El precio de maternar

Por Vilma Laínez

El precio de maternar es un viaje por las historias de cuatro mujeres que decidieron cuidar y criar. En El Salvador, donde ser madre suele ser sinónimo de soledad, retrocesos y silencios, ellas han enfrentado la violencia, el abandono y la injusticia, pero también han construido vínculos desde la ternura. Este reportaje muestra cómo se materna en un país donde muchas veces el Estado y los padres desaparecen.

“Quienes elijan la maternidad, puedan maternar en condiciones dignas, que no sea un motivo que las horas de trabajo aumenten y que no sea un motivo de desgaste para las mujeres. Que maternar no sea una barrera para estudiar”

Ana Gaggio Jovel, antropóloga salvadoreña, define la maternidad como ese conjunto de acciones que garantizan la vida de las hijas e hijos. “La realidad nos indica que hay muchas maneras de ejercer la maternidad y que depende de los contextos, circunstancias y de las épocas históricas, en las que nos encontremos, cómo vamos a desarrollar ese rol”, explica.
Las protagonistas de este reportaje son Guadalupe, Areli, Carolina y Nayda. Cada una atraviesa una historia distinta: la desaparición de una hija, la captura de un hijo bajo el régimen de excepción, maternar con discapacidad o ser madre en el espectro autista. Sus relatos nos obligan a mirar de frente las cargas, los miedos y las decisiones que implica maternar en soledad.
En El Salvador, el Día de las Madres se celebra cada 10 de mayo desde 1983. No fue hasta 2015 que se declaró asueto remunerado en todos los sectores. Diputadas y diputados dijeron entonces que se trataba de una deuda con las madres, que se saldaba al igualar la fecha al Día del Padre. También lo presentaron como una forma de fortalecer la “unión familiar”.
Pero ese día suele destacar solo un rostro: el de la madre que todo lo puede, que cuida sin descanso, que ama sin pedir nada a cambio. Los medios, las redes sociales y las campañas comerciales repiten esa imagen. Refuerzan ese rol. Ese arquetipo. Y romantiza la idea de que los trabajos del cuidado y del hogar no tienen costos económicos y sociales.
Carmen Urquilla, de la Organización de Mujeres Salvadoreñas por la Paz (ORMUSA), advierte que ese discurso invisibiliza las condiciones reales. “Se impulsan valores hegemónicos que hacen que las mujeres sigan haciendo trabajos de cuidado a nombre del amor, sin ningún tipo de reconocimiento social o económico”.
Urquilla propone que, más allá de las flores y los almuerzos, un verdadero regalo en política pública sería la entrega de un bono económico para las madres que crían solas, o la implementación efectiva de programas de vivienda dirigidos a las jefas de hogar. Según la Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples (EHPM) de 2023, el 42.6 % de los hogares en El Salvador —unos 859 mil— está a cargo de una mujer, lo que representa un aumento frente al 39.1 % registrado en 2022. Desde 1994, esta proporción ha crecido de forma sostenida, de acuerdo con un análisis de la Unidad de Investigación Social de La Prensa Gráfica basado en los datos oficiales de la EHPM.

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Es importante aclarar que ser jefa de hogar no implica necesariamente la ausencia de una pareja. Sin embargo, muchas mujeres asumen solas la responsabilidad económica y emocional de sus familias debido a la paternidad irresponsable.
Los datos del Censo de Población y Vivienda 2024 revelan que la mayoría de los hogares en El Salvador están encabezados por hombres (55.05 %), pero al desglosar por tipo de hogar, se observa que las mujeres asumen de forma mayoritaria la jefatura en contextos más vulnerables. Por ejemplo, en los hogares monoparentales —donde la responsabilidad recae en una sola persona— el 87.68 % son liderados por mujeres. También predominan como jefas en hogares extensos, donde conviven varias generaciones o familias, con un 57.16 %. En contraste, los hombres concentran la jefatura en hogares nucleares (79.32 %) y de pareja (78.29 %), lo que sugiere que la maternidad en solitario o compartida con otras cargas familiares recae con mayor frecuencia sobre las mujeres.

En cifras

De las cuatro madres entrevistadas en este reportaje, tres no son propietarias de sus viviendas. Las cuatro trabajan por cuenta propia: dos están en el sector informal y dos son consultoras. Todas han asumido esta responsabilidad, no planificada, de manera unilateral, sin apoyo de los padres de sus hijos e hijas. Para ellas, la maternidad es un acto de supervivencia.
Según el VII Censo de Población y VI de Vivienda publicado en 2024, el 65.4 % de los hogares en El Salvador cuenta con vivienda propia. Sin embargo, el informe no detalla quién figura como titular de estas propiedades. Por su parte, el último boletín de Estadísticas de Género 2011-2021 de la Oficina Nacional de Estadísticas y Censos (ONEC) señala que solo el 45.98 % de las mujeres son propietarias de una vivienda.
Entre 2019 y junio de 2023, la Procuraduría General de la República (PGR) recibió 120,427 demandas por cuotas alimenticias, de las cuales el 97.56 % fueron dirigidas contra hombres. Esta abrumadora mayoría revela no solo la persistencia de la paternidad irresponsable, sino también cómo son las mujeres quienes, en la mayoría de los casos, deben asumir solas la carga económica y legal de garantizar el bienestar de sus hijos e hijas. El dato refuerza lo que otras cifras ya indican: en El Salvador, maternar en solitario no es una excepción, sino una experiencia generalizada para miles de mujeres.

En cifras

La economista Julia Evelyn Martínez sostiene que la maternidad debe analizarse desde una perspectiva socioeconómica y de género. “Mientras para una minoría privilegiada de mujeres, la maternidad se experimenta como un suceso afortunado y planificado, para la mayoría de las mujeres salvadoreñas la maternidad se experimenta como una etapa de desmejoramiento en sus condiciones económicas, ya que deben enfrentar esta situación como madres solteras, como trabajadoras del sector informal y/o como una maternidad temprana”, afirma.
Martínez aboga por una Ley de Cuidados que incluya un sistema nacional de cuidados debidamente institucionalizado y financiado, con el mandato de proteger los derechos económicos, sociales y de cuidados de las mujeres durante las diferentes fases de su maternidad, incluyendo la atención en salud sexual y reproductiva y la corresponsabilidad de los cuidados.
Estas son las historias de Guadalupe, Areli, Carolina y Nayda.
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Texto, fotos y audios: Vilma Laínez
Edición y datos: Metzi Rosales Martel
Ilustraciones: Daniela Ibañez
Visualizaciones de datos y diseño web: Andrea Burgos