Democracia

Omar Rincón: «Te pido que me nombres un medio que no tenga agenda política»

Omar Rincón, periodista, ensayista y docente colombiano, ha visitado El Salvador durante más de dos décadas, reflexionando sobre el oficio periodístico y las narrativas que predominan en América Latina. En una de sus más recientes visitas, organizada por la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, compartió una mirada crítica hacia el ejercicio de la prensa en contextos de poder autoritario y desinformación digital.

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Omar Rincón, periodista, ensayista y docente colombiano. Foto por Alharaca.

Rincón, desde su experiencia, señala que el periodismo ha perdido conexión con la ciudadanía, repitiendo discursos de élites o contenidos de redes sin contexto ni profundidad. Para él, el camino hacia un periodismo transformador está en lo popular, en el territorio, y en narrativas que partan de la experiencia cotidiana. Reconoce el valor del trabajo que medios como Alharaca hacen al posicionarse desde un enfoque feminista y no neutral, algo que considera más transparente y éticamente claro. 

En esta conversación con Alharaca y Comunica, Rincón analiza el momento que vive el periodismo en América Latina, la necesidad de reinventarse, y cómo hacer que agendas como la defensa de los derechos humanos o de las mujeres conecten con los sentidos comunes de la población. 

¿Cómo describiría el estado actual del periodismo en América Latina? 

Primero, quiero felicitar a los periodistas en El Salvador por el Día del Periodista, porque me parece que hoy en día hacer periodismo es un acto de valientes, de pasión, de terquedad, porque el periodista está siendo muy odiado y denostado en el mundo.  

A los periodistas, los odian los presidentes, los empresarios, los narcos, los corruptos, los ciudadanos, todo el mundo. Hoy en día ser periodista es como coger el peor lugar del mundo para estar porque hasta la gente en la calle te dice: «mentiroso», «comprado». Ser periodista me parece absolutamente alucinante, porque el periodismo es un actor muy importante de la democracia, actúa con la libertad de expresión, y a mayor libertad de expresión, mayor democracia. 

En un contexto donde las redes sociales tienen un peso central y los discursos políticos tienden a criminalizar al periodismo, ¿cómo cree que se está ejerciendo hoy el oficio? 

Se volvió un periodismo de repetición de tuits, de lectura de redes digitales, donde no se prepara absolutamente nada. El periodista está usando el lenguaje de los poderes: los presidentes ponen de moda una palabra y el periodista lo usa.  

Estamos hablando rarísimo. No estamos hablando como la gente. Si estamos para repetir tuits de los presidentes y de los poderosos, para repetir lo que la red digital está haciendo, pues que nos reemplacen por un bot de inteligencia artificial porque no le estamos agregando absolutamente nada. ¿Cuál es la diferencia entre que yo lea un tuit y lo lea un bot? Ninguna. 

Me molesta mucho que el periodismo vive como súbdito de los poderosos. Sí los poderosos no dicen nada, los periodistas no tienen nada que decir. Hemos abandonado la agenda de la gente. 

¿Cree que por eso la gente no se informa en los medios tradicionales? 

Un estudio de Reuters dice que el 70 % de la población mundial no quiere informarse por dos razones: primero porque está aburrida de los políticos. No queremos que nos hablen más de Trump, de Petro, de Miley, Bukele,  de ninguno. Segundo, porque el mundo que plantea el periodismo es asqueroso, es un mundo de la muerte. Uno pensaría que el mundo se va a acabar y uno sale a la vida real y la gente es amable. Todavía las cosas funcionan.  Me deprime ver ese mundo que hace el periodismo. 

Yo prefiero la gente que me habla de las mujeres y las formas cómo inventan la vida, de medio ambiente, de salud, de comida, pero no comida al estilo de cómo: hace una dieta segura, bájale a los carbohidratos. Oiga no sea tan cínico, la gente no tiene con qué comer y además está proponiendo una dieta baja en calorías. No estamos hablando de seguridad alimentaria, de salud, de educación pública. No hablamos de transporte y el problema más grave en toda América tiene que ver con cómo nos movemos. 

Hoy en día hay que tener buenos editores de sentidos, que eran los periodistas antiguamente. Tengo una cantidad de amigos muy chéveres que me comparten lo que ellos interpretan de la realidad, creo que la mayoría de ciudadanía tiene editores de sentido. 

¿Quiénes son los editores de sentido?  

Los amigos, un familiar y tercero el periodista, no está mal. La gente prefiere creerle al amigo y al familiar antes que al periodista. 

¿Cómo han cambiado las redes sociales la práctica periodística? 

En el siglo XX había dos o tres cosas que eran claves. Una, había pocos medios, únicamente estaban la prensa, radio y televisión. No habían aparecido las redes digitales y la gran revolución digital no es el teléfono, no es el computador, no es el Internet, no es la red digital. La gran transformación de las redes digitales es que todo ciudadano puede ahora decir su punto de vista, su verdad. El periodista perdió el privilegio de contar la realidad porque técnicamente cualquier ciudadano que está al lado del río puede contar más realidad que yo que estoy en San Salvador. 

¿Es culpa del periodista? 

No, simplemente pasó, eso es un hecho, ahí no hay culpa. Lo segundo que pasó es que el concepto de libertad de expresión era un concepto de prensa, de información. Era un concepto que los periodistas encarnaban: «nosotros ejercemos la libertad de expresión de manera activa»; y, los presidentes del comienzo del siglo XXI comenzaron a pelear eso, a luchar eso. Cristina, en Argentina; Evo, en Bolivia; Correa, en Ecuador; Uribe, en Colombia; comenzaron a decir, «¿por qué ustedes son los dueños de la libertad de expresión? Si ustedes mienten, yo sí tengo la verdad». Comenzaron a decir que «nosotros (los periodistas) no somos los dueños de la verdad».  

Y una tercera, que pasó en el siglo XXI, es que todos los gobernantes, los poderosos ya no pretenden decir la verdad. En el siglo XX, un presidente como Richard Nixon mintió y tuvo que renunciar por mentir. En el siglo XXI, todos mienten y no pasa nada. A Trump le preguntan, usted dijo que el presidente de Ucrania era un dictador y el tipo dice: “Yo dije eso, hay que mal”, ni siquiera se hace cargo.  

Sabiendo que todo esto cambió, seguimos insistiendo en lo mismo del siglo XX, en que nosotros somos los periodistas, no cambiamos. ¡No señor!, usted tiene que demostrar que es capaz de hacer mejores informes que una persona en redes digitales.  

¿Qué aspectos del trabajo periodístico no pueden ser reemplazados por las redes sociales y la inteligencia artificial? 

La inteligencia análoga, poner el cuerpo, ir al territorio, narrar, poner tu cabecita a narrar. Pon tu cabecita a actuar, tu cuerpo, tu sensibilidad, tu inteligencia análoga, tu inteligencia ambiental. Mirar el mundo como una cosa orgánica en la que todo tenemos que ver con todos y tenemos más maneras de eso. 

Otra inteligencia es la afectiva, o sea, las emociones, cómo las trabajamos. Eso es lo que podemos poner los periodistas: lo afectivo, lo análogo y lo ambiental, no del medio ambiente sino en el concepto de construcción colectiva entre todos y todas.  

¿Qué papel juega aquí el lenguaje popular? Usted lo ha mencionado en varias intervenciones públicas de volver a lo popular para conectar con la gente ¿Por qué? 

El periodismo está lejísimos de lo popular, inclusive el periodismo popular que se hace. Hemos olvidado lo popular, nos lo ganaron las iglesias cristianas y la derecha. Lo popular está con ellos porque nosotros lo abandonamos. Nosotros vamos a lo popular para ilustrarlo; la derecha y comunidades evangélicas, para convocarlo, acogerlo y abrazarlo. Nosotros vamos para enseñarle y criticar. 

¿Cómo hacerlo, sin morir en el intento? 

El problema del periodista es de reinventarse. El periodismo clásico sigue datos, fuentes, documentos, contexto, criterios a interpretar y narración adecuadamente. Lo que es clásico no cambia nada, pero tengo que inventarme nuevas formas de hacer reportería. Si una nota viene con una fuente, para mí no es buena; si viene con tres fuentes puede que sea mejor, pero que no sean del mismo lado. El oficio está clarísimo. Lo que estamos haciendo mal es que no estamos conectando con la ciudadanía y con los sentidos comunes. Tenemos que inventarnos formatos y narrativas para llegar a los sentidos comunes, tenemos que partir de las percepciones y emociones que tiene la comunidad para informar. 

Hoy en día muchos medios digitales pequeños están haciendo un periodismo buenísimo. En América Latina hay más de mil medios digitales haciendo cosas rebuenas, medios comunitarios y medios populares. Están en crisis los medios grandes, pero no está en crisis la profesión del periodismo popular, el periodismo comunitario, el periodismo digital. En lo que estamos fracasando es en insistir y volver a contar lo mismo otra vez. No estamos encontrando formas para llegar a la gente. Por ejemplo, yo no  voy a contar a la gente de Santa Tecla que hay unos políticos que son la mafia de siempre, que hay corrupción, la gente sabe. Entonces ¿por qué hago ese periodismo que ya sé que la gente no le importa que haya corrupción? La gente no ve la corrupción como un problema. 

¿Qué pasa si cambiamos el informe? lo hacemos en forma de humor, si cambiamos el formato. ¿Qué pasa si voy a una comunidad y les digo: les voy a mostrar un retrato de ustedes como son? y hacemos chistes sobre cómo les compran los votos. Hacemos chistes sobre cuánto costó esa botella de agua. Comenzamos con el humor y la ironía, porque el humor es la forma de crítica social, es la forma en que sí llegamos. 

¿Cómo debemos informar sobre violaciones a los derechos humanos para conectar con nuestras audiencias? 

No hemos sido capaces de bajar el tema a la ciudadanía. En comunicaciones es muy fácil, uno parte de las percepciones y emociones de la gente y a partir de las percepciones y emociones de la gente, qué hago yo, dos cosas: uno, las confirmo o las transformo.  

Cuando digo que un presidente atenta contra los derechos, ¿qué entiende el ciudadano? Las feministas dicen que tenemos que defender los derechos, ¿cuáles? los derechos de las mujeres y de la diversidad sexual, de acuerdo. Pero un ciudadano considera que los derechos de las mujeres y los derechos de la diversidad sexual no son tan importantes si no tengo trabajo, no tengo salud, si no tengo paz. Ves, ahí hay una entelequia, no hemos sido capaces.  

Si queremos cambiar de sociedad, los periodistas, comunicadores, activistas, la gente que queramos tenemos que bajar el concepto de la práctica de la democracia y la práctica de los derechos a los sentidos comunes de la gente. Si no los bajamos a los sentidos comunes de la gente, es un fracaso porque vamos perdiendo por Goliat. 

¿Parece incierto el futuro del periodismo? 

El futuro está bueno por tres cosas. Toda la sociedad inclusive los gobernantes, los narcos, todo el mundo está hablando de ciertos temas que expresan progreso. De las mujeres, no vale la violencia contra la mujer, no vale la discriminación por raza, eso ya ganamos. Todo el mundo tiene que hablar de eso. Estamos hablando un tema que nadie hablaba antes en el siglo XX: un marido le pegaba a una mujer y era normal; hoy, ya no es normal. Odiar a las mujeres no es normal, odiar por raza, ya no es normal. Hoy no es normal decir acabemos con el medio ambiente. Hoy no es normal que hablemos mal de la comunidad gay. 

Junto a ello, hay medios como Alharaca que trabajan en esas agendas, y eso no existía antes. Es una ganancia. Antes, en los periódicos solo se hablaba de la mujer el 8 de marzo, y después todo el año no hablaban de la mujer o existía una página, por ejemplo, el viernes, la página de las mujeres: cómo arreglarse, cómo ser más sexis, eso ya cambió. Ese es un cambio de futuro espectacular. 

¿Qué papel juegan las universidades frente al debilitamiento del rigor periodístico y la falta de credibilidad? 

Parte de la crisis del periodismo es la formación universitaria. Antiguamente, formaba para radio, prensa y televisión y después en la sala de reacción, había gente formando. Tú llegabas a la Prensa Gráfica, al Diario de Hoy, al Noticiero y había editores formando bien. Hoy en día, la universidad está formando muy viejo, y sigue dando las clases como si el periodismo no ha cambiado, y mete lo digital como comprar una cámara de televisión, un computador Mac. Lo digital no es una tecnología, es una manera de hacer una cultura distinta y la universidad sigue en la cultura del siglo XX, no se ha adaptado la cultura del siglo XXI. Entonces, los chicos salen a la realidad y están muy llenos de una cantidad de conceptos que no sirven para practicar. 

Al periodista en las universidades, lo formamos con muy poca mirada del mundo. Ese es un fracaso. Hay que salirse de la caja, ir a mirar cómo la comida se reinventa cada día. El periodismo es como una pupusa que hay que hacer. La información está ahí, pero cómo la hago distinta, aprender que hay que salirse del campo para iluminar y pensar con la propia cabeza. 

¿Qué opinión tiene sobre los medios que informan con un enfoque de género y feminista? Algunos periodistas dicen que lo que hacemos no es periodismo, sino activismo. 

Cuando uno cree que hay medios activistas, es porque cree que hay otros medios que no son activistas. Te pido que me nombres un medio que no sea activista, que no tenga agenda política. Me parece que es más transparente democráticamente decir dónde estoy ubicado a decir: «Yo soy neutro como el New York Times».  Puede que me guste más Alharaca que Volcánicas, no lo sé. Ahí hay una distinción, que me gusta más el periodismo de uno que otro, pero están poniendo la cara desde donde están, no están jugando a esta cosa de la neutralidad y la objetividad. Debe parecer que sí hay que comenzar a pensar que ser activista es más transparente que decir «soy neutral» porque es mucho más oscuro decir: «Soy neutra. 

¿Le ve esperanza entonces al periodismo? 

Sí, pero si los colegas periodistas no hacemos autocrítica, no le veo futuro. 

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