Benjamín Amaya: «Estar en una cárcel es como estar en la guerra»

Angélica Ramírez | 12/01/2024

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Benjamín Amaya, de 63 años, desempeña múltiples roles como agricultor, albañil y defensor del derecho a la tierra. Desde 2021, ha estado enfrentando la oposición de empresas que buscan apoderarse de la Finca Argentina en San Juan Opico, La Libertad. Su hija, Carolina Amaya, también contribuye a la causa desde su labor como periodista, denunciando las vulneraciones al medio ambiente. En esta entrevista, cuentan cómo les ha afectado los 10 meses que Benjamín estuvo detenido bajo el régimen de excepción.


La detención de Benjamín Amaya ocurrió el 28 de febrero, mientras él regaba las plantas de su jardín. Se le imputaron cargos de agrupaciones ilícitas y limitación a la libre circulación, en un contexto en el que también se desempeña como defensor del derecho a la tierra de agricultores de la finca Argentina.  

La captura se produjo después de que representantes de una empresa de energía renovable amenazaran con desalojar la finca Argentina, donde él, excombatientes y campesinos mantienen sus cultivos. Benjamín y otros cuatro líderes campesinos fueron detenidos el mismo día que Carolina Amaya publicó un un reportaje sobre la urbanización de un cerro protegido del lago de Coatepeque, proyecto promocionado en las redes sociales de la empresa de la suegra de Nayib Bukele.

Benjamín es padre de Carolina Amaya, periodista ambiental y fundadora del medio especializado en cobertura del medioambiente Mala Yerba, en el que se han publicado investigaciones sobre el impacto ambiental de construcciones vinculadas al Gobierno y la vulneración de derechos de líderes comunitarios defensores del territorio.  

La captura de su padre ha impactado a Carolina y a su proyecto periodístico. Sin embargo, el 21 de diciembre de 2023, después de pagar una fianza de 10 mil dólares y bajo medidas impuestas por un juez especializado, Benjamín recuperó su libertad. 

En esta entrevista, padre e hija compartieron sus experiencias sobre cómo se vive el régimen desde ambos lados. Destacan el trato inhumano que experimentan las personas privadas de libertad dentro de los penales y la angustia de las familias que buscan información sobre sus seres queridos día tras día. 


Benjamín Amaya y Carolina Amaya son defensores ambientalistas: él lo hace desde el territorio y ella desde el periodismo. Foto: Kellys Portillo  

Don Benjamín fue capturado el 28 de febrero, ¿qué recuerdan de ese día? ¿Nos pueden narrar de forma individual lo que ocurrió? 


Benjamín Amaya: A eso de las 7 de la noche, un carro de policía se parqueó frente a mi casa; yo andaba regando los arbolitos que tengo. Cuando vi que llegaron, me dirigí a ellos. Me preguntaron mi nombre y [pidieron] que les prestara el DUI; se los di y me dijeron que fuera a hablar con otro señor que se había quedado en el vehículo: era el detective que llevaba la orden de mi captura. Llegué donde él, que me iba a leer el documento que llevaba; era una orden de la Fiscalía que decía que yo quedaba detenido por el delito de limitación de libre circulación. Y me llevaron para la delegación de Opico; allí ya llevaron a otros cuatro compañeros míos, agricultores, y nos sentaron a todos juntos en el suelo. Después de eso, llegó la Fiscalía con los medios de comunicación. Hicieron una presentación como que nosotros éramos una banda de delincuentes, cosa que no es así. Vamos a probarle al juez de que nosotros, al menos yo, soy inocente de todos esos cargos que me han imputado.

Carolina Amaya: Para mí fue traumático porque habíamos estado trabajando en Mala Yerba, una investigación que habíamos hecho tres periodistas, casi por un año, dándole seguimiento a un problema del lago de Coatepeque, donde también sale salpicada la suegra del presidente. Lo publicamos a las 8:00 de la noche. Tenía mi teléfono en modo avión mientras estaba en el trabajo, y cuando volví a activarlo vi las llamadas y los mensajes de la pareja de mi papá diciéndome que lo acababan de capturar. Inmediatamente, para mí fue «por mi culpa, porque acabo de publicar esto es que se han llevado a mi papá». En el momento se me desarrollaron unas cosas que los psicólogos explican, que es como una despersonalización. No sabes qué es lo que te está pasando, solo estás en modo robot. Fue difícil entender que tenían que pasar 15 días para saber por qué es que se lo habían llevado. Con el tiempo logré hacer una investigación y fue que ya vimos los patrones de criminalización y judicialización de defensores de derechos ambientales, que yo tanto he cubierto en la región centroamericana, reflejados en mi papá.


Don Benjamín, ¿considera que la defensa del territorio lo puso en situación de persecución? 


En ningún momento. Seguimos los pasos para obtener una tierra. Fuimos por grupos al ISTA (Instituto Salvadoreño de Transformación Agraria), donde se nos dio un documento con la dirección de la propiedad y donde narraba que cada quien tenía una porción. Uno no piensa que esto le va a traer problemas porque uno está haciendo las cosas bien, pero en el camino salen otras personas que interfieren y fue donde empezaron los problemas.  

Yo era una de las personas que estaba movilizando a las demás: éramos 123 personas en la propiedad. Allí hay veteranos de guerra y campesinos sin tierra, quienes tienen necesidad de tierras para cultivar lo que van a comer. La propiedad sigue siendo del Estado y no nos la pueden quitar. Seguí luchando por mantenerme allí hasta que empezaron ofrecimientos de dinero, cosa que tenemos grabaciones, video. En ningún momento, quisimos aceptar a ningún soborno de parte de esas personas porque la propiedad no era de nosotros, sino que del Estado.  


¿Qué acciones concretas considera que lo pusieron en la mira del régimen? 


Del régimen no; pero de desarticular el lugar donde yo estaba para ellos poder tomar posesión de la tierra, sí. Ellos usaron lo que me imputaron para poderme sacar de la competencia que tenía con ellos, porque nosotros ya le habíamos ganado el caso. 


¿A quiénes se refiere cuando dice «ellos»? 


A la empresa que ha intentado adueñarse de las tierras desde 2021: Solar Capital S.A. de C.V. 


¿En cuáles cárceles estuvo privado de libertad? 


Cuando me detuvieron, me llevaron para la delegación de Opico; luego al penalito de la Naval, cerca de La Tiendona. Después intentaron pasarme a Ilopango, pero no me recibieron porque estaba mal de la presión. Entonces, me llevaron a una unidad de salud en Lourdes, donde me dieron medicamento. Me llevaron de regreso a Ilopango, pero como seguía con la presión alta porque no me administraron el medicamento, no me recibieron. Me fueron a dejar al Penalito (las bartolinas policiales de San Salavdor), donde sí me administraron el medicamento. Cuando tenía la presión normal, me llevaron nuevamente a Ilopango. El 11 de mayo me cambiaron para Mariona, estuve siete días en el sector siete; me pasaron para el sector uno, donde estuve hasta el 30 de octubre, porque me trasladaron al penal de Zacatecoluca, que le llaman la Granja Penitenciaria, donde estuve hasta el 22 de diciembre, que pude tener la libertad.  

La segunda vez que me llevaron al Penalito, sufrí algunos atropellos por parte de los agentes: en el pick up, me pusieron en el sol y me quemé las piernas, eso se me llagó. 


Carolina, ¿cómo se vive el régimen de excepción siendo hija de una persona privada de libertad? 


Lo que más agobia a todas las personas o familiares que tenemos a alguien adentro de una cárcel salvadoreña es no tener información en el momento que uno la desea, ya sea para enviar el paquete o para lo que necesite. Atención legal no están recibiendo, ni los abogados pueden llegar a verlos. La única forma de saber que él estaba vivo era porque nos recibían el paquete familiar que le mandábamos de alimentos. En la última audiencia, cuando el juez de instrucción determinó que saldría libre pagando la fianza y con ciertas medidas, notamos que ni Medicina Legal lo encontraba en Mariona, donde había estado casi siempre. Nos preocupamos. El día de la liberación de mi papá estuvimos todo el día afuera de la Granja penitenciaria y la persona que estaba en la caseta de entrada todo el tiempo mantuvo cerrada la ventanilla. No hay información que te diga aquí vas a pagar, allá vas a dejar el paquete.   


Don Benjamín, ¿cómo es la vida al interior de las cárceles? 


Las condiciones de vida que uno tiene no son las adecuadas. Todo mundo se queja del sistema, de la comida. En Mariona, el agua es demasiado caliente para bañarse, le bota el pelo, le quema. Como somos muchos en una misma celda, tenemos que bañarnos uno tras otro. Los baños donde uno hace sus necesidades no son adecuados. Las enfermedades están a la luz del día, la picazón que sentimos en nuestro cuerpo, ahí le llaman raqueta: le salen erupciones que se llaman niguillas o granos. Hay un hongo de agua que la piel le queda como que fue un leopardo: toda zarpeada, toditito el cuerpo, hasta la cara. Cuando eso se pudre queda la cicatriz. Esa enfermedad causa fiebre, dolor de piernas y de cabeza, en fin, son enfermedades que al reo lo agobian. Lo peor es que cuesta que lo lleven a la clínica, porque como hay mucha gente enferma, tiene que estar demasiado grave. Por eso toda enfermedad a uno se le desarrolla con éxito allí, porque no se puede uno tomar algún antibiótico para que se le mantenga leve.  


Don Benjamín, ¿cómo fue para usted estar privado de libertad durante 10 meses, sin su familia? 


Ese lugar no es adecuado para ningún ser humano. Lo más doloroso para uno es no saber de su familia, de los hijos, pero uno se vuelve como resistente a ese dolor, el cual uno lo tiene que aguantar, porque estar en una cárcel es como estar en la guerra. En la guerra, uno sabe que va a morir por cualquier cosa, por un arma o una bomba; y allí, la bomba de tiempo son las enfermedades que están a la luz del día. O que haya un motín carcelario en donde uno puede morir. Todos esos son factores que a uno le agobian. Algunos nos volvemos resistentes a eso, pero no todos, porque hay gente que está muriendo en la cárcel, que se deprime, que ya no quiere comer. Hay gente que no está condenada, están enfermos porque están deprimidos, porque saben que no han cometido un delito y que están presos injustamente.  


Don Benjamín, ¿qué secuelas físicas y psicológicas experimentó al ser privado de libertad durante 10 meses? 


El régimen lo viví solamente en el penal de Ilopango porque allí no había excepción de reo común. Allí todos éramos régimen. Lo más difícil era la salida de los conteos, porque hay conteo en la mañana y en la tarde, a veces en la tarde hacen conteo hasta tres veces. Pude superar esas situaciones, porque soy veterano de guerra, estuve cinco años en esa guerra y eso a mí me ha servido mucho para estos diez meses detenido. Pero uno sale con trauma, el hecho de estar detenido injustamente por algún delito que me han que han colocado. En mi caso, me colocaron otro delito estando dentro. No sabía de qué se trataba, pero sí me lo pusieron.  


¿Cuál es el otro delito por el que lo acusaron estando al interior de la cárcel? 


Estafa agravada. 


¿Tiene algún temor ahora que ha recuperado su libertad? 


No he andado mucho en la calle, no he tenido mucho tiempo de ver cómo se encuentra fuera. El único temor que siento es volver a ser capturado.  


Carolina, ¿ves de forma diferente el régimen de excepción desde que tu papá fue detenido?  


Definitivamente. Lo decía en otras entrevistas: no podía ver testimonios de personas presas que habían salido en donde se hablaba de todo lo que ocurría ahí adentro, porque me imaginaba a lo que él estaba expuesto. Eso era lo que más me torturaba, el saber si tenía por lo menos comida, porque no es mucho lo que podemos meter a un penal. Nosotros sí estamos con la convicción de seguir luchando tanto por la defensa ambiental, pero ahora también por las víctimas del régimen. Nosotros nos solidarizamos y queremos ayudar también a estas personas que no tienen quien alce la voz por ellos. Creo que lo que logramos como familia fue reivindicar la inocencia de mi padre a través de su liberación, esto puede ser una esperanza para más personas de las cuales nosotros no nos hemos olvidado.  


Horas después de publicar la investigación «Así ignoró Medio Ambiente la construcción ilegal en el cerro Afate», donde se menciona a la suegra del presidente Nayib Bukele, el padre de Carolina Amaya fue capturado. Foto: Kellys Portillo

Carolina, ¿consideras que tu labor como periodista pone en riesgo a otras personas cercanas de ser detenidas bajo el régimen de excepción?  


No lo descarto porque es uno de los patrones para atacar a las personas defensoras del medio ambiente, y yo sí me reconozco como defensora ambiental desde el periodismo. Es algo que he observado a lo largo de todas mis coberturas, principalmente de defensoras ambientales, ya que cuando saben que no te pueden callar, intentan llegar a ti a través de la familia. Si en algún momento los depredadores ambientales a los que hemos seguido la pista intentan atacarme, lo harían desde allí. Claramente, nunca tendremos una carta que nos diga «mirá, cállate», porque ahora, como la empresa privada está bien aliada con el Gobierno, ya no necesita esas amenazas. Ahora requiere un régimen de excepción para capturar a las personas que están haciendo ruido, y mi papá estaba haciendo ruido en la finca Argentina. También estaba deteniendo una obra allí. Él lo hacía desde el territorio, y yo, desde el periodismo. Por eso es que no lo descarto. Aunque el proceso judicial también es muy particular. En la investigación que hice, revelo también que hay intereses muy grandes detrás de todos estos terrenos. No se puede descartar que en esos intereses también haya gente interesada en atacarme a mí también. 


Muchas familias han pasado y están pasando por esto, ¿cuál es su mensaje para ellas? 


BA: Para empezar, el régimen es algo que debe seguir un proceso para que las puedan liberar. Se ha dicho que son dos años en el primer proceso que existe. Si en esos dos años no le descubren que cometió algún ilícito de lo que está considerado dentro del régimen, lo van a liberar. Es un delito que tengan a una persona detenida por más de dos años sin estar penada. Aparte de eso, las personas con hijos bajo régimen tienen que esperar a que no sean juzgados, porque si son juzgados, serán condenados.  

CA: Por las pláticas que hemos tenido con mi papá y de las cosas que le sirvieron adentro, destacamos que el paquete funciona como una forma de comunicación indirecta, digamos. Saber que afuera todavía nos acordamos de él, que estamos vivos, y también saber que él está ahí todavía vivo o que ellos están vivos. Por otro lado, dentro de los penales se ha creado todo un ecosistema diferente a partir de sus necesidades. A veces, quizás sea mejor dejar un depósito que se realiza a través de un pin, porque así pueden comprar directamente lo que necesiten. Esto podría dar una idea a las personas que están afuera de cómo están ellos adentro y cómo ayudarles mejor. En cuanto a conseguir la liberación de sus familiares, es bastante complicado porque ahora hay pocos abogados dispuestos a defender a las personas, ya que el sistema político en el que estamos viviendo, esta autocracia, también está criminalizando a los abogados. Cuando recién lo detuvieron, me costó conseguir abogados, y muchos de ellos están estafando a las familias. Además, la Procuraduría General de la República no está dando resultados. Es complicado, pero creo que hay instituciones, como organizaciones no gubernamentales sin fines de lucro, a las que pueden acudir, al menos para asesoría legal. Es importante mantener la esperanza, pero también hay que luchar, porque solo con esperanza no saldremos adelante. 


¿Cuál es su mensaje para el Gobierno, la comunidad internacional y las victimas del régimen?  


BA: Que se haga justicia con todas las personas. Que no les imputen delitos que la persona no ha cometido solo porque alguien les dice. Que los investiguen primero y que después los acusen, porque esa es la verdadera justicia que necesitamos en este país. No queremos un país de personas injustas; buscamos un país de personas justas, que tengan amor hacia su prójimo y que no piensen que todos somos delincuentes. Entre tantas personas que hemos estado detenidas, no todos somos delincuentes; hay personas que nunca hemos cometido un delito. Ese sería el mensaje que yo enviaría: que primero investiguen y después capturen a las personas, que no realicen redadas como las han estado haciendo. 

CA: El llamado a que paren con el régimen de excepción, que lo único que está haciendo es criminalizar a campesinos, a gente de escasos recursos. Se están llevando a personas que no pueden tener una defensa legal en el momento que lo desean o que no conocen sus derechos. Paren con el régimen de excepción; esto es ilegal, ya es inhumano. Los salvadoreños estamos cansados de este régimen de excepción. También, a la comunidad internacional, que actúe de verdad. Debe haber sanciones contra el presidente; lo que está haciendo ahora, de reelegirse, no es constitucional. Si él se reelige, si queda en estas próximas elecciones, lo que están firmando es la dictadura para que nos lleven presos a todos, empezando por los campesinos que ya fueron capturados y después por los periodistas y las organizaciones nacionales e internacionales. No sabemos cuál es nuestro futuro, pero sí queremos un El Salvador justo, como lo dice mi padre. 

Para las familias, lo más importante es que no pierdan la esperanza, que sigan luchando. Tienen que buscar las herramientas. Ahora todos tenemos teléfonos. Ahora todas las personas tienen redes sociales. Ahora se pueden hacer denuncias a través de redes sociales. Ustedes pueden transmitir en vivo el momento en el que se llevan a su familia. Todo eso ayuda como evidencia de una captura arbitraria. Deben llenarse de evidencia. También tienen que seguir buscando apoyo legal y apoyo psicológico, porque sin una mente clara, no podemos avanzar, nos dejamos deprimir y no logramos hacer que esto avance. 


¿Van a continuar con sus luchas?  


BA: Claro que sí. La lucha por las tierras no es un negocio personal, es algo voluntario para que todas las personas tengan un lugarcito donde poder sembrar sus abastos para no aguantar hambre el siguiente año. 

CA: La lucha es lo que nos mueve a nosotros como Amayas. Eso es lo que, desde el periodismo, seguiré haciendo. Mala Yerba todavía sigue. Hemos tomado pausas necesarias porque necesitamos estar bien también para hacer periodismo saludable. Vamos a continuar denunciando también los desalojos que se están dando. Estamos hablando de todas las personas a las que sacan de la costa salvadoreña, de los proyectos urbanísticos que se están desarrollando y desalojando personas en la ciudad, o del aeropuerto del Pacífico, del que también está desalojando a campesinos. Nosotros seguimos haciendo periodismo y mi papá va a seguir haciendo su lucha, solo que tenemos que respetar la pausa del proceso judicial para el caso de él. 

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