Héctor Lindo: «Veo la repetición de algunos de los errores más graves de nuestra historia»

Mariana Belloso | 14/09/2023

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El historiador Héctor Lindo explica cómo las crisis –reales y ficticias– han sido aprovechadas para instaurar gobiernos dictatoriales, en los que se ha abusado de la ley y se ha implementado la mano dura. Estos son errores que se han visto durante la historia de El Salvador, y que actualmente se repiten.


Quien no conoce su historia está condenado a repetirla. La frase es de Jorge Agustín Nicolás Ruiz de Santayana, filósofo español. El mensaje es tan potente, que fue escogido para dar la bienvenida a los visitantes del campo de concentración de Auschwitz. Héctor Lindo, historiador salvadoreño, está convencido que no basta con conocer la historia: hay que enseñarla en las escuelas, revisitarla para corregir el rumbo y evitar volver a cometer los errores del pasado.

Advierte que es sumamente peligroso hacer lo contrario: revisar la historia con motivos políticos para exaltar a unos y denigrar a otros, haciendo uso selectivo de la evidencia disponible, o inclusive creando mitos y difundiendo falsedades.

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Héctor Lindo se ha convertido en la voz de esos errores pasados que estamos repitiendo, como si se tratase de la maldición de Sísifo. Usando sus redes sociales, publica textos, reflexiones y videos sobre los paralelismos de las medidas represivas del actual gobierno y las que se han visto en la historia de El Salvador, con el objetivo de advertir sobre las consecuencias que este tipo de políticas tienen.

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A las puertas de un nuevo 15 de septiembre, Alharaca conversó con él, para analizar cómo el gobierno de Nayib Bukele, en camino a convertirse en una dictadura, ha buscado resignificar la conmemoración de la independencia, pero también, cómo los movimientos sociales están usando la fecha para amplificar sus voces en contra de la represión.


¿Por qué cree que el gobierno actual ha intentado resignificar el 15 de septiembre?


El año pasado el presidente dijo que con él El Salvador celebraría su verdadera independencia. Esto parece ser parte de una estrategia de comunicaciones para persuadirnos de que el país se encuentra al comienzo de una nueva era. Yo no veo esta nueva era por ningún lado, tal vez no entiendo bien. No sé cuáles son las nuevas ideas. Más bien observo la repetición de algunos de los errores más graves que ha cometido nuestra clase política a lo largo de nuestra historia: el intento de perpetuarse en el poder, acciones para controlar la prensa, sometimiento de los poderes legislativo y judicial, políticas de mano dura y abuso de la ley de excepción para dar algunos ejemplos de maniobras políticas que han usado muchos gobiernos en el pasado. 

A la vez que el Gobierno quiere que creamos que todo lo que hace es nuevo no hay ninguna visión de futuro que tenga coherencia. La única medida novedosa (y con la que no estuve de acuerdo) aunque al menos era original, fue la introducción del bitcoin. No es necesario ser economista para darse cuenta de que ese proyecto fracasó. 


¿Cómo compararía la actual situación política y social en El Salvador con momentos históricos en los que se vivieron gobiernos represivos anteriores?


Las comparaciones históricas, aunque siempre imperfectas, nos estimulan a pensar. Son más bien argumentos que tienen fuerza en proporción directa a la solidez de su base factual. Yo diría que nos ayudan a identificar caminos peligrosos o la cercanía de precipicios. La coyuntura actual a veces me recuerda a un presidente que llegó al poder en momentos en que la población se sentía sumamente insegura y en que el desprestigio de los políticos tradicionales había dejado un vacío de poder.  A principios de la década de los treinta del siglo veinte la Gran Depresión tuvo un efecto devastador, la dinastía Meléndez Quiñónez estaba totalmente desprestigiada, y la breve esperanza que despertó el partido laborista de Arturo Araujo se disipó ante la incapacidad de enfrentar la crisis económica que provocó un desempleo masivo y verdadera hambre para grandes sectores de la población. Maximiliano Hernández Martínez, al llegar al poder, aprovechó una crisis complementaria, el levantamiento campesino con fuerte liderazgo comunista de 1932, para consolidar el poder. Su respuesta brutal a la crisis inmediata (con decenas de miles de muertos sin hacer distinciones de culpabilidad o inocencia) fue el comienzo de una prolongada estrategia en la que él, Martínez, se presentaba como el único individuo capaz de contener lo que el gobierno presentaba como un peligro existencial. Si bien es cierto que el dictador llegó a la presidencia por medio de un golpe de Estado, todo indica que cuando se presentó a elecciones en 1935 era popular en amplios sectores, particularmente urbanos, aunque se presentó como candidato único.    

Martínez amplificó al máximo la retórica de la amenaza comunista, del “enemigo interno”, y la aprovechó para consolidar un régimen de partido único, con diputados incondicionales, un poder judicial sin independencia, y control de las municipalidades. Además, le puso especial interés a supervisar las comunicaciones, denigraba a la prensa independiente y manipuló la Constitución para reelegirse dos veces.


¿Cuál es el papel de las conmemoraciones patrias, como el 15 de septiembre, en la historia de los movimientos políticos y sociales en el país? ¿Cómo han sido utilizadas en el pasado para expresar descontento o reclamar cambios políticos?


No creo que se pueda generalizar sobre el papel que han jugado las conmemoraciones patrias en la política. Muchas veces el 15 de septiembre o el 5 de noviembre no han pasado de ser días de asueto interrumpidos por actos escolares y ceremonias rutinarias. Ha habido otras ocasiones en que las efemérides patrias han estimulado reflexiones y acciones.

Permítame compartir dos ejemplos de mis investigaciones recientes. En 1885 el gobierno de Francisco Meléndez aprovechó la fecha simbólica del 15 de septiembre para la primera reunión de una Asamblea Constitucional que tenía la misión explícita de redactar una Carta Magna para evitar el problema frecuente de mandatarios que querían «perpetuarse en el poder». El resultado último del complejo ejercicio constitucional fue la Constitución de 1886 que comenzó la fuerte tradición salvadoreña de prohibir la reelección inmediata a la presidencia. Para ser claro, la Constitución prohibió que un presidente sirviera dos períodos consecutivos.

Un segundo caso fue la Constitución Federal de 1921. Los Constituyentes se propusieron que estuviera lista para el 15 de septiembre y así celebrar el centenario de la independencia. La principal preocupación de los autores de la Constitución era poner freno al poder del Poder Ejecutivo. Ellos hablaban de evitar «el caudillaje», refiriéndose a los «caudillos» o gobernantes autoritarios de la época que se perpetuaban en el poder. Ese año las celebraciones del 15 de septiembre en San Salvador tuvieron poco apoyo oficial. Sin embargo, las mujeres, a las que la Constitución otorgó el derecho al voto, y los obreros, que obtuvieron la jornada laboral de ocho horas, salieron a las calles a celebrar con entusiasmo. El 15 de septiembre con una nueva Constitución significaba una apertura democrática y una estructura institucional para evitar la repetición de gobiernos autoritarios. 


¿Qué importancia tiene la preservación de la memoria histórica y la enseñanza de la historia en momentos de crisis política como los que vive El Salvador? ¿Cómo pueden estas herramientas contribuir a la comprensión y resolución de los conflictos actuales?



La presencia del estudio de la historia en los programas de estudio escolares es absolutamente necesaria. No podemos pensar sobre El Salvador sin saber cómo hemos llegado al presente, no podemos tener un sentido de nacionalidad sin comprender los grandes hitos de nuestro pasado.

 Hay que recordar que la historia del Salvador tiene momentos de grandes crisis que han dejado secuelas muy largas desde varios puntos de vista. Si pensamos en la economía necesitamos saber que el despojo de las tierras de los pueblos originarios a finales del siglo XIX tuvo consecuencias del largo plazo y es una de las causas de las desigualdades sociales y económicas del país. Si no tenemos noticia de acontecimientos como la masacre de mujeres de 1922, la matanza de 1932, o las violaciones masivas de derechos humanos durante el conflicto armado de los años 80, como la Masacre de El Mozote, no podemos dimensionar los peligros de los sistemas políticos excluyentes en los que no hay frenos a los excesos de los poderosos. Tenemos que preservar la memoria de estos momentos tan duros de nuestro pasado y analizar sus causas para poder formular una visión de futuro que evite la repetición de errores que han causado tanto dolor y miseria

 De la misma manera es necesario mantener viva la memoria de momentos y personajes positivos que en el pasado señalaron mejores caminos. Le doy dos ejemplos. Prudencia Ayala desafió las convenciones de la época para reclamar para las mujeres los mismos derechos políticos que tenían los hombres. San Oscar Arnulfo Romero entregó su vida defendiendo los derechos de los sectores más desfavorecidos y denunciando violaciones de derechos humanos. 

Nadie tiene el monopolio de la historia, pero todos tenemos una obligación con la verdad, con la realidad, con el país, con el futuro. A veces quienes se dedican al estudio del pasado de manera profesional revisan sus conclusiones, debaten argumentos sobre interpretaciones de un acontecimiento, pero lo hacen basándose en evidencias que evalúan con seriedad. Por otro lado, es sumamente dañino revisar la historia con motivos políticos para exaltar a unos y denigrar a otros, haciendo uso selectivo de la evidencia disponible, o inclusive creando mitos y difundiendo falsedades.

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