar en contextos donde incluso un teléfono puede ser revisado por las autoridades.

Otro de los factores que aparece de forma recurrente es la volatilidad. El valor de bitcoin puede fluctuar de manera abrupta. “Es un hecho, no una opinión: la volatilidad puede hacer que esto valga 40 % menos en un día”, señala Besso-Oberto Huerta pero aclara: “cada ciclo bajista sigue por un nuevo máximo histórico, el patrón macro es consistente”. En ese sentido, muchas de las recomendaciones dentro de la comunidad apuntan a no utilizarlo como fondo de emergencia o cuando se necesita liquidez inmediata.

Sin embargo, para ambos el mayor riesgo es la falta de conocimiento. “El enemigo no es bitcoin, es la desinformación combinada con la desesperación económica”, resume Besso-Oberto Huerta. En América Latina, donde proliferan estafas asociadas a promesas de rendimientos garantizados, esa distinción se vuelve clave.

La periodista nicaragüense Kathy Juárez, quien tomó el curso de Berta, dice que para ella lo más importante es “entender desde un inicio que el bitcoin es una moneda también, solo que es un dinero electrónico, que no lo ves físicamente, y como tal también merece ser cuidado”.

Claro que en los talleres no todas las personas tienen el mismo nivel de familiaridad con la tecnología, y eso condiciona el ritmo de aprendizaje. Según Berta, trabajar con audiencias diversas -desde jóvenes hasta personas mayores o comunidades rurales- implica adaptar las explicaciones y dedicar más tiempo a lo básico: descargar una aplicación, entender cómo funciona una billetera o diferenciar entre opciones con distintos niveles de seguridad.

Besso-Oberto Huerta dice que “la mejor manera de aprender es haciendo y haciendo con poquito”. Y así, para las personas que viven en contextos como el nicaragüense, bitcoin deja de ser una abstracción tecnológica para convertirse, en algunos casos, en una herramienta de supervivencia.

Vencer el miedo

Berta Valle tuvo su primera billetera de bitcoin cuando su esposo estaba preso. Cuando él recuperó la libertad, ella consideró que había un gran potencial en esta tecnología para personas en su situación. Hoy, dice, se siente como tener algo que nadie le puede quitar.

El dinero no es solo un medio de intercambio. Es una infraestructura de poder, de control y también de supervivencia. En países como Nicaragua, la vigilancia estatal es uno de los pilares de lo que activistas como Berta llaman “represión financiera”.

Pero el riesgo no es el mismo para todas y todos. Las autoridades tienen identificados con precisión a quienes consideran disidentes, personas que participaron en las protestas de 2018 o que han colaborado con figuras de la oposición. La represión es selectiva y puede incluso trascender fronteras. 

Berta lo sabe. Hace tiempo asumió que trabaja frente a un régimen autoritario y que, cuando “uno lucha por la libertad, hay riesgo”. Pero ha encontrado en bitcoin una “herramienta para vencer la censura financiera”. Llevar ese conocimiento a otras personas es hoy su misión.

“En regímenes como este hay un factor humano que tenemos que romper y es el miedo”, plantea. Ese miedo condiciona decisiones cotidianas: no recibir dinero, evitar ciertos canales, no exponerse. Pero cuando alguien comprueba que puede recibir una transferencia directamente en su teléfono, sin intermediarios visibles, algo cambia. Se abre la posibilidad de reconfigurar -aunque sea parcialmente- la relación con el control.

En ese contexto, tecnologías como bitcoin empiezan a ser apropiadas por la gente. Aunque haya todavía desconfianza, la necesidad pesa más. Es que hay antecedentes en la región. El especialista Humberto Besso-Oberto Huerta explica que “hay miles de personas que están utilizando bitcoin y otras criptomonedas como medios de remesas, que son más económicas y permiten la interacción entre pares”.

Y entonces el significado de bitcoin cambia según quién lo mire. Mientras que para muchos puede representar una innovación tecnológica, para quienes viven bajo gobiernos autoritarios la cosa es muy distinta.

Por eso a Berta la “revolución de bitcoin” le parece más relevante en lugares donde los sistemas financieros pueden ser utilizados para vigilar o castigar a quienes disienten que en países “libres”.

Acá bitcoin no solo permite resolver urgencias. También reorganiza circuitos de cuidado, se vuelve sostén de la vida cotidiana y habilita formas de organización por fuera del sistema formal. 

Es un proceso que recién empieza en Nicaragua. La adopción de bitcoin todavía es limitada, pero ya hay casos con efectos concretos. Berta reconoce que, para ella y para muchas de las personas con las que trabaja, la experiencia ha modificado su relación con el miedo. 

“Vos podés tener algo tuyo. Para muchas mujeres en distintas partes del mundo, es una tecnología que protege su autonomía financiera y su sentido de agencia. Es una forma de resguardar un patrimonio que nadie les puede quitar: ni sus parejas ni el Estado. Es proteger tu propiedad y lo que has construido”.

Aún en regímenes autoritarios, allí donde el Estado ha logrado instrumentalizar los sistemas financieros a su favor, las personas encuentran formas de recuperar algo de la autonomía que les han quitado.


​​​​​*La información incluida en este artículo tiene fines exclusivamente informativos y no constituye asesoramiento financiero ni una recomendación de inversión.

¿Cómo llegó a esta historia la periodista?
En 2025 participé de la Expo de Inteligencia Artificial en Washington DC, Estados Unidos. Allí conocí a Berta Valle, Félix Maradiaga y otros disidentes que debieron exiliarse de sus países. Todos ellos estaban ahí para hablar sobre el vínculo entre la tecnología y el activismo. Fue entonces cuando Berta contó de su trabajo con bitcoin. 

Mi trabajo nunca tuvo que ver con la tecnología. Soy una periodista especializada en política internacional y cubro temáticas de paz, seguridad y derechos humanos. En un campo repleto de hombres, trato de darle a ese trabajo una perspectiva de género, haciendo las preguntas que generalmente no se hacen cuando se habla de geopolítica. Berta no sólo llamó mi atención porque era la única mujer del panel sino porque se refirió a las familias de los presos políticos y las estrategias que ellos debían buscar para sobrevivir. Después me acerqué a ella en privado, conocí mejor su historia de vida y entendí como ella misma había sido atravesada por las acciones de un régimen autoritario.  

Me pareció que la pregunta de cómo las comunidades se apropian de la tecnología como forma de resistencia era una historia digna de ser contada. 

¿Cuántas fuentes consultó en total? ¿Qué tipo de fuentes?
Se consultaron 6 fuentes testimoniales y expertas y alrededor de 11 fuentes documentales para contextualización y verificación. 

Fuentes primarias (entrevistas y consultas directas):
– Activista y educadora en bitcoin (Berta Valle)
– Periodista exiliada usuaria de bitcoin (Kathy Juárez)
– Consultor tecnológico especializado en criptomonedas (Humberto Besso-Oberto Huerta)

Fuentes secundarias:
– Medios de comunicación nacionales e internacionales como Confidencial, NTN24, BBC Mundo, Deutsche Welle, France 24 e Infobae
– Informes de organismos de derechos humanos como Amnistía Internacional y Human Rights Watch
– Sitios especializados en bitcoin como Bitcoin.org y Bitrefill
– Un artículo académico de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua

¿Cuántas entrevistas hizo?
Se realizaron 3 entrevistas en profundidad y 3 consultas.

¿Quién integró el equipo periodístico y de producción?
Una periodista y una editora. Una ilustradora.

¿Cuánto tiempo de reportería y producción invirtió el equipo?
Dos meses.

¿En qué lugares hizo reportería?
San Juan, Argentina.

¿Presentó solicitudes de acceso a información?
No.

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