Reflexiones adolescentes sobre el feminicidio

Metzi Rosales Martel | 08/03/2022

Home DescompasesReflexiones adolescentes sobre el feminicidio

Esta publicación recoge nueve cartas y un poema escritos por adolescentes y jóvenes estudiantes en la Academia Sabatina (Asab), dirigidas a dos víctimas de feminicidio —uno ocurrido en Italia y otro en El Salvador—. Los textos fueron escritos como ejercicio durante una práctica de lectoescritura cuyo propósito era sensibilizarles en la importancia del lenguaje no sexista, y que conocieran los siete tipos de violencia contra la mujer contemplados en la LEIV.

Estos textos nos describen la mirada de personas de 16, 17 y 18 años sobre el amor romántico, las relaciones de pareja, la violencia de pareja, la violencia feminicida y la asimetría entre hombres y mujeres.



Liliana Mimou, de 27 años, fue estrangulada por su exnovio, Davide Perseo, de 26, luego de que ella se negara a regresar con él. Esto sucedió en Limbiate, Italia, en abril de 2016. A más de 9 mil 900 kilómetros de distancia, 22 meses después, justo un día antes de que se celebrara el «día del amor y la amistad», en El Salvador, Graciela Chávez Ramírez fue asesinada por su pareja, José Héctor Otero, en la colonia Zacamil, Mejicanos. Graciela y José  tenían planificado casarse en abril. 

Estudiantes de Comunicación, nivel superior, de la Asab —programa del Ministerio de Educación que beca a personas de centros educativos públicos para que reciban formación complementaria en altas competencias, y que es ejecutado por la Universidad Dr. José Matías Delgado— leyeron sobre ambos casos en noviembre de 2021, durante la práctica de lectoescritura. Posteriormente, se les pidió escribir una carta a estas víctimas de feminicidio. 

Liliana Mimou nació en Italia. Su padre es italiano y su madre es la salvadoreña María Elena Klee García, quien migró a Italia en la década de los 70.  

«[Liliana] era buena hermana, buena hija, buena tía», recuerda Karina García, prima paterna. Al italiano Davide Perseo, el feminicida de su prima, lo condenaron a 16 años de prisión. Al salvadoreño José Héctor Otero, el feminicida de Graciela Chávez Ramírez, a 17 años. En este último caso, la condena fue menor a lo establecido en el artículo 45 de la Ley Especial Integral para una Vida Libre de Violencia para las mujeres (LEIV): prisión de 20 a 35 años. Esto porque Otero confesó, en un proceso abreviado, ser el feminicida. 



El feminicidio es la forma de violencia extrema contra una niña, adolescente, joven o mujer. Se considera un crimen de odio, producto de la misoginia y del sistema patriarcal. De 2013 a 2020, las autoridades registraron 1,848 feminicidios en El Salvador. Esto, de acuerdo con el informe: «El Salvador violencia contra las mujeres a lo largo del ciclo de vida, 2020», en el que InfoSegura recogió la data de la Policía Nacional Civil, Fiscalía General de la República y de la mesa de homologación de homicidios dolosos y feminicidios. En Italia, para el mismo periodo de tiempo, el Istituto Nazionale di Statistica registró 1,064 feminicidios. 

Liliana Mimou es parte de las 145 víctimas de feminicidio contabilizadas en Italia para 2016; Graciela Chávez Ramírez, de las 313 para el caso de El Salvador.  

Ser mujer es peligroso en cualquier país del mundo. A nivel mundial, la data de 2017 reveló que 3 de cada 5 mujeres víctimas de feminicidio fueron asesinadas por su pareja, expareja o algún integrante de su familia. Y que América Latina es el segundo continente con la mayor tasa de feminicidios. Esto de acuerdo con el Global Study on Homicide. Gender-related killing of women and girls, publicado por UNODC en el 2019. 

Al comparar los datos sobre feminicidios ocurridos en El Salvador y en Italia para el periodo 2013-2020, destaca el hecho de que la violencia feminicida es 16 veces más letal en nuestro país. Las cifras de Italia muestran una tendencia sin mayor variación durante ocho años; sin embargo, para el caso de El Salvador, la tendencia fue al alza, con una disminución durante 2019 y 2020. 



La reducción de los feminicidios de 2019 a 2020 (de 120 disminuyó a 73) guarda una respuesta en el contexto de la pandemia. Sin embargo, a partir de las estadísticas de feminicidios registrados por la Organización de Mujeres Salvadoreñas (Ormusa), los datos revelan que el 77 % del total de feminicidios registrados para el 2020 ocurrió entre abril y agosto de 2020. Es decir, 56 de 73 mujeres fueron víctimas de feminicidio durante la cuarentena domiciliar obligatoria.

Durante el confinamiento obligatorio, Nayib Bukele, presidente de El Salvador, aseguró que durante su gobierno las mujeres estaban 61 % más seguras en comparación con administraciones anteriores, al referirse a la reducción de cifras de feminicidios. Once meses antes de esta afirmación, el 11 de julio de 2019, Bukele tuiteó que ese lunes no se registró ningún homicidio, solo un «feminicidio pasional». Ese tuit provocó que otras personas le corrigieran sobre el empleo inadecuado de ese calificativo ya que los feminicidios son crímenes de odio, provocados por la misoginia.  

Alharaca y La Prensa Gráfica revelaron en una investigación conjunta que «el Gobierno ha trabajado contra su mismo plan de control territorial», que solo incluía 7 propuestas vinculadas al combate de la violencia basada en género y hacia la población LGBTIQA+. 



El Salvador es 16 veces más peligroso para las mujeres que Italia


Al comparar los datos sobre feminicidios ocurridos en El Salvador y en Italia para el periodo 2013-2020, destaca el hecho de que la violencia feminicida es 16 veces más letal en nuestro país. Las cifras de Italia muestran una tendencia sin mayor variación durante ocho años; sin embargo, para el caso de El Salvador, la tendencia fue al alza, con una disminución durante 2019 y 2020. 

La reducción de los feminicidios de 2019 a 2020 (de 120 disminuyó a 73) guarda una respuesta en el contexto de la pandemia. Sin embargo, a partir de las estadísticas de feminicidios registrados por la Organización de Mujeres Salvadoreñas (Ormusa), los datos revelan que el 77 % del total de feminicidios registrados para el 2020 ocurrió entre abril y agosto de 2020. Es decir, 56 de 73 mujeres fueron víctimas de feminicidio durante la cuarentena domiciliar obligatoria.


AñoFeminicidios en El SalvadorFeminicidios en Italia
2013110179
2014186152
2015342141
2016 348145
2017356123
2018313133
201912075
202073116
Total18481064

AñoTasa de feminicidios en El Salvador (por cada 100 mil mujeres)Tasa de feminicidios en Italia (por cada 100 mil mujeres)
20133,180,57
20145,390,49
20159,910,45
201610,080,46
201710,310,39
20189,070,42
20193,470,24
20202,110,37
Total6,690,42

Asesinadas por quienes decían amarlas



A partir de la lectura de los feminicidios de las jóvenes Liliana Mimou, italiana, y Graciela Chávez Ramírez, salvadoreña, en la carta de Alejandro Juárez, de 18 años, encontramos una reflexión sobre el amor propio: para poder amar a otra persona debemos amarnos primero a nosotres. 

«Lo que pasó no es tu culpa». Daniela Hernández, de 17 años, escribió su carta para la italiana Liliana Mimou y, en esta, recordó que la culpa de la violencia feminicida no es de las víctimas. Similar es la carta redactada por Melissa Olivares, de 17 años, quien además le promete a Graciela Chávez que llegará «un día en donde las mujeres no sufriremos violencia de género; y, finalmente, el machismo terminará».  

En su carta, Merlyn del Cid, de 18 años, lamenta que tantas mujeres sean víctimas de feminicidio o que se suiciden por toda la violencia que han experimentado. Y aún  más, que nadie supiera entenderlas ni acompañarlas en este proceso.

«AMOR no es ODIO, no es maltrato ni físico ni verbal, no es celos, no es violencia, no es misoginia, entonces amor no era ÉL», afirma Gabriela Bernal, de 16 años, quien dedicó su texto a Graciela. La adolescente invita a quienes lean su carta a denunciar cualquier tipo de violencia. Hablar de denunciar no es fácil. La única Encuesta Nacional de Violencia contra la Mujer 2017, realizada en El Salvador, revela que 7 de cada 10 mujeres han experimentado cualquier tipo de violencia. Solo 3 de cada 10 han puesto una denuncia. 

Para poder escribir su carta, Valeria Fuentes, de 17 años, reflexionó con dos amigos sobre lo que podrían considerar una relación perfecta. Aunque no existen las relaciones perfectas, coincidieron en que el respeto es la base para construir relaciones saludables. 



René Maravilla, también de 17 años, en su texto, hace un réquiem para que los feminicidios no queden en la impunidad, al igual que su compañero Luis Reina, de 18 años. Mientras que Gabriela Fuentes, de 16 años, nos recuerda la advertencia que nos hacen durante todo nuestro ciclo de vida: a no confiar en nadie porque pueden «abusar de nosotras». Es importante reconocer la existencia del problema con respecto a la educación: los hombres deberían ser educados para respetar y no cometer delitos. 

Daniel Amaya, de 18 años, dedicó un poema a las dos víctimas de feminicidio. Su texto invita a reflexionar sobre el error de usar a los celos como una justificación de estos crímenes de odio. 

Desarraigar la naturalización y justificación existentes con respecto al continuum de violencia contra las mujeres, que encuentra su forma extrema en los feminicidios, se ha convertido en un aprendizaje cuesta arriba. El mito del amor romántico y de la construcción de relaciones de pareja en las que la violencia machista es normalizada es reproducido desde temprana edad. Por ello, es importante trabajar desde la temprana edad en la deconstrucción de esa idea errada de que los celos, el control y la violencia de pareja son normales y pertenecen al ámbito privado. 

Los textos que compartimos en esta publicación son parte de este ejercicio para  comprender cómo el continuum de la violencia contra las mujeres nos afecta a todas las personas. Y cómo la naturalización y justificación de la violencia en las relaciones de pareja es parte de un proceso de aprendizaje basado en el patriarcado.

Para publicar este material, se tramitaron los permisos escritos, correspondientes de las personas representantes de quienes son menores de edad y las autorizaciones para quienes ya eran mayores de 18 años, al momento de redactar este artículo.


El mito del amor romántico



Es importante desmontar el mito del amor romántico. Para Marcela Lagarde, investigadora mexicana, el amor romántico ha sido construido a través de la historia por la cultura patriarcal. “En la subjetividad ligada al amor (…) la filosofía patriarcal permanece casi intacta [y] les asigna a las mujeres como identidad existencial, el amor”, explica. 

Lagarde (2001) revela que la construcción del  amor  discrimina  por  género,  ya  que  hay  diferentes mandatos para hombre y mujeres. También, descubre el vínculo de aquel con el poder,  relación que indica que el amor  es  fuente  de  poder,  definiendo  a  la  experiencia amorosa como política, pues reproduce formas de poder, ya que al amar y ser amada(o) se gana poder y al no ser amada(o) se pierde poder.



Oxfam y el Colectivo Rebeldía, en el Informe Violencia machista y mitos del amor romántico, publicado en el 2017, definen al amor romántico como «un  mecanismo  de disciplinamiento» de las culturas patriarcales, «para mantener y reproducir el poder y el orden establecido». 

«Los modelos de amor constituyen un mecanismo fundamental para garantizar un sistema de privilegios y valores consolidando relaciones desiguales y esquemas de poder y jerarquías entre hombres y mujeres, bases que se van sentando desde que somos jóvenes y vamos aprendiendo a relacionarnos», detalla el informe. 

Audre Lorde, escritora y activista feminista afroamericana, planteó la necesidad del amor propio como un acto de guerra política que va en contra de esta idea patriarcal del amor romántico heteronormado, en el que una mujer esta subordinada y en una situación de total desventaja y vulnerabilidad con respecto a su pareja hombre. «Cuidarme a mí misma no es una autoindulgencia, es autopreservación y esto es un acto de guerra política». Así el autocuidado se entiende como un acto revolucionario, de amor radical, de amor propio, que permite resistir.


El feminicidio es un crimen de odio



«Los hombres tienen miedo de que las mujeres se rían de ellos. Las mujeres tienen miedo de que los hombres las maten»: Margaret Atwood.

El feminicidio es la forma de violencia extrema contra una niña, adolescente, joven o mujer. Se considera un crimen de odio, producto de la misoginia y del sistema patriarcal. 

Conceptualizar el fenómeno del asesinato de una mujer por ser mujer es un proceso que data de la década de 1970, cuando Diana Russell acuñó el término «femicide» (femicidio, en español) con el propósito de «reconocer y visibilizar la discriminación, la opresión, la desigualdad y la violencia sistemática contra la mujer que, en su forma más extrema, culmina en la muerte» (Modelo de protocolo latinoamericano de investigación de las muertes violentas de mujeres por razones de género (femicidio/feminicidio), 2014).

Así, la  definición de femicidio de Russell aplica en  “los asesinatos realizados por varones motivados por un sentido de tener derecho a ello o superioridad sobre las mujeres, por placer o deseos sádicos hacía ellas, o por la suposición de propiedad sobre las mujeres”.  Para el caso de América Latina, esta expresión ha sido definida de formas diferentes como: “El asesinato misógino de mujeres por los hombres”; “el asesinato masivo de mujeres cometido por hombres desde su superioridad de grupo”; o “la forma extrema de violencia de género, entendida como la violencia ejercida por hombres contra las mujeres en su deseo de obtener poder, dominación y control” (Modelo de protocolo latinomericano de investigación de las muertes violentas por razones de género (femicidio/feminicidio), 2014). 



Marcela Lagarde, investigadora mexicana, acuñó el término “feminicidio”. Lo definió como: «El acto de matar a una mujer solo por el hecho de su pertenencia al sexo femenino». Además, le confirió a este concepto «un significado político con el propósito de denunciar la falta de respuesta del Estado en estos casos y el incumplimiento de sus obligaciones internacionales de garantía, incluso el deber de investigar y de sancionar» (Modelo de protocolo latinomericano de investigación de las muertes violentas por razones de género (femicidio/feminicidio), 2014). 

Lagarde considera al feminicidio como un crimen de Estado: “Una fractura del Estado de derecho que favorece la impunidad”. Esta definición incluye «el conjunto de hechos que caracterizan los crímenes y las desapariciones de niñas y mujeres en casos en que la respuesta de las autoridades sea la omisión, la inercia, el silencio o la inactividad para prevenir y erradicar esos delitos» (Modelo de protocolo latinomericano de investigación de las muertes violentas por razones de género (femicidio/feminicidio), 2014). 

En El Salvador, el feminicidio está tipificado como delito en el art. 45 de la Ley Especial Integral para una Vida Libre de Violencia contra las mujeres (LEIV), que entró en vigencia en el 2012. Para muchas personas es complicado comprender la diferencia entre un homicidio y un feminicidio y la relación de este con el continuum de la violencia. Esto quedó evidenciado desde el primer caso tipificado como feminicidio agravado: el de Lidia María Huezo, ocurrido el 24 de marzo de 2012. En este caso, el juez resolvió que no se podía comprobar el delito de feminicidio porque Manuel Dagoberto Gutiérrez, el esposo y feminicida, era un buen proveedor.



La normalización con respecto a la violencia basada en género se basa precisamente en los roles y estereotipos de género. En estos encontramos también la respuesta a la asociación errada de lo femenino con la fragilidad, la delicadeza de una flor, el cuidado y la protección. 

Por otro lado, es importante que los feminicidas no sean nombrados como monstruos, como en el caso del feminicida y violador serial de Chalchuapa¹. Hay una constante con respecto a la incomprensión de la VBG: asociar a los feminicidas o agresores con problemas de salud mental o con anormalidades y apariencias temibles. La violencia basada en género es producto del patriarcado y la cultura machista. Guarda relación con la mirada que hay sobre niñas, adolescentes, jóvenes y mujeres como objetos que pertenecen a un hombre y que pueden ser poseídos, descartados y mutilados por este o estos.


¹El 8 de mayo de 2021, luego de que los gritos de una joven mujer alertarán sobre un hecho de violencia, la Policía Nacional Civil descubrió una fosa clandestina en el jardín de una vivienda ubicada en la colonia Las Flores, municipio de Chalchuapa. Entre 2020 y 2021, un expolicía asesinó y enterró a más de 40 personas en esta fosa, de acuerdo a su misma confesión. La mayoría de las víctimas eran mujeres y jóvenes de escasos recursos, a quienes violó o agredió sexualmente, antes de cometer los feminicidios. A este feminicida y violador serial, distintos medios nacionales e internacionales -incluidas agencias de noticias- le han atribuido problemas de salud mental o le han nombrado «monstruo». Le han llamado asesino u homicida serial, al hacer esto han invisibilizado una vez más que  la violencia feminicida es producto de la misoginia, al igual que la violencia sexual.


Las cartas



Ilustraciones por Alejandro Sol


*Los textos introductorios de las nueve cartas y el poema, escritos por estudiantes de las Asab, fueron redactados por nuestra colaboradora Metzi Rosales Martel, quien además tituló y realizó la corrección de estilo de las cartas y el poema. 

Más historias

Descompases

Graciela: el patriarcado se va a caer

08/03/2022

Descompases

Nadie sabe entender a las víctimas

08/03/2022

Descompases

¿Existe la relación perfecta?

08/03/2022

Unite a nuestro esfuerzo.

Colaborá