
Es la noche del sábado 18 de octubre de 2025 en Monterrey, México. Un partido del equipo de fútbol local, Rayados, recién terminó. El metro (Metrorrey) se llena de asistentes que intentan utilizar el servicio.
El vagón rosa, exclusivo para mujeres como una estrategia para prevenir el acoso sexual y la violencia de género en el transporte público, es ocupado por decenas de hombres. Esto, aun cuando la reglamentación lo impide y obliga a aplicar multas de hasta 2,200 pesos mexicanos (unos 122 dólares) a quien lo haga.
En medio de la ola de personas, una mujer joven exige que los hombres salgan del vagón exclusivo. Intenta bajar la palanca de emergencia, ubicada en uno de los costados, mientras al menos dos personas se lo impiden. “¡Que la bajen, que la bajen!”, corean decenas de hombres y mujeres que observan la escena.
Entre golpes y empujones, las personas logran expulsar a la joven del vagón, quien se resbala y cae al suelo de la estación. La gente aplaude, celebra. Gritan: “¡Quiere llorar, quiere llorar!”.
El incidente fue grabado, con teléfonos celulares, desde distintos ángulos. Los videos se publicaron en redes sociales como TikTok. Algunos alcanzaron más de 850 mil reproducciones y miles de comentarios. Muchos de ellos, llenos de insultos y sobrenombres, como “Lady Metro”.
Este suceso es una expresión de happy slapping, un tipo de violencia digital que apenas comienza a nombrarse.
Una violencia física en un entorno digital
El término happy slapping (traducido a “bofetada feliz” en español) nació en Inglaterra a mediados de los años 2000. Consiste en la grabación de una agresión física, verbal o sexual y su posterior difusión en internet mediante tecnologías digitales como redes sociales y servicios de mensajería instantánea. En ocasiones pueden hacerse virales.
El happy slapping es posible debido a acciones que ocurren tanto en el entorno online, como en la vida real. Inicia por “una manifestación de la violencia física en el mundo cotidiano que habitamos, pero que es también convocada y replicada a partir de las redes sociodigitales de los espacios virtuales”, explica Mayeli Sánchez, directora de la organización Técnicas Rudas y experta en violencia digital.
El happy slapping solía ser un acto planificado. Según la organización Save the Children, en un 61 % de los casos, los agresores (y quienes grababan y difundían los videos) eran amigos o compañeros de estudios de la víctima. Por ello, este fenómeno era una expresión (y una consecuencia) del ciberacoso.
Sin embargo, en los últimos años, el fenómeno se ha transformado. Las agresiones también son cometidas, grabadas y difundidas por desconocidos. Y constituyen una expresión de violencia digital, según Ondina Castillo, oficial de género y juventud del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) de El Salvador.
“Nosotros defendemos el derecho de las mujeres a decidir sobre el uso de su autonomía corporal o de su decisión de qué hacer o no con su imagen y su cuerpo. Esto es claramente una falta a ese respeto, consentimiento o autonomía”, indica la experta.
El happy slapping es también una excusa para atacar a colectivos vulnerables, como las mujeres, según el Ayuntamiento de Valencia (España). Esta violencia afecta también a las personas LGBTIQ+ en particular. En 2021, se viralizó un video en el que una persona no binaria rompió en llanto en una clase en línea después de que un estudiante le llamó “compañera” y no “compañere”, violentando así su identidad de género. La publicación desató burlas, insultos, acoso e, incluso, la creación de memes.
“Hay una cultura bastante patriarcal que hace que se haga más sobre las mujeres, sobre las niñas y los niños, más que todo. Esto tiene que ver con un tema cultural, de doble moral porque la gente en el mundo virtual se da ciertos permisos de hacer cosas o mencionar cosas que no lo haría cara a cara, en el mundo real”, explica Castillo.
La violencia que no se nombra
En 2019, Save the Children estimó que unos 76 mil 643 jóvenes en España fueron víctimas de happy slapping durante su infancia. La edad promedio en la que experimentaron este tipo de violencia fue los 14 años. En la mayoría de casos, las agresiones fueron cometidas por compañeros o amigos del colegio, pero también por exparejas y familiares.
En Latinoamérica, las investigaciones y reportes sobre violencia digital demuestran que las mujeres y personas LGBTIQ+ son más vulnerables ante este fenómeno. Entre 2020 y 2023, por ejemplo, la colectiva feminista mexicana Luchadoras recibió 2,049 solicitudes de apoyo de personas que han sido víctimas de estos sucesos.
El 90.97 % de las personas que solicitaron el acompañamiento son mujeres y personas LGBTIQ+.
Además, cerca del 30 % de las mexicanas han sido víctimas de violencia digital, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).


En Centroamérica y República Dominicana, el proyecto Segur@s en línea ha buscado llenar los vacíos de información sobre violencia digital. A partir de la realización de más de 600 encuestas, identificaron al menos 11 expresiones de violencia facilitadas por el internet que prevalecen en el territorio, como la difusión de contenido íntimo sin consentimiento y el acoso sexual.
Sánchez considera que los estudios existentes sobre violencia digital no son lo suficientemente “profundos”, pues no consideran las distintas características de las víctimas. Este fenómeno “no te va a afectar igual si eres una persona que tiene algún otro tipo de interseccionalidad, que formes parte de la comunidad LGBTQIA+, o que formes parte del pueblo originario. Existen afectaciones diferenciadas”, dice la experta.
Además, en Latinoamérica, no existen estudios que establezcan cuántas personas han sido víctimas de happy slapping en particular. “Estamos lejos de poder entender toda la magnitud del problema, y también qué tipo de estrategias podemos usar para cambiar esto”, explica Sánchez.
Un fenómeno con consecuencias reales
“Las redes sociales y medios digitales no son entes aislados de la realidad. Pese a que llevamos años siendo parte del crecimiento del mundo digital, aún se tiene la perspectiva que aquello que se ve tras una pantalla no es real, o no es tan importante», señala Daniela Ayala, psicóloga feminista.
Esta idea de que el mundo digital es aislado de la realidad física tiene consecuencias para todas las personas, especialmente para las víctimas de violencias como el happy slapping, quienes enfrentan mayor dificultad para pedir y recibir ayuda.
El happy slapping impacta en el autoestima, la autopercepción y la autovaloración de las víctimas. Esto puede generar problemas emocionales como estados de tristeza profunda, ansiedad intensa y desborde emocional.
Según la psicóloga, existen marcos poco claros sobre cómo accionar ante la violencia digital y el ciberacoso. Estos, además, no suelen ser aplicados apropiadamente por las entidades que atienden los casos y tampoco por las redes de apoyo cercanas a las víctimas.
La viralidad y la imposibilidad de eliminar estos videos por completo del internet permite que la persona sea revictimizada con cada reproducción. Esto también impacta en la salud emocional de las víctimas.
Si la revictimización no se aborda desde enfoques integrales con diferentes profesionales, puede derivar en problemáticas de salud mental como cuadros depresivos y trastornos de ansiedad como el estrés postraumático, según Ayala.
Estos problemas emocionales, en ocasiones, también llevan a las víctimas a cambiar sus rutinas y la manera en la que viven. El miedo a relacionarse con otras personas las obliga, por ejemplo, a aislarse o, incluso, a experimentar ideas suicidas.
Esto también afecta incluso en lo laboral. Algunas mujeres pueden dejar incluso de trabajar por miedo a enfrentarse con el agresor o a ser señaladas o estigmatizadas”, explica Castillo.
Las consecuencias trascienden también lo individual. Más bien, Ayala considera que la violencia digital se ha convertido en un problema de salud pública a nivel mundial.
“El crecimiento desmesurado de las redes sociales y el mundo digital, está sobrepasando los recuerdos personales y sociales para moderar las situaciones en el ciberespacio, y las nuevas generaciones crecen con ideas distorsionadas de lo que es correcto o incorrecto propiciando el auge de la violencia en todos los ámbitos, especialmente, el digital”, finaliza la psicóloga.
Y ante una situación violenta como esta, ¿qué hago?
Mayeli Sánchez considera que no existe una estrategia perfecta para protegerse del happy slapping. Sin embargo, brinda algunas recomendaciones generales:
- Refuerza tus redes sociales. Revisa a quienes tienes en esos círculos cercanos.
- Recuerda la importancia de la desconexión.
- No alimentes los discursos de odio. No interactúes con los usuarios que lo esparcen.
Si eres víctima de happy slapping, Daniela Ayala te recomienda pedir ayuda (y aceptarla) a tus amistades, organizaciones no gubernamentales y centros de atención psicológica. Si eres menor de edad, también a tus padres o adultos responsables.
“Debemos reconocer que es algo que no podemos enfrentar en soledad”, explica la psicóloga.
Además, Ayala recomienda que te alejes de las redes sociales tanto como sea posible. Esto con el objetivo de reducir los medios en los que tus agresores puedan contactarte, pero también donde puedas ver los videos difundidos de la agresión.
Si ves una de estas agresiones en internet, Mayeli Sanchez y Daniela Ayala recomiendan:
- Bloquear y denunciar al usuario difusor. No interactuar con él.
- Entender que la persona que aparece en el video es mucho más que una víctima.
- No difundir el contenido.
- Alertar a las autoridades pertinentes sobre lo que está pasando.
- Si quieres ayudar a la víctima, puedes preguntar cómo apoyarla o motivala a buscar ayuda profesional, sin presionarla.