La brecha

Lauri García Dueñas | 25/01/2022

¿Qué ocurre cuando una mujer se convierte en madre? ¿Por qué tener hijos o hijas tiene implicaciones tan distintas según nuestro género? La escritora salvadoreña Lauri García Dueñas nos recuerda en esta columna que las madres no están paradas sobre el mismo suelo: la brecha de género condiciona las consecuencias de la maternidad sobre las vidas de las mujeres, incluso más allá de lo económico.


Dieron las 12 de la noche del 31 de diciembre de 2021 y, por segundo año consecutivo después de mi separación del genitor de mis hijos, escuché las celebraciones y petardos a lo lejos. Mi hijo de un año y cinco meses dormía bajo mi axila, por lo que no podía moverme mucho o lo despertaría. Mi hijo mayor dormía en una colchoneta a mis pies. Mi nuevo compañero de vida subió a darme el abrazo de feliz año y las uvas y luego bajó a seguir departiendo con otros adultos. Me sentí sola y me sentí triste. Mi lugar en la pirámide de cuidados, mi cansancio, mi cuerpo, son intransferibles, prácticamente, empezaba el año sin poderme mover. Me rodaron unas lágrimas gordas y me prometí que este año trabajaría todavía más en tener la estabilidad emocional que todavía no tengo.

Pero ¿cómo tener estabilidad emocional si casi no tengo tiempo para mi cuido y desarrollo personal porque lo invierto en los cuidados? Hasta en la publicidad se te exige tener tiempo para una misma, pero ¡¿cómo?! Si casi no recibimos visitas por el covid-19 y la familia, y la sociedad no se está muriendo de ganas de acompañar a las madres que tenemos niños pequeños. 

Ahora, cada vez que me levanto a preparar a mis hijos para ir a la guardería, lo cual me ocupa unas dos horas, trato de no quejarme para mis adentros sino decirme: «Lauri, vos lo elegiste, esto es lo que hay y un día van a terminar las jornadas extenuantes». No me quejo de mis hijos, repito, sino de lo difícil de cuidarlos, a veces, con poca o nula ayuda. 

Cuando dieron las 12 de la noche del 31 de diciembre, pensé en mi exmarido y apareció frente a mí el fantasma encarnado de un hombre libre, que sí se puede mover, trabajar, dormir, comer e ir al baño sin interrupciones; descansar y departir con otros adultos; que envía una cantidad limitada de dinero que le marca la ley y que no se preocupa de más, aun sabiendo que eso no nos alcanza; y tampoco ha hecho ningún esfuerzo real por visitar a sus hijos. Espanté el enojo, el odio y el resentimiento. Son inútiles. Espero en 2022 aprender a «resignarme». El padre de mis hijos no desea participar en los cuidados por ahora. 

Hoy, recuerdo a un examigo, un compañero de la universidad, que me dijo que el feminismo era innecesario porque las mujeres y los hombres ya éramos iguales, prueba me dio, que ambos íbamos a la universidad. 

Habría que compartirle a mi examigo que no tiene hijos la investigación de Andrea Burgos para Alharaca. El Salvador es el país que menos ha avanzado en paridad de género en Centroamérica, de acuerdo al Informe Mundial de Brecha de Género del Foro Económico Mundial. Este reporte emitido de forma anual desde 2006, con vistas a cómo empiezan los diferentes países cada año, considera cuatro subíndices para evaluar loo avances de los países en la reducción de la brecha de género: salud, educación, economía y política. Mujeres y hombres no accedemos de igual manera a estos cuatro rubros.

Los puntajes de El Salvador en los cuatro indicadores han cambiado poco en más de una década y la brecha es más pronunciada en las áreas de economía y política. 

La economía salvadoreña ocupa la posición 119 de 153 países en el ranking de paridad de género del Foro Económico Mundial. El país lleva 14 años estancado con un puntaje que señala todavía un buen trecho por recorrer en términos de paridad económica entre hombres y mujeres. 

Las mujeres tenemos, lastimosamente, menos participación en el mercado laboral; no siempre el mismo salario por realizar el mismo trabajo; un menor ingreso laboral estimado y, a pesar de nuestra capacitación y educación como trabajadoras, técnicas y profesionales, el 52.4 % de los puestos técnicos, académicos y científicos de poder los poseen los hombres. Sólo 3 de cada 10 personas que planifican, dirigen, coordinan y evalúan actividades de empresas, gobiernos y otras organizaciones son mujeres. 

Es decir, ¿qué pasa cuando una mujer se embaraza independientemente de la clase social?, ¿qué le ha pasado a mi carrera, participación social y política y a mis ingresos desde que me embaracé hace seis años? Nunca he podido ir a una marcha desde que tengo hijos pequeños, no por falta de ganas sino porque coincide con que no he podido conseguir una niñera remunerada para esos días o no puedo paliar el gasto.

Cuando vuelvo sudorosa de la guardería antes de las 8 a.m., con mi desayuno en una bolsita, preparándome para ducharme, hacer un poco de trabajo del hogar y trabajo remunerado en la computadora, veo a hombres y mujeres jóvenes muy bien arreglados saliendo hacia sus trabajos. Los hombres que son padres siguen pudiendo movilizarse e ir al trabajo. No todas las mujeres tenemos esa «suerte» socialmente intocable para el género masculino.

Mis vecinos y yo, más o menos de la misma edad, nos quedamos en casa porque tenemos niñas y niños que llevar y traer de las escuelas. La mayoría de personas de la colonia que veo a lo largo del día y no salen a trabajar afuera son mujeres que se dedican a las labores del hogar no remuneradas. 

No puede ser que todo el peso de la cultura caiga sobre las personas que elgjen tener hijos. Tenemos que exigir al Estado salvadoreño políticas públicas reales para acortar la brecha de género. No deseo que las mujeres no podamos “movernos” como yo el 31 de diciembre, no por los hijos, sino por la falta de condiciones sociales dignas para la crianza y nuestro desarrollo humano. 

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