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Mocha Celis: un bachillerato travesti trans que abraza a todo el mundo

Hace 15 años abrió sus puertas el Bachillerato Popular Mocha Celis, el primero en el mundo en contemplar las necesidades de personas travestis y trans pero abierto a quien necesite acercarse. Hoy esta “escuela ternura” desafía al odio de la sociedad y los recortes del Estado con orgullo y ampliación de derechos para todas, todos y todes.

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Fotos: Luciana Leiras

Lxs orgullosos estudiantes de Mocha Celis.

A Dixie Valentine no le gustaba ese uniforme masculino que la obligaban a vestir. Por eso ella subía al depósito del cuarto piso en el colegio, “agarraba el jumper que usaban las chicas, me lo ponía y bajaba. Las autoridades del colegio me detestaban”. Ahora lo cuenta y estalla en carcajadas mientras saca a relucir algunos de los superpoderes travestis: el humor y la resiliencia. “Yo era jodida, si me querías hacer bullying yo te hacía el doble”, dice.

Su historia es la de muchas personas travestis y trans que al comenzar a expresar su identidad en la infancia y adolescencia reciben el castigo de la sociedad. Una investigación de la Fundación Huésped y la Asociación Travestis Transexuales Trans de Argentina (ATTTTA), explica que 8 de cada 10 personas trans padecieron acoso escolar por ser quienes son y esto las llevó a abandonar sus estudios.

Es alta y tiene unos rulos que la coronan como la reina que es. “De, i, equis, i, e”, deletrea su nombre: Dixie. Sabe quién es y no va permitir que nadie lo olvide. Nacida en Paraguay, a sus pocos meses de vida se mudó con su familia a Argentina. No pudo terminar su secundaria debido a la violencia de las autoridades escolares. Esto le pasó en el barrio de Balvanera, de la Ciudad de Buenos Aires. En 2018, cuando tenía 20, las amigas se enteraron que no había podido continuar los estudios, entonces la contactaron con Mocha Celis, el primer bachillerato popular del mundo creado para abrazar y acompañar la vida de personas LGBT+, en especial del colectivo travesti trans. 

“La Mocha”, como le dicen, nace en 2011 como un espacio en el que se respetan las identidades. Allí comprenden que si les estudiantes por las noches se encuentran en ejercicio de la prostitución / trabajo sexual como única fuente de ingresos, entonces por las tardes es cuando pueden estudiar. La escuela surge para que todas estas identidades expulsadas de familias y ámbitos de socialización tengan pares. Este es un lugar para capacitarse, celebrar y hacer del orgullo una identidad propia. Nace en una Argentina en la que el promedio de vida de un habitante es de 76 años, a menos que seas una travesti trans. En ese caso es de 40 años. ¿Por qué? Violencia institucional, crímenes de odio, abandono del Estado y de la sociedad. 

Los bachilleratos populares existen en el país desde 2004 para que las personas adultas puedan concluir la secundaria. Si bien Mocha Celis nace con la mirada en el colectivo travesti trans, está abierto a toda persona que lo necesite. La comunidad estudiantil la conforman representantes de todas las letras de la sigla LGBT+: hay lesbianas, maricas, transmasculinidades, “travos”, personas no binarias y el “más” (+), que siempre es mucho más. En los salones del colegio hay migrantes, adultos mayores, personas con discapacidad, madres, amistades, que no siempre son del colectivo de la diversidad, pero eso no importa, este también es su lugar. Acá nacen oportunidades y se crean nuevas familias. Sus estudiantes la llaman: “la escuela ternura”.

Señorita travesti y la historia de La Mocha

Antes de que se aprobara en 2012 la Ley de Identidad de Género la activista Lohana Berkins ya daba pelea en varios frentes más. En 2002 quiso estudiar para recibirse de maestra, pero le negaron las vacantes o la inscribían en las planillas con ese nombre masculino asignado al nacer que nunca le correspondió. Así que a ella le tocó educar a los educadores al tiempo que puso una denuncia en la Defensoría del Pueblo, en la Adjuntía en Derechos Humanos, para que la Escuela Normal Nº3 la recibiera y le respetaran su identidad. 

Francisco ‘Pancho’ Quiñones Cuartas, cofundador y hoy director del bachillerato Mocha Celis, buscó a Lohana en 2009 para hacer un documental. Ella aceptó pero le pidió a cambio ser parte de la creación de un colegio popular para travestis y trans. “Cuando una travesti entra a la Universidad, le cambia la vida a esa travesti; pero muchas travestis dentro de la universidad, le cambian la vida a toda la sociedad”, solía decir Lohana, y para eso había que construir un espacio que educara no sólo en los contenidos formales sino en el orgullo, la identidad y el acceso a todos los derechos básicos. 

A Lohana la conocían más como a una matriarca travesti, “traviarca”. Fue pionera incansable en la lucha de los derechos del colectivo travesti trans; y por donde se movía sembraba revolución. Fue la primera persona trans en ser trabajadora del Estado, pasó por la política, por dónde iba dictaba charlas que movilizaban a la acción. Ella se multiplicaba a su paso y por eso cuando le dijo a Pancho que había que armar un espacio de educación travesti trans era para tomarlo en serio. Sumaron más gente y evitaron soñar para dedicarse a concretar.

Bautizaron el bachillerato con el nombre de una travesti nacida en la provincia de Tucumán. Lohana lo contaba cada vez que podía y también lo dejó por escrito en notas periodísticas. En estas cuenta que cada vez que la policía se las llevaba detenidas por el mero hecho de existir como personas trans, Mocha Celis, que no había podido acceder a la educación, pedía a las compañeras que la ayudaran porque no sabía ni leer ni escribir. Así que le pidió a otra de esas personas trans detenidas que le enseñara a la Mocha: “Pero hacelo de manera que ella no se sienta mal, que no se sienta menos”. 

Mocha Celis fue asesinada en Buenos Aires en agosto de 1996, víctima de la violencia institucional y policial. Su muerte, ocurrida tras recibir golpes y disparos, sigue impune. Este 28 de abril del 2026 hubiera cumplido 63 años. Nombrarla hoy es hablar de una búsqueda de reparación histórica para todo un colectivo.

Lohana Berkins, por su parte, falleció en 2016, pero está presente en el bachillerato. En los pasillos, en alguna estampita, en fotos, en las charlas y en tantas anécdotas. Antes de morir dejó una carta y la cerró con un mantra que hoy se repite: “Estoy convencida de que el motor del cambio es el amor. El amor que nos negaron es nuestro impulso para cambiar el mundo”.

El Teje: organizarse y crecer para acompañar

La educación es una de las tantas deudas pendientes de la sociedad con las personas de la diversidad sexual. Pero también lo son el acceso al trabajo, a la salud integral, a los espacios de ocio, al legítimo derecho a decidir quién sos. Para acompañar esos procesos la escuela Mocha Celis creó en paralelo la Asociación Civil El Teje.

La Mocha es el proyecto educativo y El Teje la asociación de apoyo social, funcionan como unidad que se retroalimenta no solo en un mismo espacio edilicio sino en un fluir de apoyo y amor que nunca para de crecer. 

La asociación surgió durante la pandemia cuando la urgencia era sobrevivir y les estudiantes no tenían para comer. Desde la institución comenzaron a armar cajas de alimentos y a consultar las necesidades sociales del colectivo que iban desde turnos médicos hasta apoyo para evitar los desalojos. La pandemia pasó pero las injusticias y violencias no, por eso El Teje creció para responder a más y más frentes.

“Como compañeros y compañeras estamos convencidos de que el cambio real de una sociedad es posible cuando nos involucramos”, explica Virgina Silveira. Vir comenzó su recorrido en Mocha Celis como estudiante y siguió acompañando y militando desde la institucionalidad. Ahora es una persona trans que se recibió en el bachillerato y es la presidenta de El Teje. Esto simboliza muy claramente la importancia de la escuela.

“La educación me atravesó tan fuertemente que no me quise quedar con la idea de que los accesos iban a ser para algunas personas solamente, ahí me empecé a involucrar”, cuenta. Por eso tanto la Mocha como El Teje son oportunidades presentes en la vida no solo de las personas LGBT+ sino de cualquiera que necesite y se acerque. Es muy clara: “No somos un espacio asistencialista. Acompañamos las trayectorias de formación continua de compañeros y compañeras que están decididos y tienen la convicción de que trabajando colectivamente vamos a poder salir adelante”. 

Para las personas de la diversidad sexual los lazos familiares se construyen como reparación histórica. Para muchas el haber expresado su identidad significó el castigo y expulsión de la sociedad en la que nacieron. Incluso para quienes fueron apañadas en esos lazos biológicos “algo” faltaba, un entendimiento, un código. En Mocha Celis y El Teje hay una constelación de personas que van desde profes y trabajadores, hasta estudiantes, ayudantes y voluntaries que abraza y celebra.

Gaba Benítez se sumó a la asociación en plena pandemia y apoyó su crecimiento durante estos seis años: “El Teje es una red de cuidados, una red afectiva”. Si alguien viene por la caja de comida se le pregunta cómo está, si tiene trabajo, se le ayuda con el armado del CV, se le ofrece asesorías para hacer el cambio registral y si quiere terminar sus estudios le explican cómo lograrlo.

Gaba coordina el Programa de Empleabilidad, es el puente entre las empresas y las personas del colectivo. Hay capacitaciones, pasantías, voluntariado y uniones para ambas partes. Argentina vive uno de sus peores momentos de empleabilidad, con cifras récord de desempleo y de cierres de fábricas; si a esto le sumamos ser parte de algún colectivo víctima de prejuicios o no tener la capacitación necesaria para algunos puestos, estamos hablando de vidas vulneradas y en peligro. 

Acceso al empleo, al igual que acceso a la salud, educación y calidad de vida son áreas donde las estadísticas también invisibilizan al colectivo travesti trans. Los estados las niegan, no actualizan datos y mucho menos le brindan oportunidades. Pero además de las cifras impactantes hay preguntas que gravitan y son claves: ¿con cuántas personas travestis trans compartís tu trabajo? ¿Con cuántas vas al colegio o a la universidad? ¿Cuántas personas trans comparten la mesa de tu familia y amistades?

Lu Fuster es socióloga y coordina el Programa de Acceso a Derechos en Mocha Celis y forma parte desde 2016. Mientras responde preguntas y manda mensajes, se ocupa de que una alumna internada en el hospital reciba una visita. Hace de todo sin dejar de sonreír y abrazar. El programa en el que trabaja acompaña todas las demás áreas, pero desde lugares más específicos como el acceso a la salud, a vivienda, temas legales, conflictos con la ley hasta “contención, escucha y abracitos”, como menciona.

“¿Quién cuida a quiénes cuidan?”, es una de las preguntas que se hace Lu. Estar en esa primera línea de acción implica recibir broncas y descargos, lidiar con la frustración de un sistema odiante y un contexto cada vez más complejo, “pero sigue siendo un hermoso desafío de todos los días”, asegura. Dice que la escuela es parte fundamental de su vida, lo deja en claro al despedirse de la entrevista para ir a recorrer con un equipo las zonas rojas de la ciudad invitando a más personas que vengan a estudiar al bachillerato.

Mar está en calma, ella también trabaja en El Teje y recibe a las personas que se acercan con necesidades. Es morena, su pelo es de un lacio perfecto y su sonrisa una colección de perlas que termina de transmitir esa paz que ella irradia. Al lado está Dixie quien explica algo con total histrionismo. Van y vienen alumnes, hay actividades, pasa de todo, pero Mar está ahí contando su historia.

“Tuve una transición muy solitaria”, dice. Viene de una familia numerosa y amorosa, pero le faltaba algo, una comunidad que aún no encontraba. “Al crecer sentía que era ‘una travesti rara’, porque tanto en la Universidad como en los trabajos formales no me encontraba con otras personas travestis y trans”, cuenta. Nació en la provincia de Salta, al norte de Argentina, pero al igual que muchas personas LGBT+ migró a la capital de Buenos Aires en búsqueda de otras oportunidades.

En esa juventud en su provincia había empezado a estudiar Técnica Agropecuaria, pero luego pasó a enfermería. “Yo tengo mucho para entregar al mundo», pensó y en las tareas de enfermera quería profesionalizar: “esa cuestión humanitaria donde demostrar bondad, paciencia y cierta ternura que el oficio requiere”, dice. Pero el mundo y su crueldad la terminaron desilusionando hasta dejar la carrera muy cerca de recibirse.

Entonces Mar llegó a la Mocha desde sus comienzos y siempre estuvo cerca. En algún momento que necesitó ayuda se acercó a El Teje y entre las muchas respuestas que recibió apareció una oportunidad laboral, “ya van a hacer dos años de eso”, recuerda. Actualmente es asistente y capacitadora en el Programa de Empleabilidad. Explica de los talleres, capacitaciones, recursos que hay disponibles y se encarga de poner toda esa bondad, paciencia y ternura en el proceso. “La gente tiene sueños, les decimos que pueden ser más ambiciosas, pensar en qué lugares quieren trabajar, qué quieren ser”. La voz se le quiebra un poco, se emociona. “Cuando alguien pasa por la Mocha no sale igual”. 

El financiamiento es un desafío constante. El Estado, como con cualquier escuela popular, aporta lo mínimo. Entonces todo el tiempo hay actividades, colectas, encuentros, alianzas y estrategias, hasta la posibilidad de asociarse para donar mensualmente. El primero de mayo, Día Internacional del Trabajo, en Mocha Celis prepararon una venta del típico plato obrero: un locro. Las travestis y ‘travas’ le pusieron su toque identitario al término, por eso en muchas publicaciones y mensajes se lo puede ver escrito “traVajo”.

Durante la conversación, Pancho el director del bachillerato y Virginia Silveira, la presidenta de El Teje, recuerdan que en los últimos días de vida de Lohana Berkins convocó a grupos de personas para compartir charlas y, sin que lo imaginaran, comenzar a heredarles esa visión de futuro que siempre propuso y acompañó. 

“Charlábamos de política, de sociedad, de ancestralidad, de todo”, recuerda Vir. “Nos decía que teníamos que ocupar todos los espacios”. En mayo del 2026 en Brasil, durante la décima conferencia de ILGA, Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex, Virginia fue nombrada representante latinoamericana en el Comité Directivo Trans de la misma.

Educar y educarse: acto de amor y activismo

Dixie también encontró trabajo en la Mocha, específicamente en El Teje en 2024. Es la preceptora encargada del funcionamiento de los talleres de formación profesional que se ofrecen. Ahora va por la escuela viendo qué taller le puede interesar a cada estudiante; si llega alguien de afuera le propone todo el plan que va desde computación, marketing digital, hasta idiomas y va variando por cuatrimestre. Mocha Celis además de dar oportunidades aporta a que toda la sociedad sea un lugar donde las personas travestis y trans puedan conseguir empleo digno.

Dixie arma los grupos de WhatsApp para avisar horarios y novedades, se encarga de que el aula esté presentable, y si alguien falta a la clase, hace el seguimiento. “Si viene una compañera sin útiles le damos un cuaderno y lapicera para que pueda tomar nota, también preparo el café, después vuelco todo a una planilla”, y sigue contando sus tareas con seguridad y orgullo.

“Está bueno seguir estudiando, por eso empecé la universidad”, dice radiante. Está cursando la carrera de Licenciatura en Comunicación Social gracias al acuerdo de cooperación entre Mocha Celis y la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (UMET). Explica que hay personas que quizás nunca habían compartido con identidades travestis y trans, cuenta de los trabajos grupales, de su pasión por las matemáticas y cómo llega a la noche cansada pero “con un cansancio hermoso”. 

Es drag queen y host en lugares LGBT+ desde hace diez años, y gracias a ello pudo acercarse mucho a varones gais y lesbianas en ese contexto de noche y celebración, pero solo al entrar a estudiar en la Mocha fue que conectó con el colectivo travesti, trans y no binarie. “Era una escuela de muñecas”, recuerda. Había ansiedad y adrenalina. En ese momento todavía no había comenzado su transición y acá, con ese espejo de compañeras y experiencias se pudo encontrar a ella misma.

“Acá por primera vez tomé mates con una compañera travesti. Conocí realmente la historia del colectivo travesti, sus historias de vida”. Se refiere a las que no aparecen en los libros de historia de las instituciones educativas. Las sobrevivientes trans además de aprender comparten la genealogía biográfica de un colectivo invisibilizado. “Ellas te lo cuentan siempre con sus frases y de una manera desdramatizada que te sensibiliza, no te expulsa”, narra Dixie.

“Esta es la escuela que puso en el centro a las, los y les estudiantes para que puedan pensar qué tipo de educación quieren. Más allá de los contenidos básicos, de las cosas que están acordadas en un consejo de educación, acá es la propia población la que propone y discute. Todo esto no está en algún libro sino en la persona”, explica Pancho, el director.

Conocer sus derechos y luchar por estos también es algo que enseña Mocha Celis. Las aulas son el inicio, el mundo entero su nuevo espacio. Las calles que siguen siendo violentas para el colectivo ahora son tomadas por una bandera que lleva el nombre del bachillerato. La ondean les propies estudiantes con ‘furia travesti’. Sea en una Marcha del Orgullo o en movilizaciones de reclamos sociales, la escuela acompaña a recorrer esas calles de nuevas maneras. Aprender también es estar presentes para exigir justicia cuando asesinan a alguien del colectivo, cuando la justicia les violenta y cuando no se respetan las leyes.

En enero de 2025 el actual presidente de Argentina, Javier Milei, atacó a las personas de la diversidad sexual durante su discurso en el Foro Económico de Davos. Días después modificó por decreto la Ley de Identidad de Género restringiendo derechos para las personas más jóvenes. En respuesta a sus acciones de odio se creó la Marcha del Orgullo Antifascista y Antirracista. En 2026, en su segunda edición, Dixie Valentine marchó con su arte drag como manifiesto: un body marrón, un look impecable y en su puño en alto la cabeza de un león. 

Marchas del bachillerato en las calles de Buenos Aires.

Dixie recorrió la Avenida de Mayo que une el Congreso de la Nación con la Casa Rosada. Durante su caminata la gente que marchaba le sacaba fotos, la celebraba y admiraba. Para las identidades de las disidencias las calles pueden ser una amenaza, pero en Mocha Celis también aprenden a recorrerlas con herramientas, con derechos y sobre todo existiendo como gesto para resistir. Dixie lo sabe y explica que desde que pisó por primera vez la escuela “automáticamente me sentí en casa, mi verdadera casa, no esa otra que tengo con una familia de derecha”.

Mocha Celis, El Teje y cada una de las personas que por allí pasan hacen de su visión de presente una realidad. Argentina y el mundo siguen siendo lugares hostiles para tantas identidades que son expulsadas y atacadas. Pero acá se crean redes y “tejes” que trascienden las fronteras. Hoy Mocha Celis es un ejemplo que se crea a su manera por todos los territorios, es parte de la Red Latinoamericana de Educación Travesti Trans, la cual desarrolla encuentros regionales y fomenta los saberes y las experiencias para que se repliquen, encuentren sus formas, espacios y se multipliquen.

¿Cómo el periodista llegó a esta historia?

La historia es sobre un bachillerato popular que contempla las urgencias del colectivo travesti trans. Desde hace 15 años estoy presente como periodista, activista y colaborador en el desarrollo del espacio. Así que nunca “llegué”, ya estaba ahí <3 

¿Cuántas fuentes consultó en total? y ¿Qué tipo de fuentes?

Partiendo de la información que hay disponible en la web del bachillerato, sustenté la historia de la activista que pensó este lugar como una posibilidad, Lohana Berkins, a través de varias notas escritas por ella en el diario Página/12.
También hay análisis de los pocos reportes que hay sobre la realidad de personas travestis y trans en Argentina. En su mayoría sin actualizar.
Otra fuente es el trabajo que desde hace años realizamos con Agencia Presentes.
Para esta investigación hacía falta hablar con las personas que están trabajando en Mocha Celis y comprender la nueva manera de trabajo.

¿Cuántas entrevistas hizo? 

Seis.

¿Quién integró el equipo periodístico y de producción? 

El trabajo lo realicé solo y para las fotografías se contrató el trabajo de Luciana Leiras, fotógrafa activista LGBT+, que acompaña al bachillerato desde hace años.

¿Cuánto tiempo de reportería y producción invirtió el equipo?

Un aproximado de 15 días.

¿En qué lugares hizo reportería?

En el Bachillerato Mocha Celis y en dos marchas por reclamos en la Ciudad de Buenos Aires.

¿Presentó solicitudes de acceso a información?

No.

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