Opinión

Una columna para Ruth López

El 18 de mayo se cumple un año del arresto de la defensora de derechos humanos Ruth López. Su detención marca un antes y un después en la ola represiva del Gobierno salvadoreño. La activista Morena Herrera reflexiona sobre el impacto de su criminalización sobre el país, pero también sobre ella como defensora, mujer y madre.

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Escribo esta columna con la convicción de que si yo estuviera en el lugar que tienen a Ruth, ella la escribiría para mí, y que haría el esfuerzo de compartir las cosas que me gustan y que me hacen feliz. Quiero rescatar a Ruth como la mujer que es, comprometida con las causas justas, que con alegría hace un gran esfuerzo por comunicar y explicar situaciones complejas de una manera sencilla. Utiliza ejemplos de la vida cotidiana y se acerca a las comunidades con empatía y haciendo esfuerzos para darse a entender. Es una persona que deja huella en quienes le escuchamos. Ha construido vínculos con mucha gente, que están presentes, que no se pueden borrar y por eso ahora, muchísima más gente se pregunta: ¿dónde está? ¿cómo está?

Un primer paso que podemos hacer es recuperar a la Ruth solidaria que está presente en los corazones de las personas y las comunidades que ha acompañado, por las que se preocupa y se desvela. Ella dice que los derechos humanos también se violan cuando se cierran instituciones que proveían servicios públicos que hoy se niegan a la población. Ciertamente, ante el cierre de centros educativos, las niñas y los niños tienen que caminar más para ir a recibir clases; los ECOS de salud cerrados, explicaba, implican más dificultades para las familias cuando alguien se enferma. Allí son las mujeres las que casi siempre tienen que recargarse de trabajo cuidando a sus enfermos.

A Ruth también la estamos pensando como mujer, madre e hija. Como la hija que no ha podido abrazar a su mamá este día de la madre, sueña con esos abrazos pendientes y se preocupa por esa madre que todos los días la espera. Ella esta pensando también en su hija y en su hijo, sabe que la necesitan, quiere acompañarles y cuidarles, pero hoy no se lo permiten, se lo impiden. Pensemos en ellas, abracémoslas si podemos, démosles fuerza y apoyo moral y emocional.

El encarcelamiento de Ruth es un castigo injusto que no sólo es para ella, sino para toda su familia, para su red afectiva cercana y también para la más amplia, para sus amistades y sus compañeras y compañeros de trabajo. Quienes somos madres y somos hijas podemos imaginarnos ese dolor que siente, nos identificamos con ella y nos preguntamos: ¿qué pasa en nuestra sociedad cuando encarcelan a una mujer defensora de derechos humanos? ¿Quiénes sienten dolor? ¿Quiénes están pensando en ella? ¿Quiénes la nombran y la tienen presente en sus quehaceres?

Hay quienes dicen que el miedo busca provocar aislamiento y desmemoria, que eso han querido hacer con Ruth. Encarcelando a una defensora de derechos humanos con tanto prestigio y reconocimiento piensan que nos pueden disciplinar, pero no saben que la memoria colectiva no lo permitirá. Sin embargo, ahora, esa Ruth luchadora está más presente que nunca; su nombre está en la mente y la boca de la gente, no como una santa, sino como una mujer con sus contradicciones, como tenemos todas, con sus risas fuertes y sus carcajadas. Su “tengan decencia” esta en la voz de los jóvenes y también de la gente mayor: lo han convertido en hashtag y cobra otro sentido, el sentido de querer justicia y, como ella dijo, “un juicio público (quiero)”.

Los sueños de Ruth siguen vivos como ella. Su deseo y compromiso de lucha por una sociedad en justicia cada día se hacen más grandes. Por eso la queremos libre, para que pueda abrazar a su mamá y a su familia, a sus compañeros, a sus comunidades y para que pueda seguir luchando por los espacios cívicos que con su encarcelamiento han querido cerrar.

Es una Ruth humana y atrevida, que se rebusca para hacer bien su trabajo y hacer críticas certeras. Es por ello que en Cristosal ha dirigido la unidad de trabajo contra la corrupción; porque ella sabe que este es un flagelo de injusticia para la gente. Los recursos públicos que son de todas las personas se los apropian indebidamente para enriquecimiento de unos pocos. Por eso, para algunos, Ruth es incómoda. Pero no incomoda a todo el mundo, al contrario: para nosotros, es simpática, cae bien, y algunas de sus críticas las acompaña de música alegre, como el merengue “Es mentiroso ese hombre” de Olga Tañon, con el que nos gusta bailar. Su alegría no es sólo un rasgo personal, sino un símbolo de resistencia política.

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