Por Marte Uribe
Victoria Magaña de Fortín (1865-1961), incidió en la conformación de la sociedad salvadoreña de la primera parte del siglo XX, contribuyendo en la construcción de una identidad de mujeres, que tuvo que ver primero con la independencia de ellas misma, seguida de su propia reivindicación como sujetos morales y políticos. Su nombre no se puede separar del activismo realizado a favor de la educación y del sufragio femenino a finales del siglo XIX e inicios del XX en El Salvador.
Con el seudónimo Olimpia escribió ensayos en el Diario Santaneco y en otros periódicos de su tiempo, emprendiendo una cruzada en defensa de la libertad de la mujer para educarse, trabajar, obtener independencia económica y votar. La interpretación que hizo de la situación de las mujeres la impulsó a conocer y evaluar al mundo de la mujer de su época y a transformarlo. Eran años de pensamiento absolutamente conservador donde predominaba una discursiva ortodoxa y en consecuencia una visión tradicional de los roles de género; era el mismo Estado quien legalizaba la imposibilidad de que las mujeres pudieran participar de la construcción de la nación, sumados los lastres surgidos en el catolicismo que observa a la mujer como un ser peligroso, incomprensible, abstracto, esposa o santa, pecadora o virgen, promoviendo que se la mantuviese subordinada, sistemáticamente. La mujer vivía en una trampa de la que no podía escapar, ante el argumento: “es palabra de Dios”.
Para las mujeres la posición socioeconómica determinaba su papel en la sociedad y Victoria abogaba por todas: por las sirvientas, las costureras, las prostitutas, las obreras, las campesinas y por aquellas, que a pesar de la protección económica que ofrecía el matrimonio, no gozaban del derecho de autodeterminación que estaba en manos de sus esposos.
En su artículo titulado “Pluma de mujer salvadoreña”, escrito en 1909, Victoria se refiere al feminismo como la herramienta que ayudará a demandar educación, leyes protectoras para la mujer y su derecho al sufragio. La promoción de la causa feminista a través de sus escritos en la prensa santaneca, la llevó a asumir un liderazgo con las mujeres y la presidencia del Comité Femenino Unionista, que apoyaba la causa de la Federación Centroamericana.
El debate en torno a la igualdad de derechos entre hombres y mujeres viene desde los inicios de la República y nos lleva a pensar sobre el concepto de la democracia, que es mucho más que un conjunto de reglas y procedimientos. La democracia requiere ciudadanos educados, con valores cívicos, para garantizar la dignidad igualitaria para todos: mujeres y hombres.
Que estas breves palabras sirvan para meditar sobre los aportes que desde el feminismo se han realizado en torno al principio de igualdad, a propuestas de una ética diferente a la dominante en estructuras patriarcales como las nuestras, a ser más críticos con nuestras propias acciones.
Reflexionar sobre ello nos puede servir para encontrar respuestas a los retos del presente y ayudarnos en la construcción de una sociedad democrática y plural como reclama el siglo XXI.
Este ensayo fue publicado como parte de una colaboración entre Alharaca y la Red de Investigación de las literaturas de mujeres de América Central (RILMAC).