Sobre las mujeres detrás de la madres y «Madres paralelas»

Lauri García Dueñas | 14/04/2022

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«Madres paralelas» nos muestra a dos mujeres cuyas vidas no sucumben al rol impuesto de la maternidad. La película puede acompañar a preguntarnos: ¿Qué consecuencias tiene nuestra cultura de santificar y sacrificar a las madres? Lauri García Dueñas, escritora, periodista y madre, nos comparte su crítica de la más reciente cinta de Pedro Almodóvar.


Escena de «Madres Paralelas». Foto: El Deseo

Esta publicación contiene información sobre la trama de «Madres paralelas».


La trama aborda una multiplicidad abigarrada: la maternidad deseada y la accidental, la paternidad irresponsable, la violación en menores de edad, el bullyng digital, la muerte súbita de bebés, la bisexualidad, el lesbianismo, la clase social, la asistencia remunerada durante la crianza y la memoria histórica de la guera civil española. Bueno, pero se trata del cineasta español más hetérogeneo de la contemporaneidad: Pedro Almódovar. 

Sin embargo, sus protagonistas son casi siempre femeninas. Y en su más reciente «Madres paralelas» (2021) la batuta la lleva la talentosa, hermosa e inquietante Penélope Cruz, quien con su interpretación nos recuerda a su papel en «Vicky Cristina Barcelona», cuando estuvo bajo el lente de otro director de cine polémico: Woody Allen. 

Pero Penélope, más allá de quién la dirija, es capaz de devorar ojos y pensamientos con sus interpretaciones. En esta ocasión, encarna a una mujer embarazada y luego madre (Janis) que apesar de no haber buscado quedarse encinta, acepta la intempestiva llegada de su cría, sin importarle demasiado que el padre esté casado. En el hospital se encuentra con Ana (Milena Smit), cuya preñez no ha sido tan bienvenida por ella misma y sus padres, pues todavía es menor de edad. 

Ahí empieza a desarrollarse una trama sin juicios del guion y el director (cosa no menor pues las maternidades están casi siempre rodeadas de prejuicios y juicios de toda índole). Y más allá del melodrama y la tragedia de un azar doloroso que une y desune a las dos protagonistas, hay algo que me llama la atención. 

En este retrato, y bajo la mirilla de Almodóvar, las madres no dejan de ser mujeres, es decir, sus vidas no sucumben al rol impuesto. 

En medio de la exquisita dirección de arte de Antxón Gómez, que convierte los interiores coloridos, históricos y modernos en un personaje más y con un personaje masculino tan hermoso en cámara como  Israel Elejalde que casi te dan ganas de no odiarlo apesar de ser bígamo y ausente; se desenvuelven las historias de dos deseos y dos vidas que no dejan de serlo aunque paran bebés. 

Janis sigue fotografiando, buscando justicia para la memoria de su pueblo y Ana continúa en la búsqueda de su identidad y su libertad de dos padres indiferentes. El deseo sexual de las protagonistas no se detiene, ni son colocadas en la esclavitud de criar, precisamente, porque pertenecen a una clase social que tiene más alternativas para costear ayuda doméstica y no quedar sepultadas en el nido-niño.  Aquí se abre otro tema importante de la cinta: la maternidad puede ser menos angustiante si se cuenta con otras personas que asistan en la crianza, pero ese privilegio de clase no lo tienen todas las mujeres. 

Recomiendo pues «Madres paralelas», donde destaca el guion, la dirección, el casting, las actuaciones (no sólo la de Penélope sino las de Aitana Sánchez Gijón, Milena Smit y la chica Almodóvar Rossy de Palma), la dirección de arte y la fotografía (José Luis Alcaine Escaño).

Sirva esta película para repreguntarnos algo que siempre me da vueltas en la cabeza: ¿Está preparada la cultura judeocristiana latinoamericana a terminar de aceptar que las madres seguimos siendo mujeres con deseos y no vírgenes que tienen que ser sacrificadas cuando nos convertimos en madres? 

¿Qué tanto daño le ha hecho a la vida familiar la cultura de santificar a la madre y, al mismo tiempo, sacrificarla?

Siento que son preguntas que podemos hacernos de la mano de un controversial y adorado Pedro Almodóvar. 

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