Opinión

A nosotras también nos cambia la voz: el viaje de Vicky en Envidiosa

En la sociedad patriarcal en la que vivimos, el personaje de Victoria Mori, de la serie de Netflix "Envidiosa", es más que ficción. Maya Dimas, autora de esta columna, la ve reflejada en las mujeres que la rodean.

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Foto: Alina Schwarcz/Netflix

Envidiosa, una exitosa serie argentina lanzada en 2024 en Netflix, sigue la historia de Vicky, una mujer de cuarenta años cuyo principal proyecto de vida es tener una “pareja y familia perfecta”, una familia de caja de cereales, como la que ella no tuvo. Cuando ese proyecto se trunca, un reloj interno se activa; sus certezas, miedos e inseguridades explotan. Junto a Fernanda, su psicoanalista va revelando todas las cosas que —todavía— no puede nombrar. 

Vicky se conecta a una llamada grupal con sus amigas. “Tres meses de novia y le propuso casamiento”, cuenta Lu sobre Meli, una de sus amigas cercanas. De inmediato: enojo, envidia y tristeza. Sin decirlo, piensa: ¿Cómo es posible que se case antes que yo? ¡Yo, que llevo diez años en una relación estable! Desde ese sentir, le da un ultimátum a su pareja: nos casamos ya o te dejo. No se casan y se dejan. 

Semanas después… su ex se casa. A partir de ese momento, la acompañamos (y ella nos acompaña) en un recorrido tragicómico, desesperante y profundamente conmovedor, donde se confrontan mandatos, heridas y deseos genuinos. 

***

En una sociedad que enseña a las mujeres a primar su atención en la pareja, la maternidad, la apariencia y la validación externa, el personaje de Victoria Mori no se siente en mi cuerpo como una ficción. En su historia encuentro experiencias de amigas, compañeras, familiares y mías; incluso diría que veo historias de mujeres cuyos nombres no conozco. Esos mandatos atraviesan nuestra vida, absorbiendo nuestra energía y condicionando nuestras decisiones. Yo me pregunto ¿hubo algún día en que no pensara en mi apariencia, en mi peso, en mi piel? Si me esforzara en definir uno, diría que fue el día anterior a la clausura del kínder 5. Ese día de noviembre, vestida con mis compañeras de falda de satín, con el ombligo al aire y los labios pintados de rojo, mi cuerpo acogió la feminidad exigida. 

Cuando nuestro cuerpo está entregado al cumplimiento de esas expectativas heredadas y no reconocemos nuestros propios deseos, necesidades y aspiraciones, esto afecta la relación que tenemos con nosotras mismas y las demás personas (familia, amistades, pareja, colegas, etc.). En Vicky observamos cómo impacta especialmente en su relación con otras mujeres, cercanas y no cercanas, hay comparación, crítica y competencia constante. De un momento a otro, mi amiga es mi enemiga, y la que no conozco se vuelve una vasija donde depositar inseguridades e insatisfacciones propias. 

Por otro lado, Vicky como mujer heterosexual ansía la aprobación masculina. Valora especialmente la atención de hombres hegemónicos, aquellos que además de cumplir con los estándares occidentales de belleza, han accedido a espacios de poder y una alta capacidad adquisitiva, gozando de prestigio social. Es por eso que su relación con Matías (trabajador de una rotisería asiática) tambalea al inicio de la serie. Esta aprobación la lleva (nos lleva) a perseguir objetivos, y no deseos. Surge la pregunta: ¿qué estamos dispuestas a hacer, y ser, para ser elegidas y cumplir con esos objetivos? En el caso de la protagonista, la hace desplegar una cantidad de prácticas y comportamientos que por insólitos, viscerales e impulsivos provocan risa, vergüenza y desesperación pero también enternecimiento. 

La cantidad de veces que sentí genuinas ganas de traspasar la pantalla y abrazarla fueron muchas. Su persona(je) tenía sentido: lo encarné en mi trastorno de conducta alimentaria adolescente, en las sesiones con el espejo y, en las idas y vueltas con amistades y amores no recíprocos. Considero que esa identificación y empatía se profundiza por la posibilidad de acceder a su espacio terapéutico, ese lugar donde Vicky nos deja ver su historia y lxs espectadores nos sentamos al otro lado del diván, al lado de Fernanda, para intentar acompañarla con humanidad.

Y acá se abre otra conversación que habilita esta serie. No es fácil sostener vínculos y relacionarse con la historia de otra persona, porque está mediando también la nuestra. No somos como esas personas de cartón que Vicky aspiraba ser. Todos nuestros vínculos requieren de trabajo individual y colectivo. César Galicia, psicólogo y sexólogo mexicano, expone:

No vivimos en el individualismo, vivimos en comunidad […] Nadie en este mundo nace con problemas de autoestima. Esto es algo que se genera en relación y cómo se genera en relación, se sana en relación; se sana en amistad, se sana en comunidad, se sana en el amor de pareja, se sana en la actividad creativa…

Ese planteamiento desplaza la frase popular “antes de amar a alguien, amate a ti mismo” y nos invita a despojarnos de la idea nociva de que la única persona merecedora de amor es aquella que ya tiene resuelta todos sus “problemas” —cómo si acaso existiera alguien así—-. “El amor es una práctica viva, aprendemos a amar, amando”, agrega Galicia. Ese amor y esa relación que sana no tienen necesariamente la forma de la pareja. 

Con cada temporada vemos que Vicky nunca estuvo sola. Aunque ella se sintiera así por no tener un novio o por los daddy/mommy issues que se van presentando, tenía toda una red de personas que la bancaban: su hermana Caro, sus amigas Debbie, Lu y Meli, su psicoterapeuta, así como otros espacios donde era valorada. Lo que esto revela es que nos han enseñado a jerarquizar los afectos; en la adultez, la pareja se coloca en la cima de esa pirámide y le empezamos a asignar la excesiva responsabilidad de satisfacer todas nuestras necesidades emocionales, físicas, espirituales y hasta intelectuales. 

Por tanto, el viaje que emprende(mos) no es sencillo. Implica incomodidad, vulnerabilidad y cuestionar mil y un certezas en torno al amor, la crianza, e ideas sobre nosotrxs mismxs. Significa, por ejemplo, saber decir o recibir un: “amor, no me siento cómodx cuando…”, “amigx/maje/boludx… me dolió lo que dijiste ayer sobre mi”, “papá, me gustaría que estés más presente en mi vida”, o en el caso de Vicky, a su mamá: 

Tu atención quería. No estabas en casa, ni en los actos. Ni para las gripes, ni para las peleas con Caro. Para nada estabas.

***

Y se preguntaran, como yo, ¿por qué escribir sobre esta serie en un contexto global tan convulso (genocidios, crisis climática, ascenso de nuevas derechas, deportaciones masivas de inmigrantes, etc.)? En pocas palabras, porque lo personal es político. Porque a esas mismas estructuras de poder les beneficia que gastemos nuestra energía en cumplir mandatos, que compitamos entre nosotras, que no gocemos de salud física y mental, y que en lugar de aprender a construir vínculos interpersonales y comunitarios, los desechemos. Considero que esta serie habilita conversaciones importantes y retrata, entre risas y lágrimas, que a nosotras también nos puede cambiar la voz. 

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