
Este fanzine —creado en el marco de la segunda edición de La Mediatón, el laboratorio de innovación periodística de Alharaca— recupera esas historias para devolverles el lugar que siempre merecieron: el de protagonistas de una educación nacida desde la resistencia.
Una palabra que contiene a todas: refugiados. “Refugiados” fue una condición, pero también una palabra generadora. Cinco vocales, múltiples significados. Para quienes crecieron en los campamentos de Honduras, cada letra era un espacio para aprender y para imaginar otro futuro posible.
En aquellos años, los campamentos no solo acogieron a familias que huían de la guerra: se convirtieron en territorios donde la organización comunitaria sostuvo la vida. Entre las carpas de nailon, los cercos de alambre y la vigilancia militar, surgieron escuelas improvisadas creadas por la propia gente. Allí, la alfabetización se volvió un pilar de esperanza en medio del conflicto.
Niñas que enseñaban a no rendirse
Las clases podían iniciar antes del amanecer. No había pupitres ni pizarras; sí, cuadernos gastados, cartillas hechas a mano y una enorme voluntad de aprender. Las niñas alfabetizadoras —como Esperanza, cuya historia inspira este fanzine— no solo enseñaban letras: enseñaban a resistir.
Aprender no era castigo, era una ronda, una canción, un juego compartido”.
Entre juegos, canciones y cartillas dibujadas con maíz y montañas, se tejía un aprendizaje que era también memoria y cuidado colectivo. Personas adultas, jóvenes y niñeces compartían el mismo círculo. Algunas, como un campesino canoso del campamento de Los Amates, aprendieron a leer por primera vez con el Almanaque Bristol entre las manos.

Educación como organización
Leer y escribir era mucho más que descifrar palabras. Era poder anotar la entrega de alimentos, escribir mensajes, llevar listas, aprender a reconocer nombres y registrar lo que pasaba. La alfabetización se entrelazó con la organización política y comunitaria: los comités de salud, cocina, vigilancia y educación formaban una red viva que sostenía al campamento.
Al aprender, también nos organizábamos.”
Las niñas alfabetizadoras fueron parte crucial de esa red. Sus enseñanzas fortalecían el tejido comunitario y alimentaban la esperanza de que la guerra no lograría silenciar la palabra.
Dignidad, deseo y futuro
En los campamentos también florecieron los deseos. Sabina, una mujer que pasó de cocinar a estudiar con ayuda de las niñas alfabetizadoras, aprendió a leer y luego se convirtió en radista, llevando mensajes entre montañas. Su historia recuerda que, incluso en medio del conflicto, aprender era una forma de afirmar dignidad.
La guerra nos quitó muchas cosas, pero no la imaginación”.
Hoy, Esperanza —ya adulta— guarda esas voces como quien resguarda semillas. Las rondas de alfabetización ya no existen, pero el eco de aquellas clases sigue vivo en esta publicación que reúne memoria, resistencia y futuro.
Un fanzine para recordar lo aprendido
Refugiados: la memoria de las niñas educadoras es una propuesta visual y narrativa que recupera las experiencias de quienes enseñaron y aprendieron en los campamentos. Cada capítulo explora una arista de esa memoria colectiva: alfabetización, juego, conocimiento, dignidad, educación y futuro.Este fanzine es un producto periodístico creado durante la segunda edición de La Mediatón 2025, un espacio de experimentación que reúne a periodistas, artistas, organizaciones y comunidades para crear narrativas con enfoque feminista.
Si quieres descargar e imprimir el fanzine puedes hacerlo en este enlace. Recuerda que está diseñado para imprimir a dos caras y ser doblado. Te compartimos un pequeño tutorial para que puedas hacerlo.

Basado en el reportaje “Niñas alfabetizadoras: memoria de la educación en resistencia”, publicado en Revista La Brújula, 13 de octubre de 2025.
Investigación y guion: Eugenia Olán Ilustración y fanzine: Karen Sibrián y Daniela Ibáñez.

Este producto es resultado de la segunda edición de La Mediatón, el laboratorio de innovación periodística de Alharaca.
