Por Vilma Laínez (Alharaca) y Mónica Pineda (periodista freelance)
En 2018, jóvenes de Santa Marta, en Cabañas, y de Suchitoto, en Cuscatlán, comenzaron a organizarse en colectivos LGBTIQA+ para defender sus derechos y construir memoria colectiva desde sus propias comunidades en territorios rurales.
Desde encuentros, aprendizajes compartidos y redes de cuidado que se tejen entre personas vecinas, estos jóvenes de la diversidad demuestran que la defensa de sus derechos no siempre nace en grandes escenarios, sino en espacios pequeños y situados: en reuniones comunitarias, en conversaciones cotidianas y en la organización que, paso a paso, fortalece su capacidad de acompañarse y protegerse mutuamente.
Su lucha sostenida con el tiempo se da en un contexto marcado en El Salvador por restricciones institucionales y la reducción progresiva en espacios de participación y diálogo.
El país no reconoce el matrimonio igualitario ni cuenta con una Ley de Identidad de Género, y en los últimos años se han desmontado programas y proyectos estatales que anteriormente promovían la inclusión y la atención a poblaciones diversas. Desde el inicio del gobierno de Nayib Bukele, se cerraron instancias y mecanismos de interlocución que permitían avanzar en políticas públicas para la población LGBTIQA+, limitando canales de incidencia y acompañamiento institucional.
En octubre de 2025, el Gobierno decretó la prohibición del uso del lenguaje inclusivo en las escuelas públicas, una de las decisiones que más impactará en las poblaciones diversas de las zonas rurales, según advierten estos colectivos. Estas decisiones se suman a un clima político que ha reforzado narrativas estigmatizantes, como se explica en el análisis publicado por Alharaca sobre el uso del discurso de la llamada “ideología de género”.
En las zonas rurales, según relatan las juventudes diversas en este pódcast, estos retrocesos se sienten con mayor fuerza. La falta de recursos y la distancia geográfica de las instituciones encargadas de proteger sus derechos profundizan la vulnerabilidad y limitan el acceso a acompañamiento, atención y mecanismos de protección.
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En este contexto, el podcast Espacios seguros que florecen: una apuesta desde territorios rurales para población LGBTIQA+ propone un recorrido por las experiencias de organización comunitaria diversa de los colectivos Brisas del Campo, en la comunidad Santa Marta —distrito de Victoria—, y del Grupo Diverso, integrado por jóvenes de distintas comunidades del municipio de Cuscatlán Norte.
A lo largo de dos episodios, invitamos a conocer los caminos de resistencia que estos colectivos han tejido para defender sus derechos y afirmar su identidad. Historias que muestran cómo, a través de procesos educativos y trabajo comunitario, están rompiendo tabúes y creando espacios seguros donde antes predominaba el silencio y el miedo.
Episodio 1: Colectivo Brisas del Campo: un espacio que cuida, protege y construye
Episodio 2: Grupo Diverso: un espacio de expresión y encuentro en Suchitoto
*Este podcast fue realizado con el apoyo de la International Women’s Media Foundation (IWMF) como parte de su iniciativa de ¡Exprésate! en América Latina.
Créditos:
Esta es una producción de Alharaca.
Participamos:
En el reporteo y entrevistas: Mónica Pineda y Vilma Laínez
Narración y redacción del primer episodio: Mónica Pineda
Narración y redacción del segundo episodio: Vilma Laínez
Edición del texto: Metzi Rosales Martel
Edición sonora: Mónica Pineda y Vilma Laínez
Agradecemos a las juventudes de Brisas del Campo de Santa Marta y del Grupo Diverso de Suchitoto por compartir sus experiencias y profundizar en sus realidades.