Opinión

Categorías para (des)pertenecer. Deportada y encarcelada, el compromiso de Prudencia Ayala con el futuro (1920) 

En la tercera entrega de su serie de ensayos sobre exilios y desplazamientos de mujeres centroamericanas, la historiadora Elena Salamanca explora la figura de Prudencia Ayala, sufragista salvadoreña.

3

Una mujer es consultada para dictar la suerte de una vecina. La clarividente, sin embargo, entra en trance para sí misma: predice una persecución. La siguen lobos por un bosque oscuro. Ella retorna al presente y dice: estoy lista. 

En Santa Ana, El Salvador, esa mujer hace las maletas. Es 1919 y la mujer es Prudencia Ayala. Aunque mucho se ha mencionado sobre ella como clarividente, e incluso como encarcelada, es imperativo escribir más allá de la mención. En este ensayo propongo que los pasos nos lleven a las cárceles, los barcos, las carreteras y los papeles. A los medios para contar un tiempo cuyo único horizonte era una esperanza luminosa por el futuro.  

Prudencia Ayala (1885-1936) fue una sufragista salvadoreña que realizó activismo a favor de la unión de Centroamérica y contra el presidente de Guatemala Manuel Estrada Cabrera. Aunque nació en Sonzacate, su vida se desarrolló en Santa Ana, un centro de la modernidad política de su tiempo. Prudencia no estaba fija en un espacio, se movía desde Santa Ana hacia San Salvador o Guatemala. Esta trayectoria implica una movilidad por fines políticos poco estudiada hasta ahora en las mujeres centroamericanas, pero una movilidad comprobable. En el caso de Prudencia, puede rastrearse en su escritura, apuntes biográficos y en las relaciones editoriales que sus libros demuestran: Escible (1920), Inmortal. Amores de loca (1924), Payaso literario en combate (1928), y su periódico Redención femenina (1930), impreso en Guatemala y circulado en San Salvador.  

El futuro en este texto no es parte del afán presentista sobre el que reflexiono en mi artículo en la reedición de Escible (MUPI, 2024): aquel que nunca estudia a Prudencia en el pasado y la articulación de su itinerario intelectual, sino que la sitúa siempre como la futura candidata presidencial (1930). El futuro es, nunca mejor dicho, la predicción política y cómo desde este presente mío y nuestro es ese posible lugar del futuro de 1919. Ya he trabajado antes sobre la clarividencia en Prudencia Ayala en mi artículo: “La Sibila Santaneca: Prudencia Ayala, una vidente sufragista en el campo político centroamericano, 1914-1936”. Ahora quiero caminar hacia atrás, hacia la cárcel y la deportación. 

Las mujeres podían ser encarceladas aunque no fueran ciudadanas. Ya se sabe que las que podían ser detenidas por control social sobre su desplazamiento y prácticas en el espacio público, aquello que se conocía como conductas delictivas. Las mujeres fueron incluidas en las tipologías delincuenciales desde el Antiguo Régimen. Al pertenecer al pater familias se pertenecía a la patria (y sus instituciones). Una pertenencia sin garantías. Las tipologías delictivas de ese pasado en el presente nos asombran: mirar por la ventana podía llegar a ser motivo de cárcel. (¿Cuántas veces mi gata y yo habríamos entrado y salido de la cárcel? Mirar por la ventana es uno de nuestros oficios de la tarde, pero entiendo ese mirar hacia afuera podría ser entonces espiar una vida pública no propia). Sobre la cárcel también es imperativo decir que ese mecanismo de control y vigilancia estaba dirigido a mujeres fuera de la norma de los códigos, civiles o de familia, extendiéndose a las que ejercían la prostitución. Pero el siglo XX ha demostrado también que la cárcel para las mujeres estaba también destinada para las sufragistas, aquellas que luchaban por el derecho al voto como ejercicio ciudadano. En Inglaterra, un pañuelo bordado por más de 60 mujeres encarceladas en Holloway, da pruebas del arresto y la prisión de un grupo de sufragistas en marzo de 1912. En El Salvador nos lo dicen varios papeles de Prudencia Ayala.  

Prudencia fue encarcelada en su país y en el extranjero. Esta última encarcelación la llevó a otra categoría que en la actualidad resuena mucho: la deportación. Fue devuelta a El Salvador después de ser excarcelada. La cárcel como represión para la oposición en Guatemala fue reseñada años después por Rodas Mejicanos en su libro En su libro Mis prisiones y peregrinación por Centro América en aras del ideal unionista, publicado dos décadas después de la experiencia de Prudencia, el guatemalteco Joaquín Rodas Mejicanos registra que la persecución y el encarcelamiento eran prácticas contra la oposición del Gobierno de Estrada Cabrera, y que la persecución podría expandirse a otros países de la región.  

Contemporáneos en su activismo centroamericano en la década de 1920, Ayala y Rodas Mejicanos registran la sistematización de la práctica y sobre todo Ayala la extiende a las mujeres. Fue Ayala también la primera en publicarlo, inmediatamente después de su deportación. Esta es la singularidad del caso de la prisión en Prudencia Ayala y su amiga Rosa Amelia Guzmán, nicaragüense sufragista residente en Santa Ana. En Escible conocemos su viaje y su encarcelamiento y tenemos noticias de la expulsión de Guatemala por medio de la deportación por dos poemas reeditados en 1924 y 1928. 


Dicho así, encontramos la prisión de las mujeres en otros papeles. O por lo menos yo he decidido estudiar otros papeles más allá de los de la ley. En la poesía de Ayala pueden situarse estas experiencias. La poesía es, en esta mano, también una escritura de la historia. Por el poema para Rosa Amelia, podemos saber que la cárcel en la que estuvieron recluidas fue la de Santa Teresa, en la capital de Guatemala. El poema dedicado a Guatemala fue escrito en altamar, “a bordo del vapor San Juan”, en fecha de noviembre, después de la expulsión de Guatemala. Escible. Aventuras de un viaje a Guatemala fue escrito en diciembre de ese año y circuló de inmediato en Santa Ana. Es aquí donde la escritura de las mujeres es documento y registra operaciones políticas no siempre disponibles o alcanzadas por la historiografía política tradicional. 

*

Antes de terminar este artículo, a inicios de septiembre, me encontré bordando en un taller promovido por el Costurero Las Encausadas, mujeres en contextos de encierro (intramural, domiciliaria, vigilancia electrónica, libertad condicional y egreso penitenciario) en Colombia. El taller fue realizado en la Universidad Javeriana en uno de los encuentros de la Red de Literatura y Derechos Humanos. Las talleristas nos invitaron a confeccionar (palabra del universo textil) un libro. Un libro textil sobre la libertad. Quiero halar ese hilo para anudar una historia compartido porque, como he escrito antes, es importante reconocer a Prudencia Ayala como obrera, como costurera. Y cómo este oficio le dio identidad a su lucha política. En Colombia, las mujeres siguen bordando y cosiendo historias y como Prudencia escriben también sus propios libros. Prudencia tuvo papeles en la cárcel, según relata en Escible, y según sus poemas publicados después, también tuvo papeles en el barco de retorno. Hay mujeres que ni siquiera tienen papeles, pero no se han quedado sin lenguaje, tienen otros, y son propios. Que los pasos de este ensayo nos lleven a atar hilos del futuro en el que el imperativo que guíe las escrituras sea la libertad de las mujeres.  

Artículos relacionados

Opinión

Ser y (no) estar de estatuas rotas. Mujeres sin ciudadanía, mujeres alegóricas, mujeres fuera de control 

Las figuras de las mujeres han representado históricamente las naciones mientras se...

Opinión

Ser mamá: mi apuesta política por la esperanza 

¿Por qué apostar por un camino que sabés que transformará por completo...

Opinión

«Las chicas más lindas del Mundial”: la sexualización de las fanáticas de fútbol en la prensa deportiva

La prensa cosifica a las hinchas del fútbol. Mientras posiciona a los...