Afrodisíacos: ¿te hacen falta?

Violeta Belhouchat | 27/10/2020

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En esta entrada de su Diccionario sexual, Violeta nos cuenta los orígenes de los afrodisíacos y de la idea de que ciertas sustancias pueden potenciar el deseo sexual. También nos llama a reflexionar sobre si realmente nos hace falta una pócima, o si, más bien, necesitamos considerar lo que sentimos y dejar de forzarnos.

Afrodisíaco viene de Afrodita, diosa griega del amor y la belleza. La historia cuenta que un sátiro se quejó con el dios griego del vino, las fiestas y del teatro. Le confió que su pene estaba flácido, no como el de los otros sátiros. Dionisio le dio “la hierba de la felicidad”, Satureia, y con buen resultado. De allí viene la idea de ingerir plantas para aumentar el deseo y la excitación sexual, favoreciendo la erección del pene y del clítoris y las secreciones vaginales.

Antes de comprar productos que se supone van a excitarte (no hay pruebas científicas, pero el efecto placebo existe), recuerda tu derecho a sentir y a no sentir ganas de tener relaciones sexuales. Si tienes largas jornadas de trabajo y de quehaceres domésticos y si tienes que ocuparte de niños pequeños, el cansancio es natural. No confundas la necesidad de dormir más y mejor con la necesidad de afrodisíacos. Además, estrés y ansiedad son las primeras causas de problemas de erección y anorgasmia en el hombre y la mujer. En esos casos no necesitas plantas excitantes, sino plantas calmantes.

Respecto a cómo evalúas tu apetito sexual o performances y cómo te comparas, ¿sabías que el 28 de junio del 2017 la asexualidad o desinterés por el sexo fue reconocida como orientación sexual en la Conferencia de Derechos Humanos World Pride en Madrid? ¿Sabías que desde el 2010 una bandera exhibe la asexualidad sin vergüenza con cuatro franjas horizontales: negra, gris, blanca y púrpura?

Antes de gastar tu dinero, concéntrate en tu cuerpo y sentimientos. No te exijas comportamientos sexuales como los del cine, tv o internet. El número “normal” de relaciones sexuales no existe. Y, si decides comprar uno, antes de pagar la botella, crema o polvo de no sé qué, lee los ingredientes y asegúrate de que no vengan de un animal en extinción. Que tu inseguridad sexual no financie el desastre ecológico. Si además de “no tener ganas” o “que no funcione”, estás triste, pregúntate por qué. La falta de deseo sexual muchas veces es síntoma de otro problema que no es sexual.


Esta es una entrada del Diccionario sexual de Violeta, la sexóloga de cabecera de Alharaca. Si querés leer las demás, hacé clic aquí.

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