Recorrido 3: Episodio 2 — La conversión tras la muerte de Rutilio Grande

Jimena Aguilar | 01/07/2022

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En este episodio, Ana Ruth Aragón y Francisco Altschul cuentan cómo percibieron el proceso de conversión del entonces arzobispo de San Salvador, Óscar Arnulfo Romero. El padre Jon Sobrino habla sobre cómo el asesinato de Rutilio fue un momento que catalizó esta conversión.


Escuchá el episodio 2



Este episodio es parte del proyecto «Ciudad Perdida: el funeral de monseño Romero«, que fue diseñado originalmente como un recorrido en audio geolocalizado. Es decir, son audios que están pensados para que los escuchés en lugares específicos que están conectados a los eventos que narran.

Para hacerlo lo más accesible posible también lo estamos publicando como mapa virtual, como un podcast, y sus respectivas transcripciones.

Por ello, a veces los audios te darán indicaciones hacia dónde debes dirigir tu mirada. En esos momentos, si no estás en el centro histórico de San Salvador, observa las fotografías en el mapa, recuerda visitas pasadas o imagínate el lugar. Te recomendamos utilizar audífonos y buscar un lugar con pocos ruidos.


Leé la transcripción del episodio



Narradora: El 30 de marzo de 1980, Ana Ruth Aragón y su esposo viajaron en su carro en dirección al centro de San Salvador.


Ana Ruth Aragón: En los alrededores del Hospital Rosales, en un restaurante que se llamaba Zanahoria y ahí lo dejamos aparcado y nos fuimos caminando hasta la catedral.


Caminaron sobre la calle Arce, esa que desemboca en esta esquina de la plaza Barrios donde estamos ahora. La mamá, la tía y la abuela de Julia Aguilar también agarraron camino para el centro.


Julia Aguilar: Después de más de cuarenta años, no recuerda muy bien algunas de las cosas, pero me comenta que ella quedó con la gente, con las jóvenes y los jóvenes de la parroquia.


Su abuela y su tía también estaban aquí, pero no llegaron junto con su mamá.


Julia Aguilar: Todo el mundo fue por su por su lado. Entonces no sé detalles de cómo mi abuela llegó, mi tía sólo sé que se vino desde Nicaragua y estaba allá trabajando y se vino desde allá.


Monseñor era importante para su familia, así como para muchas otras. Pero no siempre fue un símbolo de denuncia contra la represión del gobierno y las fuerzas de seguridad.


Ana Ruth Aragón: Monseñor Romero comenzó verdad con esta su etapa de transición. Comenzamos a escuchar sus, sus homilías y se empezaba a rumorear mucho su nombre.


Cuenta Ana Ruth. Francisco Altschul, también explica cómo, en 1977, cuando lo designaron como Arzobispo de San Salvador, la imagen de Monseñor era diferente.


Francisco Altschul: Cuando fue obispo, creo que de Santiago de María o de San Miguel, era un obispo bastante conservador, cercano a las élites económicas, pero luego fue pasando por un proceso de conversión, como dicen algunos, y alguien que jugó un papel muy importante en eso fue el padre Rutilio Grande, a quien acaban de beatificar la iglesia, porque el padre Grande era el confesor de Monseñor.


La familia de Julia Aguilar era muy cercana a la iglesia y observó el cambio en Monseñor y las medidas que lo acompañaron.


Julia Aguilar: Entonces fueron ellas haciendo que mi familia se sintiera identificada con él también el grupo de jóvenes con quienes participaba mi mamá. Era muy humano, al mismo tiempo reconocía sus errores, reconocía y era muy humilde en pedir perdón si se equivocaba en algo. Entonces esto era el tipo de iglesia con la que mi familia se identificaba.


El padre Rutilio Grande y sus dos acompañantes, Manuel Solórzano de 70 años y Nelson Rutilio Lemus de 16, fueron asesinados el 12 de marzo de 1977 en una emboscada. El padre Jon Sobrino se fue esa misma noche a Aguilares y vio en persona cómo esto afectó a Monseñor Romero.


Jon Sobrino: Ho’mbe porque había aquí un cadáver, que era, Rutilio Grande, que era un amigo mío y que él, él venía a ver a un cadáver y al cadáver no lo había matado el papa, sino los de la derecha terrible. Y él empezaba ya aún antes de Rutilio, a entender un poco como era este país, vea, y poco a poco… Lo que pasa es que con Rutilio eso le explotó.


Cuando terminaron la misa, Sobrino, el resto de sacerdotes, religiosas y campesinos se quedaron hablando con el Arzobispo de San Salvador.


Jon Sobrino: Se le veía pidiendo ayuda. Pero no para él. No, ayuda para ver qué hace ahora entre todos en esa situación tan espantosa. 


Desde entonces Jon Sobrino trabajó de cerca con Romero como su secretario. En la semana después de la muerte de Rutilio, en una reunión, una religiosa sugirió hacer una misa única en honor al padre Grande. Monseñor Romero dudó, pero escuchó el consejo de sus allegados.


Jon Sobrino: Hubo misa única. Aquello fue impresionante. Muchísima gente misa en catedral. No. En la plaza. Todo esto en estado de sitio y nos saltamos el estado de sitio.


Tres años después, esta plaza volvería a ver mares de gente rindiéndole tributo a un sacerdote asesinado, pero esta vez, a monseñor Romero.


“Si lo que pretende es decapitar la organización del pueblo y estorbar el proceso que el pueblo quiere, no puede progresar otro proceso sin las raíces en el pueblo. Ningún gobierno puede tener eficacia, mucho menos cuando quiere implantar los a fuerza de sangre y de dolor”. —Monseñor Óscar Arnulfo Romero, 23 de marzo de 1980.


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