Derechos de las mujeres

FEASIES: formación y acompañamiento para colectivos que defienden derechos

En un contexto donde organizarse laboralmente puede significar perder el empleo, una federación sindical salvadoreña ha asumido un rol poco común: acompañar, formar e incluso ayudar a crear colectivos que defienden derechos laborales, de identidad y acceso a la justicia. Su trabajo se sostiene, sobre todo, en mujeres que enfrentan desigualdad, precariedad y escaso reconocimiento.

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Aída Rosales comenzó a reunirse con compañeras alrededor de 2013. Recolectaron firmas, conversaron con colegas y buscaron organizar un colectivo que les permitiera no enfrentar solas la incertidumbre laboral. Decidieron formar un sindicato porque creían que así tendrían alcance nacional. Sin embargo, uno de los requisitos clave –presentar una carta de su empleador- pronto mostró sus consecuencias: varias fueron despedidas por solicitarla. Rosales intentaba fundar un sindicato de trabajadoras del hogar remuneradas. 

Hoy, Rosales integra la directiva del Sindicato de Trabajadoras Domésticas y de Cuidados de El Salvador (SITDCES), nacido bajo la sombrilla de la Federación de Asociaciones y Sindicatos Independientes de El Salvador (FEASIES), una entidad que agrupa a nueve sindicatos enfocados en la defensa de derechos laborales en sectores como la industria textil, agrícola y trabajo del hogar y cuidados.  

Marta Zaldaña, secretaria general de FEASIES, explica que la organización tiene 38 años de trayectoria y centra su trabajo en el fortalecimiento y la defensa de las personas trabajadoras. Según ella, cerca del 80 % de sus agremiadas son mujeres.   

Para Zaldaña, el panorama actual del trabajo de los sindicatos es complejo: existe una institucionalidad débil, reducción de bases sindicales y pérdida de alianzas con otras organizaciones. Aun así, asegura que continúan acompañando procesos de exigencia de derechos laborales que pueden tardar hasta dos años en resolverse.  

“Hemos observado los últimos años una regresividad en materia de derechos. Se ha criminalizado la dinámica de organización. De por sí, los sindicatos tenemos una imagen bastante desgastada en el país, ¿verdad? Una imagen que ha sido deteriorada por estrategias del empresariado salvadoreño, que no le somos nada favorables los sindicatos, pero también ha habido dinámicas de parte de los gobiernos de también de cooptación de organizaciones”, señala Zaldaña.  

Desde 2019, distintas organizaciones estiman que unos 450 dirigentes sindicales han sido despedidos del sector público. Algunos incluso han enfrentado procesos judiciales o detenciones bajo diversas acusaciones.  

Un sindicato improbable 

Aída Rosales recuerda que fundar el primer sindicato de trabajadoras del hogar fue un proceso largo y frustrante. Al presentar la documentación descubrieron errores técnicos y requisitos que desconocían; los papeles fueron rechazados varias veces. Con apoyo jurídico y financiero de organizaciones aliadas como Las Mélidas y FEASIES lograron finalmente la inscripción. 

Para la creación de SITDCES, años después, el proceso fue distinto. Rosales ya contaba con casi una década de experiencia sindical y, de igual manera, FEASIES apoyó la creación de la nueva organización. La inscripción avanzó sin mayores obstáculos. Actualmente, este sindicato, de acuerdo con Rosales, cuenta con cerca de 200 trabajadoras del hogar remuneradas inscritas.  

Pese a estos avances organizativos, la situación legal del trabajo del hogar y de cuidados ha cambiado poco en el país.  

Eso no ha detenido al sindicato. Una de sus acciones recientes fue solicitar ante la Asamblea Legislativa la ratificación del Convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), a través de un plantón.  

 El Convenio, vigente desde 2011 a nivel internacional, pero aún sin ratificar por El Salvador establece condiciones laborales básicas para el empleo del hogar y de cuidados remunerado: descanso semanal de 24 horas consecutivas, salario mínimo y pago en dinero -no en especie-, entre otras garantías consideradas estándar en otros sectores.  

Rosales añade que el Estado tampoco ha legislado conforme a una resolución de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), de 2020 que reconoce el trabajo del hogar remunerado como sujeto al salario mínimo. La determinación de la tarifa explica Rosales, debe fijarla el Consejo Nacional del Salario Mínimo. Ante la ausencia de regulación específica, se aplica el salario mínimo del sector comercio, industria y servicios: 408.80 dólares.  

“El problema es que se dejó voluntario”, resume Rosales, es decir, sujeto a la decisión del empleador.  

Sin respaldo legal efectivo, el trabajo del hogar remunerado continúa siendo altamente precario: predominan acuerdos verbales y empleos por jornada. Según Rosales, solo el 2 % de unas 140 mil trabajadoras está afiliada al seguro social, cifra basada en estimaciones del Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS).  

La sindicalista también participa en federaciones internacionales, lo que le ha permitido comparar realidades regionales. Aunque países como Panamá, Costa Rica y México han avanzado en reconocimiento legal, advierte que también enfrentan retrocesos y persistente precarización. 

Aunque México dispone de  estadísticas nacionales que permiten conocer mejor el tamaño y características sociodemográficas del sector, la precariedad laboral persiste. La diferencia, señala Rosales, es que allí existen mecanismos legales que obligan la afiliación a la seguridad social y reconocen prestaciones como el aguinaldo.  

Rosales cuenta con orgullo que el sindicato ha logrado “pelear el tiempo” de algunas trabajadoras despedidas arbitrariamente. En uno de los casos, obtuvieron el reconocimiento de una indemnización equivalente a 20 años de trabajo, aun cuando la relación laboral nunca fue formalizada mediante contrato.  

Las afiliadas a SITDCES, según Rosales, se mantienen activas mediante reuniones y procesos formativos impulsados por FEASIES, que incluyen tallers productivos y espacios de educación en derechos laborales. Para muchas, el sindicato ha significado la posibilidad de negociar condiciones laborales más justas.  

Cambiar para sobrevivir 

Cuatro de los diez sindicatos destacados en la página web de FEASIES pertenecen al sector textil. Son en su mayoría, como refiere Zaldaña, colectivos de mujeres empleadas en maquilas.  

Norma Landaverde, Ana Sagastume y Griselda Hernández son tres dirigentes sindicales – dos de ellas del mismo sindicato, pero diferente seccional – que se han dedicado los últimos años a defender los derechos laborales de sus compañeras.  

Las tres coinciden en que la formación sindical de parte de la Federación marcó un antes y un después en sus vidas laborales.  

“Tengo tan presente que en FEASIES me dieron la oportunidad de asistir a un diplomado en Género y Liderazgo. Ese me ayudó a poderme desempeñar, a hablar con la gente y no tener miedo”. Antes, cuenta Sagastume, ante un llamado de atención “me quedaba callada y me ponía a llorar”.  

Diversas investigaciones han documentado la precarización en la maquila textil, donde trabajadoras desarrollan enfermedades crónicas poco tiempo después de iniciar labores. 

Según cálculos de la Organización de Mujeres Salvadoreñas por la Paz (ORMUSA), que también acompaña demandas laborales, desde 2022 se ha perdido un 18 % de empleos en las zonas francas, cifra que aún no cambia.  

Las tres sindicalistas explican, de acuerdo con sus propias experiencias, que gran parte de la presión laboral proviene de metas de producción difíciles de alcanzar. 

Aunque existe un salario base, las empresas ofrecen bonos por superar metas que rara vez se cumplen, describe Landaverde. En algunos casos, cada operaria debe coser más de 70 piezas por hora. Algo que casi nunca sucede. 

Las metas varían según la prenda y la marca, y suelen medirse por equipos completos, no por trabajadora individual, explica Hernández. 

Las tres sindicalistas coinciden en que la organización surgió como respuesta a “las injusticias” cotidianas: despidos arbitrarios, reubicaciones necesarias por enfermedad o condiciones laborales abusivas. 

Sin embargo, las tres coinciden en que el despido sigue siendo una respuesta frecuente ante cualquier reclamo o intento de reivindicación laboral. 

La secretaria general de FEASIES, Marta Zaldaña, asegura que en los últimos cuatro años la federación ha logrado recuperar alrededor de 12 millones de dólares en salarios caídos e indemnizaciones por despidos injustificados o cierres repentinos de fábricas. 

“Todavía tenemos un caso abierto: una fábrica donde había 950 personas”, añade. 

Para las tres sindicalistas, aprender y transformarse ha sido clave. Actualmente, con el acompañamiento de FEASIES, participan cada mes en mesas de diálogo con empleadores para abordar casos específicos y negociar demandas laborales. 

Antes de sindicalizarse, dicen, ni siquiera sabían que esa posibilidad existía: sentarse frente a un empleador y exigir el respeto de sus derechos. 

*Este material fue producido con apoyo de Fundación Avina. 

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