¿Cómo votaron las mujeres activistas en estas elecciones?

Vilma Laínez, Graciela Barrera Y Marcela Benítez | 22/03/2021

Home Actualidad¿Cómo votaron las mujeres activistas en estas elecciones?

Una activista política, una ambientalista y una defensora de derechos humanos trabajaron desde la madrugada del pasado 28 de febrero, día de las recientes elecciones legislativas y municipales, para garantizar mejores condiciones para votar a otras personas. Alharaca les dio seguimiento para conocer cómo votan las mujeres activistas y las diferentes formas en que se puede “defender el voto”.





Ilustraciones por: Natalia Franco


Cocinar para defender el voto


“Defender el voto” es una frase que puede evocar en algunos una pelea en un centro de votación, o alguien cuidando una urna. Para este grupo de siete mujeres, defender el voto también es levantarse de madrugada para cocinar. Justo eso es lo que hicieron el pasado 28 de febrero al cocinar como parte de las complejas logísticas que suceden en todo el país en una larga jornada de un día de elecciones. Llevan una década organizadas en Santa Marta, en el municipio de Victoria (Cabañas), para participar en las elecciones. Aseguran que las motiva la memoria histórica que marca la identidad de esta comunidad y la esperanza de que gane el candidato o candidata de su preferencia. Llevan años “defendiendo el voto” de muchas formas: en las urnas, acompañando a las personas de la tercera edad o con discapacidad a votar, cocinando.

Una de ellas, Digna Recinos, 53 años, madre de cinco hijas y dos hijos, inició ese día acompañada por el canto de los gallos y la canción “Plegaria a un labrador”, del cantautor chileno Víctor Jara.

Leticia Membreño, Alba Laínez, Domitila Gámez, Clara Torres, Sonia Gámez y Paula Guevara con un rango de edad de 45 a 55 años, son las otras mujeres que forman parte de un colectivo que, desde las elecciones presidenciales de 2009, participan en la logística de cada proceso electoral. Se activan como colectivo para las elecciones, aunque muchas de ellas están organizadas y coinciden en otros espacios comunitarios. Son también las que hacen la comida para el Ejército Político Electoral (EPEL) del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN): las bases que defienden los intereses del partido de izquierda en cada contienda electoral. Aunque cocinan para ellos, no son parte del EPEL. La sección de Santa Marta es la que asume la logística por parte del partido FMLN en las elecciones en todo el municipio. Jóvenes, mujeres y hombres son distribuidos en los 8 centros de votación con los que cuenta Victoria. Para este año, el candidato a alcalde del partido de izquierda era un joven de Santa Marta y la mayoría de las personas que integraban el concejo municipal también eran de esta comunidad.

Estas siete mujeres adultas, al igual que otras, participan de forma tan directa en las elecciones porque vivieron el conflicto armado. Muchas de ellas tienen familiares que fueron asesinados e, incluso, estuvieron involucradas directamente en la guerra, como combatientes o como partes logísticas de la ex guerrilla.

Digna Recinos es una de esas mujeres. Durante el conflicto armado, de 1982 a 1992, asegura que curó heridos de balas, cocinó para la ex guerrilla y también fue radista, es decir, se encargaba de llevar las comunicaciones de la guerrilla en Chalatenango, Cuscatlán, El Paisnal, en San Salvador y en Santa Marta departamento de Cabañas donde estuvo delegada.



Santa Marta tiene actualmente una población aproximada de 2 mil 725 personas. En marzo de 1981, sin embargo, quedó casi desierta. Sus habitantes tuvieron que huir a Honduras debido a la persecución militar, ya que fue una de las zonas donde el ejército lanzó el plan que luego se conoció como de “tierra arrasada”.

El Informe de la Comisión de la Verdad dedica no más de tres líneas a la masacre conocida como del Río Lempa o la Guinda del 18 de marzo, en la cual “oficialmente” unas 200 personas fueron asesinadas o desaparecidas de Santa Marta y otras comunidades aledañas. Los testimonios de sobrevivientes dan cuenta, no obstante, de hasta 400 víctimas mortales. Además, hubo otras 7 masacres durante la guerra allí, según registros del Comité de Memoria Histórica de esta comunidad.

En el caso de Digna, desde la cocina participa políticamente, y ha incidido de esta manera desde hace 40 años, en el período del conflicto armado. “Desde que empezó la guerra en los años 80, que mataron a mis hermanas, ya me había involucrado. Estaba cipota, pero ya hacíamos comida con mi mamá para un batallón… Allá era más peligroso porque todo era clandestino”, expresó Digna.

En la guerra a Digna le mataron a tres hermanas y a un hermano. Su papá y otro hermano resultaron lisiados, y una de sus hermanas padece trastornos mentales a causa del conflicto armado.

A partir de 1987, los refugiados y refugiadas salvadoreñas que habían permanecido en Honduras comenzaron un lento retorno. Santa Marta ahora es conocida como una comunidad “repoblada”, al igual que Guarjila en Chalatenango; Segundo Montes, en Morazán; el Papaturro, en Cuscatlán; y Huisisilapa, en La Libertad.

Para Digna, la memoria de sus familiares es una de las principales razones que impulsan su trabajo comunitario. Es parte de al menos cinco espacios de organización; entre ellos, la Asociación de Mujeres de Santa Marta, de la cual es socia desde que se fundó en 2009. Además, juega fútbol, hace danza, canta en el coro de la iglesia y es parte del grupo de teatro que promueve el rescate de la memoria histórica.

“Me gusta apoyar en todo lo que me digan. Me dicen las bichas (sus hijas): ‘mi mamá no se aburre andar en la calle’. Es que me siento bien, les digo. Aquí en la casa me enfermo”, añade.

Es por eso que, en cada proceso electoral, Digna no duda en participar. El día de las elecciones, Digna caminó hacia la casa de Leticia Membreño en la madrugada, un trayecto de 10 a 15 minutos a pie, donde se reuniría con el resto de mujeres que tenían la misión de alimentar a más de 70 personas del FMLN, distribuidas en los centros de votación de San Antonio, San Pedro, El Palomar y Santa Marta.A las 3:30 de la madrugada, mientras preparaba el café sobre la cocina artesanal con leña, Digna expresó: “Siento que, si no me involucro en el tiempo de las elecciones, no valgo nada”.

Santa Marta es parte de los 11 cantones que tiene el municipio de Victoria, en el departamento de Cabañas. El municipio limita por la zona norte (Nombre de Jesús) de Chalatenango y Honduras. Está conectado por la carretera pavimentada con Sensuntepeque, la cabecera departamental. Según la alcaldía, el 13 % de la población de Victoria es urbana y el 87 % es rural.

Para las elecciones, según datos del padrón electoral, se esperaban 11 mil 627 votantes en todo el municipio.

Los puestos legislativos en Cabañas, departamento al que le corresponden 3 escaños en la Asamblea Legislativa, fueron ganados por la coalición de Nuevas Ideas-GANA y Arena, 2 y 1 respectivamente. 6 de las 9 alcaldías las ganó el partido de Nuevas Ideas; la cabecera departamental se la llevó el partido GANA, y luego el PCN y Arena se llevaron tan solo una municipalidad. Actualmente, 7 de esas 9 alcaldías son lideradas por Arena, y las 2 restantes por el FMLN.

“Nosotros no hemos perdido nada, porque el FMLN nunca ha tenido la alcaldía”, expresó Digna al final del domingo. Escuchaba atenta los primeros reportes que se transmitían en la radio local, Radio Victoria. El FMLN había perdido las elecciones. La alcaldía esta vez fue ganada por la candidata de Nuevas Ideas, Irma Morales con 2,930 votos. El FMLN, su partido, quedó en tercer lugar con 1,435 votos, 11 menos que ARENA, que quedó segundo con 1,446.

Santa Marta representa el segundo centro de votación más grande del municipio, después del casco urbano. Acá se esperaban 1,851 votantes, sin embargo, solo 1,065 personas acudieron a emitir el sufragio: muchas de las personas que aparecen en el padrón han migrado a Estados Unidos. Otras murieron. Del total de personas que votaron en esta comunidad para las elecciones municipales, el FMLN obtuvo 950 votos, Nuevas Ideas 78, ARENA 26 y el PCN 11. El FMLN Ganó también en el caserío San Felipe, que también es parte de Santa Marta. En el resto de cantones y en el casco urbano, el FMLN perdió. Un inesperado bastión del partido de izquierda en medio de un ventarrón que lo ha reducido a la irrelevancia legislativa.

Dicho de otra manera: el grueso de votos obtenido por el FMLN provino de Santa Marta. De esa comunidad de ex desplazados.

“Me doliera más que perdiera Santa Marta” externó Digna, para quien no todo está perdido mientras en la comunidad sus habitantes sigan fiel a sus principios históricos.

La única vez que el FMLN ha ganado la alcaldía de Victoria fue en 1997. A la salida de esa gestión, desde 2000, el partido ARENA y el actual alcalde, Juan Antonio Ramos, se ha mantenido en el poder.

El FMLN siempre ha sido débil políticamente en el departamento de Cabañas. El municipio de Cinquera y la comunidad de Santa Marta, en Victoria, han sido sus únicos bastiones fuertes. Esta vez, el FMLN también perdió la alcaldía de Cinquera ante el partido Nuevas Ideas.

“Algún día vamos a ganar”, dijo Alba Laínez, mientras viajaba desde Santa Marta a San Antonio con otras cuatro mujeres del colectivo a dejar la comida al personal del FMLN distribuido en los centros de votación de los cantones San Antonio, San Pedro y El Palomar. Alba también es de la Asociación de Mujeres de Santa Marta y en la guerra, también combatió con la guerrilla. Al igual que Digna, participa en el coro de la iglesia, en el grupo de danza y teatro de la comunidad. “A mí siempre que me dicen que apoye, apoyo al partido, porque es con quien me identifico”, dijo.

Clara Torres, otra activista, aseguró que el trabajo lo hace de forma voluntaria, como un aporte que dan las mujeres a la comunidad. En ese trayecto, de casi dos horas a los cantones, que hicieron para repartir el desayuno, las mujeres hablaron de relaciones tóxicas de pareja y cómo lograron salir de ellas; de sus enfermedades y, sobre todo, de sus esperanzas. Se reían y hasta Digna comentó, “tanto que hemos andado apoyando las elecciones, que algunos hombres nos dicen, ‘a esas viejas deberían de darles trabajo en la alcaldía si llegara a ganar el FMLN’”. Todas se rieron.

Para las elecciones en Santa Marta, las mujeres son las que más suelen colaborar, aseguró Leticia, quien es de la junta directiva de la Asociación de Mujeres de Santa Marta; y también ha sido parte de la Cooperativa Nueva Heroica de Santa Marta y de la Asociación de Desarrollo.

“Desde hace varios años he participado en la defensa del voto, pero este año decidimos participar aquí en la comida. De todas maneras, siempre se va a colaborar, ya sea de una manera u otra”, dijo Leticia, cuya casa se convirtió en el comedor comunitario del FMLN para estas elecciones.

Los partidos políticos suelen contratar a personal para que cocinen el día de las elecciones. Estas mujeres lo hacen de forma voluntaria y algunas hasta donan parte de los alimentos que cocinan.

En la casa donde se cocinaba estaban Alba, Domitila, Clara, Sonia, Leticia, y Paula. Algunas habían llegado a la 1 de la mañana. Se hacían bromas y cada una contaba cómo había hecho para poder llegar temprano. Leticia les daba las indicaciones sobre el tipo de comida y refrigerio que tenían que preparar.

“Hacemos comida para el centro de votación de San Antonio, San Pedro y el Palomar. Y para alguna gente que está colaborando en el Complejo Educativo de Santa Marta, que por alguna razón no pueden ir a sus casas, vienen a buscar comida aquí”, explicó Leticia.

El FMLN tiene poco respaldo político en esos lugares. En San Antonio, por ejemplo, el FMLN apenas obtuvo 28 votos para las elecciones municipales; en San Pedro, 19; y en el centro de votación El Palomar, 16. Han sido siempre las personas de Santa Marta las que han asumido la logística de las elecciones en estas localidades.

El turno de votación de Digna fue después de las 12 del mediodía, en el centro de votación ubicado a menos de 10 minutos de donde cocinaba. Ella es la segunda generación de mujeres que ejercen el voto en su familia. La primera fue su mamá. Aseguró que votó por una mujer “porque las mujeres ven el beneficio para otras mujeres”. Un matiz: votó por una mujer en la elección a el Parlamento Centroamericano (Parlacen). Su voto para la municipal y legislativa fue por bandera, la del FMLN.

“Nosotros queremos un alcalde aquí en Victoria que vea por nosotras, porque los que han estado nunca han velado por nosotras y por la comunidad. Lo otro, es muy importante, porque antes las mujeres no teníamos derecho al voto y ahora sí, y por eso es importante votar por nosotras, por nuestro país y por nuestra comunidad”, opinó Digna.
En la comunidad Santa Marta, en el municipio de Victoria, Digna deja en claro que su ideología partidaria es inexpugnable. Y su convencimiento tiene más de pragmatismo que de teoría política.

—¿Por qué sigue votando por el partido FMLN?

—Porque si gana, nosotros sentimos que vamos a tener apoyo, porque es quien siempre nos ha apoyado, desde que está la guerra, quizás por ellos hemos quedado vivos nosotros, porque ellos nos defendieron.

—¿Usted se siente satisfecha con los gobiernos del FMLN?

—Sí, yo me siento bien, porque sí apoyaron bastante.

—Y a usted como mujer ¿cómo le apoyó el FMLN?

—Cuando nos desmovilizaron nos dieron tierras. Casita no me han dado a mí, porque se la dieron a él (esposo).

La jornada de Digna empezó a la 1 de la madrugada y terminó pasadas las 10 p.m. del mismo día. Su trabajo fue de forma voluntaria y no remunerada.




Decepción en Santo Tomás



Para mujeres como Sonia Sánchez, feminista y defensora ambiental, el 28F fue un día diferente. No solo porque el día de las elecciones Sonia se levantó temprano para votar, sino porque le esperaba un arduo día de monitoreo. Decidió, junto a su familia, que debían asistir sin demora a votar. Tenían miedo de que podían surgir hechos violentos, como el ataque a la caravana de militantes del partido FMLN el pasado 31 de enero, en el que fueron asesinadas dos personas por un empleado del Ministerio de Salud, quien a su vez falleció semanas después. Sonia está organizada en movimientos sociales desde el 2001, cuando perdió su vivienda a causa de los terremotos.

Llegó a las 9 de la mañana al Centro Escolar General Manuel Belgrado, del municipio de Santo Tomás, donde le tocaba votar. Había una fila de unos 150 metros, por lo que tuvo que esperar 45 minutos para poder llegar a la Junta Receptora de Votos. Marcó sus preferencias y, como de costumbre, regresó a las oficinas de Momujest. Estuvo pendiente de todas sus compañeras, quienes también decidieron salir a votar. Algunas fueron llamadas a colaborar con el Tribunal Supremo Electoral. Otras apoyaron a partidos políticos en labores de logística. A todas las monitoreó durante el día. La preocupación de Sonia era que muchas tuvieron que salir de la comunidad.

Santo Tomás, un municipio ubicado en el sur del departamento de San Salvador, ha sido su nicho como defensora de Derechos Humanos. En 2004, junto a otras lideresas de comunidades, fundó la organización Movimiento de Mujeres de Santo Tomás (Momujest). Desde entonces su lucha por las mujeres y el medio ambiente ha sido constante. Dedica la mayor parte del tiempo a formación y capacitación de otras mujeres. y apoyarlas.

En 2015, Sonia se enfrentó a una de las empresas constructoras más grandes del país, Grupo Roble. Sonia asegura que la defensa del territorio en el que se construyó Sierra Verde, un complejo habitacional, la llevó a ser víctima de múltiples vulneraciones a sus derechos humanos. Pasó por dos demandas judiciales: una por coacción y otra por calumnia, por oponerse a la tala de 25,000 árboles que hacían parte de una zona de recarga hídrica en Santo Tomás.

Al final de la jornada, a las 9 de la noche, Sonia y sus demás compañeras ya vislumbraban un panorama de posibles resultados electorales en su comunidad. Esto les generó preocupación, porque no eran los resultados que las mujeres de Momujest esperaban.

“Para nosotras es preocupante que el presidente tenga mayoría calificada en la Asamblea Legislativa. Yo lo veo como un Gobierno autoritario en el que él va a decidir qué hacer y cómo hacerlo, sin tener oposición, creo que el poder debe estar balanceado”, explicó. Sonia aseguró que escuchó muchas veces decir a personas de su zona, que “votaron por el cambio”, debido al desgaste político que existía en los partidos Arena y FMLN.

La defensora cree que la mayoría de personas en su comunidad votó por bandera; y que pocos conocen quién es Fredy Ayala, alcalde electo por Nuevas Ideas en Santo Tomás. “Nuevas Ideas no hizo campaña territorial, nadie conoce a los candidatos, ni al concejo municipal”, explicó.

En Santo Tomás, el partido Nuevas Ideas ganó la municipalidad con una cómoda ventaja: obtuvo 6,701 votos del total de 14,284. El partido que más se le acercó fue Arena, con 5,031 votos.

Ante su preocupación de que no exista un balance entre el Ejecutivo y Legislativo, afirmó que “Momujest está decidida a continuar en la lucha y seguir haciendo contraloría ciudadana, a seguir incidiendo y seguir articuladas a los espacios de participación ciudadana que la nueva administración habilite”.





Las pacientes invisibles



En las elecciones del 28F, que redefinieron la representatividad partidaria legislativa que podría cambiar leyes fundamentales del país, no todas las personas pudieron votar.

Las condiciones del proceso democrático representaron un riesgo para la salud de algunas personas, que tuvieron que elegir entre su salud y su deber cívico.

A pesar de que en algunos centros de votación se incorporaron medidas sanitarias como alcohol gel y distanciamiento social, estas no siempre se cumplieron. Debido al riesgo de contagio por COVID-19, varias personas buscaron alternativas para ir a votar de la manera más segura posible. 

En el centro de votación que se instaló en la escuela Walter Thilo Deininger algunas personas de la tercera edad, por ejemplo, decidieron ser los primeros en ir a votar. Además, en los instructivos de las Juntas Receptoras de Votos (JRV), brindados por el Tribunal Supremo Electoral (TSE) se tenía contemplado un trato preferencial a las personas con movilidad reducida, ubicándolas al inicio de la fila.

Sin embargo, hubo personas de alto riesgo de salud para las que no hubo un trato preferencial y, en los centros de votación, no se les ofrecieron condiciones que les facilitara ejercer el sufragio, como a las personas inmunosuprimidas. 

Glenda Chávez, de 52 años, es la fundadora de Fundación Lupus El Salvador (FUNDALUPUS), la cual funciona tanto como un grupo de apoyo para los pacientes de lupus como una organización que busca concientizar acerca de esta enfermedad. En la tarde del 28F, a las 3:30 de la tarde, todavía no sabía si ir a votar, debido a que le parecía de alto riesgo.

El lupus es una enfermedad crónica que hace que el mismo sistema inmune ataque a las células y tejidos sanos. Esta enfermedad se manifiesta de manera diferente en cada paciente, pero puede dañar a diferentes órganos como los riñones, pulmones, el cerebro y el corazón, entre otros. Además, no hay una cura para este padecimiento. “Para mí, lupus es cambio, porque desde el momento en el que te dan el diagnóstico, te cambia la vida”, expresa Glenda. 

“A mí me da pánico estar en medio de tanta gente, porque por más que se tomen las medidas a las que estamos obligados, hay muchas personas que no lo hacen”, agregó Glenda.

Según la activista, algo tan simple como trasladarse a un centro de votación es un factor de riesgo para ella, debido a que en el transporte público no se guarda el distanciamiento social y, muchas veces, los motoristas ni siquiera portan mascarilla. 

Pero el COVID-19 no es la única razón por la que las personas que tienen lupus se sienten expuestas. La piel también es un órgano que se ve afectado por esta enfermedad, por lo que deben evitar las exposiciones largas bajo el sol. Otro síntoma es la fatiga: mantenerse de pie por mucho tiempo también puede ser un problema para alguien con lupus. 

Glenda asegura que muy poca gente con lupus estaba dispuesta a exponerse el día de las elecciones. Al final del día comentó que no fue a votar. Esta no es la primera vez que le pasa. 

Una paciente de lupus de 21 años, luego de llevar bastante tiempo en una fila en el centro de votación Centro Escolar República Federada Centroamericana, ubicado en Metapán (Santa Ana), ya no soportaba estar parada, el pasado 28 de febrero. Se acercó al vigilante de la entrada para explicarle su situación. Este, al inicio, la cuestionó debido a que “no aparentaba” estar enferma y que, al ser joven, “aguantaba más” estar de pie. Finalmente la dejó ingresar junto a las personas de la tercera edad.

“Nosotros llevamos casi 4 años intentando hacer algo sobre este punto, porque no nos pasa sólo con las colas para ir a votar. Pasa donde sea que haya que hacer colas, o donde sea que haya sol y nos perjudique. Todos estos factores son los que siguen influyendo de manera negativa en los pacientes que no somos reconocidos como pacientes crónicos y que solicitamos un trato diferente. Pero para eso debemos contar con el apoyo de las instituciones, puede ser el Ministerio de Salud, leyes que nos apoyen”, manifestó Glenda.

La activista aún no ha tenido oportunidad de plantear dichas necesidades, debido a que las autoridades del Ministerio de Salud no se han coordinado con la Fundación. “Estamos esperando que nos abran ese espacio para poder dialogar”, agregó.

Las esperanzas, ahora, están puestas en la nueva Asamblea Legislativa, para que implementen una política de salud que incluya a los pacientes crónicos. “Nosotros hemos vivido desde la pandemia, la suspensión total de controles con reumatólogos en hospitales públicos, el Hospital Rosales, por ejemplo, Zacamil, el Bloom, solo pocos casos muy crónicos, muy graves han atendido, pero los demás pacientes que tenían sus controles establecidos no los han tenido”, dijo Glenda y añadió que, hasta la fecha, no hay medicamentos básicos del cuadro de mantenimiento de pacientes con lupus.

Laura Mejía, de 38 años, quien también es paciente de lupus, a pesar del miedo a salir votar, se presentó en las urnas debido a que le parece importante ser representada en la Asamblea. “Da miedo. Conozco personas que, de hecho, no van a salir a votar por cuidarse un poco. Pero si uno quiere que haya ciertas leyes, también tiene que apoyar las votaciones”, valoró.


Más historias

Actualidad

Mujeres de la tierra: resistir desde la raíz

Lizbeth Hernández Y Mahé Elipe | 17/11/2021

Actualidad

Amar el deporte no siempre es suficiente

Kellys Portillo | 22/10/2021

Actualidad

Lo bueno y lo malo de las elecciones 2021

Graciela Barrera Y Denisse Menjívar | 18/07/2021

Unite a nuestro esfuerzo.

Colaborá